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| 8/29/2004 12:00:00 AM

Mejor con Fondo que sin Fondo

Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, cree que es "mejor mantener cerca al Fondo".

Tradicionalmente, las relaciones de Colombia con el FMI no han sido fáciles. El episodio emblemático fue la abrupta salida de los funcionarios del Fondo en 1967, cuando el presidente Lleras Restrepo decidió ignorar sus recomendaciones y adoptar el sistema de devaluación 'gota a gota'. Durante los años 80, en medio de la famosa crisis de la deuda latinoamericana, prácticamente todos los países de la región acudieron al Fondo en búsqueda de recursos. Colombia lo hizo tímidamente, mediante un acuerdo en el que el Fondo realizaba un seguimiento general a la política económica, pero no se comprometía con recursos, y de paso el gobierno conservaba el control sobre las decisiones económicas.

En general, la percepción del Fondo por parte de la opinión no era buena y los gobiernos trataban de mantener una prudente distancia.

En julio de 1999, el cierre de los mercados financieros internacionales hizo prácticamente imperativo acudir al Fondo. Colombia necesitaba crédito externo y nadie, ni la banca multilateral ni los mercados de capitales, estaba dispuesto a otorgar recursos sin el aval explícito del Fondo. El presidente Pastrana tomó la decisión con pragmatismo, sin considerar el costo político que esto podría implicar. Contrario a lo que se pensaba, la decisión de acudir al Fondo fue bien recibida por la opinión, que la vio como una fórmula para salir de la crisis. De hecho, el programa hizo posible la liberación del dólar, algo que el país pedía a gritos. Curiosamente, las críticas más fuertes no provinieron de quienes se oponían al programa, sino más bien de quienes pensaban que se debía haber hecho antes. La verdad es que el gobierno lo consideró desde 1998, pero la propia banca multilateral creía que la crisis de financiamiento podía ser temporal y que los mercados se normalizarían en 1999, cosa que no ocurrió.

Podríamos decir que el haber llegado tarde al Fondo fue bueno para Colombia. El Fondo venía de ser blanco de ataques por su participación en la crisis asiática de 1997, por lo que tenía una enorme presión para demostrar que podía hacer bien las cosas. Por eso, el acuerdo con Colombia incluyó la Red de Apoyo Social, con la que millones de personas han recibido ayuda económica, capacitación y oportunidades de empleo. Estos programas han sido revolucionarios, aunque paradójicamente poco conocidos por la opinión. Además, el acuerdo incluyó la famosa cláusula de la paz, que le permitía al gobierno cierto margen de maniobra fiscal para buscar salidas al conflicto. Estos elementos no tenían antecedentes en el Fondo.

Además, el Fondo ha sido relativamente flexible y se ha acomodado a las realidades políticas del país. Ni el déficit fiscal ha bajado tanto como los programas indicaban, ni se han aprobado tantas reformas, ni se han vendido tantos activos públicos como se pensaba. Ahora bien, sin el Fondo de por medio, el déficit habría sido aún mayor y se habrían aprobado menos reformas, de manera que hoy estaríamos en una situación económica menos favorable.

En enero de 2003, el gobierno Uribe suscribió un nuevo acuerdo con el Fondo que termina a comienzos de 2005. En los próximos meses el gobierno deberá decidir qué hacer de ahí en adelante. Mi opinión es que, con reelección de por medio y con la dificultad de impulsar la agenda económica en un periodo preelectoral, debemos mantener cerca al Fondo. Una vez más, nos aportará la disciplina que nosotros mismos no podemos darnos.

*Director de Fedesarrollo
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