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| 1/9/2005 12:00:00 AM

Moda popular

Los habitantes de las grandes urbes vuelven sus ojos hacia la ciudad, sus símbolos y los íconos religiosos.

Hace algunos años, un bogotano estrato seis amante de Madonna y las hamburguesas no hubiera podido creer que algún día podría ponerse una camiseta con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en lugar de la tradicional Polo o Nike. Tampoco, que en lugar de una pulsera tejida por los hippies usaría un escapulario con la Virgen o el Divino Niño. Y menos, que iría a exposiciones de arte donde los protagonistas son busetas, el Almanaque Bristol o un aviso de Cerveza Águila pintado en una pared y desteñido por la lluvia, en lugar de un cuadro de Botero o una escultura de Negret. Pero en 2004 la moda popular hizo su aparición triunfal y en 2005 se impondrá como tendencia. No es simplemente un regreso a lo kitch sino un estilo donde los ciudadanos se detienen a apreciar su ciudad y cada uno de sus detalles: el perro con la cabeza moviéndose en la consola del taxi, la Virgen que se ilumina cuando la buseta frena o el letrero de "sí hay cupo" en un parqueadero. Uno de los precursores de este auge es el colectivo Popular de Lujo, un grupo dedicado a rescatar expresiones populares. "Estamos acostumbrados a ver la ciudad. Pero no nos detenemos a mirarla, a saber qué pasa en la calle. Por eso nadie está consciente de que la calle es un patrimonio visual importante", explica Roxana Martínez, quien al lado de otros dos diseñadores gráficos creó el grupo hace tres años. Hace un año tienen una página en Internet (www.populardelujo.com) donde se le rinde homenaje a las plazas de mercado, a los buses con sus vírgenes luminosas y sus calcomanías con nombres como 'Dayana' o 'Shirley' y a íconos urbanos como el Indio Amazónico. Allí diseñadores y gente común y corriente tienen espacio para mostrar la ciudad que perciben. La religión también tiene su cuota: íconos como el Sagrado Corazón o el Divino Niño, antes olvidados o relegados por cuenta de la invasión de la cultura global, también reaparecieron. Por eso no es raro ver camisetas, pulseras y toda una serie de elementos con sus imágenes. En estos casos no se usan por fe, sino como un accesorio más, como un vínculo con la tradición y las raíces. Explicar dónde nació el boom por la cultura y arte popular se convertiría en una discusión bizantina: unos dicen que siempre ha estado ahí y que la invasión de las expresiones artísticas y las calles con estos íconos son una simple coincidencia. Otros explican que es una respuesta a la apertura de mercados y a la invasión de la cultura extranjera. Edmon Castell, coordinador de la curaduría de la exposición Ciudad (in)visible -una muestra donde los esqueletos de las busetas y los grafitis son protagonistas- es defensor de la primera tesis. Él explica que recurrir a la religión y a los símbolos de la ciudad de siempre ha obedecido a una necesidad de la gente de explicarse cómo funciona el mundo. También explica que para crear la cultura popular se fusionan el pasado, el presente y el futuro. "Ésta es un conglomerado indigesto de cosas", explica. "Pero no es diferente a lo que pasaba en los años 30 o 60. Tampoco es exclusivo de Colombia, lo mismo pasa en París o Barcelona". En ese caso, entonces el auge actual obedecería simplemente a una humanización de la ciudad. "Con TransMilenio la gente extraña toda la iconografía de los buses. Por eso nacen todas esas propuestas que hay ahora", afirma. "Es un ciclo donde cada vez que la gente siente que pierde algo, en este caso a los buses, comienza a ver la forma de recordarlo". Otras fuentes consultadas por SEMANA.COM, creen que el furor por lo popular tiene sus antecedentes en la apertura de mercados y la llegada de los productos y propuestas extranjeras como McDonald's y el reemplazo de las tiendas de barrio por los supermercados, entre otras cosas. También es una reacción a la idea de que todo producto extranjero es mejor que el nacional por no ser de aquí. La nueva tendencia explicaría que el país ya despertó de ese embrujo y se volcó hacia lo nacional. Ahora más que nunca lo nacional tiene prestigio. La primera muestra fue la invasión de artesanías, banderas de Colombia y sombreros vueltiaos. Luego, llegó la música con ritmos autóctonos fusionados con otros extranjeros -¿hace unos años quién hubiera dicho que la guasca cantada por Juanes o el vallenato-rock de Carlos Vives tendría tanto éxito? Y ahora, la irrupción de símbolos religiosos antes relegados a la iglesia del 20 de Julio, además del interés por la ciudad, los buses, los avisos de cerveza y el Almanaque Bristol. Sin duda, en 2005 hay que mirar la ciudad y disfrutar las raíces.
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