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| 1/20/2006 12:00:00 AM

Menos coca, más guerrilla

El Putumayo terminó el 2005 a oscuras y tan mal como arrancó, una prueba más de que acabar la coca no es suficiente para derrotar a la guerrilla.

tumayo.pdf" target="_blank">tumayo.pdf" target="_blank">Ver informe de Seguridad y Democracia).

Aunque el restablecimiento del fluido eléctrico y los refuerzos de seguridad que llegaron a la zona harían pensar que se puede mantener la calma, sus habitantes reconocen que la amenaza constante de las Farc no los dejará descansar este año. 

Para monseñor Luis Alberto Parra, obispo de la Diócesis de Mocoa- Sibundoy, la situación es grave en municipios como Puerto Asís, San Miguel, La Dorada, Orito y La Hormiga porque las Farc "harán lo que sea" para demostrar que aún tienen el poder en esta región. "La disminución de la coca no es proporcional a la tranquilidad que se vive en el departamento. La guerrilla puede aparecer donde uno menos se lo imagina; tiene el dominio y la capacidad logística para apagar la luz en todo el departamento y volver esto un caos", dice monseñor. 

Hoy los más de 300 mil habitantes del bajo Putumayo no pueden salir ante la amenaza de un nuevo paro armado. En plena campaña electoral, quienes aspiran a ocupar un cargo público prefieren hacer política detrás de los micrófonos de los medios de comunicación y no en la plaza pública. 

Las autoridades reconocen que la situación no está controlada al ciento por ciento. "Nuestro trabajo no lo comenzamos hace dos semanas, sino que viene desde mucho tiempo atrás", asegura  el coronel Humberto Guatibonza, comandante de Policía del Putumayo. "Putumayo es difícil. Recuperar el control es un proceso y yo creo que vamos bien, pero necesitamos más el apoyo de los pobladores para que denuncien, para que ayuden a ubicar a nuestros hombres, de lo contrario, va a ser muy difícil", agrega.

El desafìo

Más difícil será conseguir el apoyo de la población. Según han denunciado algunos putumayenses, los soldados se roban gallinas para comérselas cuando no les llegan los víveres y cortan los cercados de ganado para sus operaciones militares, lo cual aumenta la desconfianza tradicional de esta población que lleva años sufriendo la ausencia o la negligencia del Estado.

Durante el cuatrienio de Andrés Pastrana, el departamento recibió una inversión anual de unos 130 mil millones de pesos en inversión social del Plan Colombia (tumayo.pdf" target="_blank">Ver informe de Seguridad y Democracia).

Aunque el restablecimiento del fluido eléctrico y los refuerzos de seguridad que llegaron a la zona harían pensar que se puede mantener la calma, sus habitantes reconocen que la amenaza constante de las Farc no los dejará descansar este año. 

Para monseñor Luis Alberto Parra, obispo de la Diócesis de Mocoa- Sibundoy, la situación es grave en municipios como Puerto Asís, San Miguel, La Dorada, Orito y La Hormiga porque las Farc "harán lo que sea" para demostrar que aún tienen el poder en esta región. "La disminución de la coca no es proporcional a la tranquilidad que se vive en el departamento. La guerrilla puede aparecer donde uno menos se lo imagina; tiene el dominio y la capacidad logística para apagar la luz en todo el departamento y volver esto un caos", dice monseñor. 

Hoy los más de 300 mil habitantes del bajo Putumayo no pueden salir ante la amenaza de un nuevo paro armado. En plena campaña electoral, quienes aspiran a ocupar un cargo público prefieren hacer política detrás de los micrófonos de los medios de comunicación y no en la plaza pública. 

Las autoridades reconocen que la situación no está controlada al ciento por ciento. "Nuestro trabajo no lo comenzamos hace dos semanas, sino que viene desde mucho tiempo atrás", asegura  el coronel Humberto Guatibonza, comandante de Policía del Putumayo. "Putumayo es difícil. Recuperar el control es un proceso y yo creo que vamos bien, pero necesitamos más el apoyo de los pobladores para que denuncien, para que ayuden a ubicar a nuestros hombres, de lo contrario, va a ser muy difícil", agrega.

El desafìo

Más difícil será conseguir el apoyo de la población. Según han denunciado algunos putumayenses, los soldados se roban gallinas para comérselas cuando no les llegan los víveres y cortan los cercados de ganado para sus operaciones militares, lo cual aumenta la desconfianza tradicional de esta población que lleva años sufriendo la ausencia o la negligencia del Estado.

Durante el cuatrienio de Andrés Pastrana, el departamento recibió una inversión anual de unos 130 mil millones de pesos en inversión social del Plan Colombia (ver artículo) y el gobierno firmó con los cocaleros unos pactos de erradicación. El gobierno cumplió, pero la ayuda no logró reemplazar la economía de la coca.

Los pollos que entregaron a los campesinos se enfermaron, la cría de cerdos fracasó y las mermeladas autóctonas que pensaban exportar no lograron salir del departamento. "Montaron una empresa de frutos amazónicos exóticos -Frutimayo- y se quebró", dice la antropóloga Susana Ojeda, quien conoce de cerca la experiencia en el Putumayo. "Las tierras son demasiado pobres, las carreteras son malas y hay un paro guerrillero cada rato", dice la especialista. 

Lo mismo sucede ahora con el programa de este gobierno de Familias Guardabosques que emplea los cocaleros en el cuidado de bosques en Orito. Su financiación está próxima a expirar sin que haya arrancado en forma los proyectos productivos. Ante la falta de un mercado interno consolidado, algunos campesinos aún cultivan la coca pero sólo para subsistir.

La bonanza cocalera es un recuerdo de otra época y la actividad de la Fuerza Pública, en el 2005, fue la más elevada en términos históricos.¿Por qué las Farc siguen tan fuertes? Precisamente porque contrario a lo que muchos creen -incluso en el alto gobierno- la coca es más un instrumento para la guerrilla para alcanzar sus fines, que el fin en sí mismo.

Aún sin coca, el Putumayo es muy importante para las Farc por la frontera con Perú y Ecuador, por donde entran armas de contrabando, munición e insumos para los laboratorios donde se procesa la cocaína. El Putumayo también es un corredor importante desde la Amazonía hasta Tumaco, en el Pacífico. Por eso, aunque las Farc -con una larga historia en la región (

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