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| 11/8/2004 12:00:00 AM

Misión: Casa Blanca

A pesar de las fuertes críticas y su pobre imagen en el mundo, George W. Bush demostró que su estrategia como gobernante y candidato funcionó para seguir otro período de presidente.

Millones de personas en todo el mundo aún no salen del asombro por la contundente victoria de George W. Bush que lo mantendrá por cuatro años más en la Casa Blanca, y desde allí como cabeza del imperio hegemónico. Jóvenes universitarios españoles se burlan de lo ocurrido, diarios británicos titulan en portadas comentarios irónicos, expertos en Medio Oriente expresan su preocupación por lo que pueda pasar en el corto plazo, dirigentes gubernamentales en Europa mandan un frío saludo al renovado inquilino de Washington. Sin embargo, la única realidad es que George W. Bush, obtuvo 274 votos electorales y 59.283.631 votos populares, una cifra que supera en casi cuatro millones de sufragios a su rival, el senador demócrata John Kerry, y su partido logró una cómoda mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado. ¿Qué razones, argumentos o causas explican esta victoria?

La religión

Desde que asumió como gobernador de Texas en 1995, George W. Bush ha tenido una carrera meteórica en la política contra todo pronóstico. A pesar de ser tildado como un mediocre académico, de haber padecido problemas con el alcohol, y de ser un fiasco como ejecutivo en el manejo de empresas petroleras, el actual presidente recibió un consejo de su madre en un domingo de 1999, "tú tienes una misión como la de Moisés". Para ese entonces Bush ya había encontrado en la religión y la fe una fuerza interior que lo tranquilizaba de sus avatares y que le generaba carisma hacia sus allegados y amigos políticos. El primer libro que Bush leyó por completo fue la Biblia, y de ella conoce pasajes de memoria que recita a menudo para convencerse de su liderazgo y de la misión por la que dice estar en el mundo.

Así apoyado en las creencias religiosas y en el soporte de conservadores republicanos, Bush fue creciendo en su papel de figura política con talante religioso. Tanto para la elección de 2000 como para esta, el presidente tuvo como objetivo captar el voto religioso, en un país donde el 90% de la población se profesa creyente. En ese sentido, el presidente encontró como gran aliado a Karl Rove, un estratega republicano ultraconservador que conoce a la perfección cómo combinar política y religión. Durante una reunión de campaña Rove le dijo a Bush: "Si logramos conseguir que los electores religiosos, voten, ganaremos las elecciones". Al final de los conteos Bush obtuvo en esta contienda un aumento de 5 puntos del voto católico y de 7 puntos del voto judío respecto al 2000.

El carácter del presidente

Todo el mundo se burla de Bush, lo critican, lo creen torpe, minimizan su poder político, lo caricaturizan en sitios de Internet, diarios, y revistas, pero él no se ablanda. Su polémico discurso de guerra contra el terrorismo, de seguridad, de palabras que infunden miedo no se altera ni una coma. Por el contrario, ante las críticas se convence más de que lo que hace es correcto, ante las burlas hace caso omiso, ante las caricaturas crece su convicción de que el discurso conservador radical, unilateral, y maniqueo que diferencia buenos y malos solo trazando una raya es una verdad revelada que debe consolidar cada minuto. Y ese carácter de no doblegarse ante la opinión interna o la oposición externa, genera credibilidad en el votante, en el ciudadano medio que vive en estados rurales como Iowa, Arkansas, o Dakota del Sur; genera seguridad en el inmigrante hispano que ve al presidente como un líder comprometido con la defensa de la seguridad; genera tranquilidad en el texano que cuida caballos y ve cómo Bush es una persona simple, llana, sin mucha profundidad en sus frases o análisis, pero firme en sus principios, en unos principios que para ellos son un bastón en donde sostener su liviano espíritu. Además, ser fiel a un estilo guerrerista, en un país que sigue en guerra generó en el elector la certidumbre de que es mejor votar por el actual comandante en jefe de los ejércitos del "bien", que cambiar de general en la mitad de la batalla.

La guerra de las ideas

Estados Unidos perdió más de 3.000 personas en los atentados del 11 de septiembre. Mucho de su ideario como nación quedó refundido bajo los escombros de las Torres Gemelas. Esta coyuntura la aprovechó la derecha conservadora y el enjambre de halcones que rodean a George W. Bush. El debate por las ideas dejó de serlo, porque la izquierda se refugió en las universidades, mientras que la derecha financiada y en el poder, buscó que diversos autores aparecieran en los escaparates y luego en las mesas de noche de millones de ciudadanos. Allan Bloom, Jude Wanniski, Charles Murray, Marvin Ovalsky, Francis Fukuyama o Samuel Huntington son algunos de estos escritores cuyos textos se leen con tanta ansiedad como una revista de moda, o deportes. La guerra por las ideas la ha ganado la derecha y su discurso que refuerza la política del presidente se esparce como una invasión de hormigas maras en el Amazonas. Los demócratas han perdido su norte, han perdido su ideario, la campaña de John Kerry estuvo guiada por criticar al presidente pero no por ofrecer una alternativa sustentada y creíble. El 50% de los votantes demócratas marcaron la papeleta como un voto contra Bush, pero no a favor del candidato oriundo de Massachussets.

La maquinaria republicana

Uno de las mayores virtudes de la campaña de George W. Bush, fue la labor titánica de su partido en pro de la reelección. En esta tarea, se destaca la participación de millones de voluntarios que trabajaron en sus condados respectivos buscando convencer a los ciudadanos de un voto para el actual mandatario. Hubo personas que alcanzaron a hacer en dos meses unas 25.000 llamadas, y otros recorrieron en suma miles de kilómetros en diarios recorridos a cientos de barrios, granjas y casas para golpear en cada puerta solicitando el voto republicano. Esa búsqueda desenfrenada de votos generó resultados ya que el presidente logró aumentar el apoyo obtenido en 2000. Ganó 5 puntos del voto femenino, 9 puntos del voto hispano y 10 puntos del voto urbano. La estrategia se vio respaldada por la disciplina de voto en las huestes del partido del elefante. Dos días antes de las elecciones, el presidente tenía 84% de favorabilidad entre los ciudadanos que expresan sentirse republicanos.

George W. Bush ha ganado, nadie puede poner en duda su elección como si ocurrió en 2000. Quizás Irán sea el siguiente objetivo, posiblemente ocurrirán nuevos ataques terroristas, los escenarios posibles para estos cuatro años en política doméstica e internacional son difusos. Lo que sí es claro, es que el presidente aplica a la perfección el realismo político, la concepción de qué es el poder maquiavélico y cómo debe ejecutarse, asumió como norte del imperio la lucha contra el terrorismo en defensa propia, sustenta su accionar en una moralidad maniquea y tinte religioso que ha llenado los vacíos de ideas en una población aún atribulada por lo ocurrido la mañana del 11 de septiembre, y se deja ver ante los Goliat que quieren derrotarlo como un David pequeño y débil, pero que siempre sorprende, porque millones de electores que ejercen la democracia, se sienten identificados con un ser simple como la mayoría de ellos.

*Máster en Relaciones Internacionales
Editor de Mundo, Meximerica Media Inc.
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