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| 1/16/2007 12:00:00 AM

Monumental escándalo por revelaciones de Salvatore Mancuso sobre masacres planeadas con militares de alto rango

En un hecho sin antecedentes en los procesos de justicia y paz en el mundo, el desmovilizado paramilitar Salvatore Mancuso llegó con lista en mano y empezó a confesar su autoría intelectual en 336 asesinatos. Algunos de estos crímenes incluso fueron planeados en el propio comando de una brigada militar y junto a altos oficiales del Ejército con los que se decidía a quién le iban a quitar la vida.

Colombia vive una etapa histórica en el tema de la verdad con las confesiones del comandante desmovilizado ante un fiscal de Justicia y Paz. Ha dicho, por ejemplo, que la dolorosa masacre de El Aro la planeó él directamente con un general de la República en la propia sede de la IV Brigada, en Medellín.
 
Los asesinatos ocurrían posteriormente en acciones comando que ejecutaban encapuchados, en sorpresivos ataques en áreas rurales o zonas urbanas o desde motos al estilo de sicarios que segaban la vida de sus víctimas. En un gran porcentaje, las personas eran baleadas indefensas y desarmadas.
 
Sin embargo, Mancuso sostuvo que se trataba de miembros de la guerrilla, según datos que le suministraba la propia inteligencia militar. Muchos de los muertos son profesores, líderes estudiantiles, voceros campesinos y dirigentes sindicales.
 
Aunque Mancuso insistió en que las víctimas hacían parte del aparato armado o logístico de la guerrilla, hay varios casos en los que estos eran niños o ancianos.
 
Entre las revelaciones que hoy provocaron un monumental escándalo en Colombia está el hecho de que, según Mancuso, varios de los crímenes fueron planeados directamente con un general de la República en servicio y dentro del propio comando militar. Mancuso sorprendió a quienes oían sus declaraciones cuando habló de las masacres de El Aro (Antioquia) y Mapiripán (Meta) en las que murieron casi 70 personas.

Según él, la primera matazón se planeó con la ayuda del general Alonso Manosalva (ya fallecido), quien para 1997 era el comandante de la Cuarta Brigada del Ejército ubicada en Antioquia y que, de acuerdo con el ex ‘para’, facilitó información para que Carlos Castaño ejecutara el múltiple homicidio. Dicen los testigos de la audiencia que la segunda sorpresa llegó cuando Mancuso aseguró que la masacre de Mapiripán se ejecutó con la ayuda de la Fuerza Aérea.
 
En el caso de Mapiripán señaló al coronel condenado Lino Sánchez como el hombre que les suministró información para ejecutar la masacre en las que casi medio centenar de personas fueron llevadas al matadero del pueblo y asesinadas a cuchilladas en una de las páginas de la violencia política del país que más conmoción ha causado.

Así mismo, Mancuso afirmó que también recibían colaboración de la Fiscalía General de la Nación para ejecutar sus masacres y asesinatos individuales. En concreto señaló a la ex directora de fiscalías de Norte de Santander, Ana María Flórez (prófuga de la justicia) como la persona que les daba nombres de fiscales supuestamente implicados con la guerrilla, que los 'paras' luego asesinaban.

Este martes en la continuación de su versión libre, Mancuso reveló además que en una ocasión fue detenido por la Policía en el departamento de La Guajira. Pero que él con los otros 'paras' mandó traer 50 millones de pesos que le entregó a los agentes que no sólo lo liberaron sino que además le devolvieron su armamento.

Ante semejantes revelaciones se produjeron las más variadas reacciones. De una parte, la de las Fuerzas Militares. Su comandante el general Freddy Padilla dijo que si se comprobaba la participación a miembros del Ejército en los hechos criminales, estos deberían pagar ante la justicia; sin embargo, aclaró que deberían responder individualmente porque las acciones no obedecen a una estrategia de cuerpo. De otra parte, las ONG se mostraron complacidas porque dicen que la ley de Justicia y Paz de la cual en un principio fueron acérrimas críticas funciona.

Pero de otra parte se produjo la sorprendente reacción del Ejecutivo, anteriormente defensor y creador de la Ley de Justicia pero quien ahora la pone en duda. Porque se les pidió a los paramilitares que confesaran sus crímenes y quiénes les ayudaron a ejecutarlos, y eso es lo que ha hecho en estos días Mancuso. Pero para el ministro del Interior, Carlos Holguín, el comandante desmovilizado es “un mentiroso”.
 
Las revelaciones de Mancuso marcan un punto de inflexión en el proceso de verdad sobre el paramilitarismo en Colombia pues hasta ahora se habían denunciado vínculos de estos grupos armados ilegales de extrema derecha con políticos, ganaderos, militares retirados y otros voceros de sectores gremiales pero no con oficiales de las Fuerzas Militares activos quienes precisamente reciben las armas del Estado para la protección de la población civil y no para servir de brazo armado de criminales.
 
Hoy Mancuso es el más visible y el más investigado de los jefes paramilitares. Tiene en su contra dos condenas, una por 40 años y otra por 135 meses, y 57 procesos en su contra, la mayoría de ellos por homicidios colectivos, crímenes selectivos, secuestro. Pero este no es ni el 10 por ciento de los delitos que se le pueden endilgar al hombre que actuó durante casi una década como jefe militar de las AUC, y uno de los responsables de su expansión por todo el país.
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