Jueves, 19 de enero de 2017

| 2006/12/21 00:00

Navidad, una cuestión de tradición

Las costumbres navideñas colombianas son un híbrido de tradiciones españolas, norteamericanas y escandinavas. ¿Por qué se celebra como se celebra? SEMANA.COM les preguntó a los expertos.

Navidad, una cuestión de tradición

¿Quién trae los regalos, el Niño Dios, Papá Noel o los Reyes Magos? ¿Cuándo empieza la Navidad, el 1, el 7 o el 16 de diciembre? ¿Qué es lo más representativo de la época decembrina, el pesebre o el árbol de Navidad? Todas las respuestas pueden ser correctas, pues dependiendo de la región o de la generación a la que se pertenezca, una u otra cosa hace parte del sentido de la Navidad.

Más allá de estos detalles, los colombianos creen que este mes es la ocasión para celebrar y reencontrarse con la familia. Para la historiadora Aída Martínez Carreño, la cuestión es simple: “Diciembre y enero coinciden con las vacaciones, por lo que es un mes de reuniones, fiestas y viajes”, y si a esto se le suma la celebración católica de la Navidad, diciembre termina siendo el mes más importante del año.

Indiscutiblemente, Colombia es un país de tradición católica, por lo que la evocación del nacimiento de Jesús tiene una importancia relevante. Sin embargo, lo que se celebra este mes se ha convertido en un híbrido de tradiciones provenientes de distintos puntos del planeta.

¿Quién entrega los regalos?

El Niño Dios, los Reyes Magos y Papá Noel batallan por darles regalos a los niños colombianos. “Ellos no saben a quién pedirle los regalos, si a Papá Noel o al Niño Dios”, dice Aída Martínez. Todo termina en una confusión amontonada en el árbol de navidad: “De Papá Noel para… Del Niño Dios para…”. Sin embrago, todavía lo más común es que los regalos los traiga el Niño Dios el 25 de diciembre y no los Reyes el 6 de enero, como en la mayoría de los países hispanoamericanos.

La novena de aguinaldos

Otra tradición completamente colombiana desde el siglo XIX es la novena de aguinaldos. “Los versos de la novena son como el Himno Nacional: aunque la gente no los comprenda, se los saben de memoria”, dice la historiadora Magdalena Corradine. Esto demuestra el gran arraigo popular de la novena, pero la oración viene del Perú o Ecuador. De allí la tomó la monja Bertilda Samper Acosta, la hija monja de doña Soledad Acosta de Samper, y la adaptó para poderla rezar en Navidad.

Nochebuena en Colombia

Nosotros, como los estadounidenses y anglosajones, celebramos la víspera del nacimiento. Para Corradine, “la cena de la Nochebuena es un encuentro familiar obligatorio; es lo que para los norteamericanos representa el día de acción de gracias”.

Mientras en otros países, el día de acción de gracias se celebra con pavo, por estos lados se recurre a los platos típicos de cada región. En la mesa se sirven tamales, ajiacos, pavos, perniles y dulces típicos. En Antioquia y el Viejo Caldas, los buñuelos y la natilla son infaltables. En la región cundiboyacense también hay buñuelos, pero estos no son salados sino remojados en almíbar.

Muchos de estos platos los heredamos directamente de la Madre Tierra, lo mismo que la celebración católica de la Navidad, la elaboración del pesebre o los autos sacramentales, que son la representación de apartes de la historia sagrada, como el recorrido de María y José en Belén o la llegada de los Reyes Magos.

Un pino digno para el trópico

De los anglosajones nos llegó el árbol de navidad, la nieve –algo bastante raro en un país del trópico– y la figura de Papá Noel. La utilización de estas imágenes constituye un motivo de discusión por su innegable sentido comercial. Martínez le llama a todo esto “la globalización de la Navidad”, pues asegura que “ahora estamos inundados de Papás Noel y muñecos de nieve, propios de la tradición comercial gringa y que vienen directo de la China”.

Para otros historiadores, como Corradine, la llamada globalización no es tan negativa. Ella afirma que “el árbol y el pesebre se integraron en la tradición colombiana” del mismo modo como hace siglos se unieron tradiciones paganas y cristianas.

En Europa, el culto a la naturaleza estuvo presente en todos los pueblos, por lo que los nórdicos honraban al pino, el único árbol que no perdía sus hojas en invierno. El culto al fuego también es tradicional, y de las candeladas en el campo se evolucionó a la noche de las velitas el 7 de diciembre, en la víspera del día de la Inmaculada Concepción.

Estaciones a la colombiana

También se celebraban las fiestas del cambio de estaciones; la del verano coincidía con la de San Juan, el mismo de las fiestas en el Huila, y la del invierno, con la fiesta de Navidad. Como en estas latitudes no hay estaciones, las cosas se han ido adaptando. La Navidad tuvo importancia desde la época de la Colonia, porque en diciembre los indígenas debían pagar sus tributos al encomendero.
Vengan de donde venieren las tradiciones, lo cierto es que la Navidad sigue siendo un momento en el que la gente retoma las costumbres más tradicionales, la comida, las prácticas católicas y la reunión con la familia.

A pesar de su gran importancia en el mundo comercial, como señala Magdalena Corradine, “la navidad sigue siendo en el fondo una celebración familiar y popular”.

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