Sábado, 25 de febrero de 2017

| 2004/04/18 00:00

Necesidad vs. tradición

A pesar de que la sociedad pedía a gritos una política clara del Estado frente al problema de los embarazos no deseados en adolescentes, la campaña lanzada la semana pasada por el Ministerio de Protección Social levantó ampolla en la Iglesia. ¿Qué está pasando?

Necesidad vs. tradición

Margarita tiene 16 años, no acabó el colegio y ahora es mesera de un restaurante. Su cara, cuerpo, palabras y gestos parecen más los de una niña que todavía quiere jugar con sus amigas del barrio, que los de una mamá de dos hijos que tiene que llevar la comida todas las noches a su casa. Esa es su vida desde hace dos años, cuando quedó embarazada de un novio que ahora es su compañero y tiene también 16 años. Él no ha conseguido trabajo por su corta edad -eso le dice para excusar su desocupación- y pasa los días en el billar del barrio. Como si fuera poco, el año pasado Margarita volvió a quedar embarazada y ahora su segundo hijo tiene dos meses. Ella quiere planificar, pero no lo ha hecho porque cada vez que le habla a él del tema sabe que tiene que enfrentarse a una pelea violenta, pues está en contra de cualquier método que le impida tener hijos porque entonces su "masculinidad se pondría en tela de juicio", explica Margarita, que ya está resignada a la suerte de tener más niños y velar por ellos el resto de su vida.



Como Margarita hay miles de adolescentes que se enfrentan a diario al problema de embarazos no deseados y a todas las situaciones que estos traen a nivel social, económico y hasta físico. Durante varios años se le atribuyó la responsabilidad de esto al Estado, que siempre se había hecho el de la vista gorda frente a la ignorancia de los jóvenes sobre métodos anticonceptivos, la distribución de estos y la responsabilidad sexual. Por eso, el anuncio de lanzar una campaña gubernamental enfocada a enseñarles cómo cuidarse generó alivio. Pero como nada es perfecto, la Iglesia acusó al gobierno de promover el aborto.

El clero nunca ha visto con buenos ojos el uso de los métodos de planificación, pues se amparan en un postulado milenario: el acto sexual debe estar enfocado a la creación de vida y no a la producción de placer. Una influencia de este tipo siempre ha tenido eco en Colombia y si a alguna razón se le puede atribuir el que el Estado nunca haya hecho nada por decirles directamente a los jóvenes cómo protegerse es a la presión de la Iglesia. Pero, en palabras del ministro de Protección Social, Diego Palacio, pudo más el problema social que se ha venido gestando desde hace bastante tiempo que una creencia que ya no tiene cabida en los jóvenes.

Eso se demuestra en las cifras. Según el Ministerio de Protección Social, más de dos millones de colombianas de entre 15 y 19 años están en este momento embarazadas. Es decir, una de cada cinco adolescentes, lo que equivale al 19 por ciento de esta población. La situación sería aún más alarmante si se pudiera saber cuántas más han estado embarazadas y han abortado. De las graves consecuencias a nivel social, económico y hasta demográfico que trae implícito este hecho parte el Ministerio para formular una intensa campaña que tiene como propuesta central reducir de 19 a 14 por ciento la tasa de embarazos. Los medios para lograrlo son claros y realistas. Según el viceministro de salud, Eduardo José Alvarado, está demostrado que a los jóvenes no se les puede decir que no tengan relaciones, pero sí se les puede explicar cómo evitar los problemas que una sexualidad temprana trae consigo: adolescentes que tienen que abandonar sus estudios para trabajar, niños abandonados, mujeres frustradas e incluso que pierden la vida o quedan gravemente enfermas después de haber intentado un aborto.

Por eso se intensificará la campaña educativa que se realiza desde hace varios años en los colegios y se hará una mayor difusión en los medios comunicación sobre los métodos de planificación que se ofrecen gratuitamente en los centros de salud. Es precisamente uno de estos sistemas de control natal el que generó polémica. Se trata de la píldora del día después, que aunque Profamilia la distribuye desde 2001 ahora estará presente en todo el país. Por disposición del gobierno, todas las autoridades sanitarias del país están en la obligación de distribuir la píldora de manera gratuita.

En cuanto se conoció la noticia, la Iglesia puso el grito en el cielo. Monseñor Fabián Marulanda, secretario general del Episcopado Colombiano, aseguró que la píldora es un "aborto disfrazado" y que por ende el gobierno no puede promocionar su uso. Ésta, agregó, "no puede ser usada como un anticonceptivo porque se toma después de haber tenido una relación sexual, en la que pudo haber fecundación del óvulo. Si se ha dado, la píldora impide su implantación, lo que se traduce en una técnica abortiva. Llamarla anticonceptivo es una argucia lingüística para no decir lo que en realidad es".

Pero esta vez el gobierno es firme en su proyecto. "Tenemos una posición clara frente al tema. Es prioridad proteger la salud sexual, reproductiva y mental de los jóvenes y de toda la población", sostuvo Alvarado. "Hay unas herramientas científicas que están disponibles, que son legítimas, aunque puedan ser cuestionadas desde alguna ideología o religión muy respetable".

Sobre el asunto del posible aborto, el viceministro negó cualquier relación de la píldora con éste. La comunidad médica está de acuerdo. "La píldora del día después simplemente impide la anidación del óvulo fecundado en el útero. Eso no es aborto. De hecho cumple la misma función que la T de cobre o un dispositivo intrauterino", explicó el doctor Miguel Ronderos, presidente de la Veeduría Ciudadana en Salud Sexual y Reproductiva. También aclaró que su uso no tiene ninguna consecuencia física para las mujeres y que puede ser tomada cuantas veces sea necesario.

Sin embargo, el gobierno llamó la atención en la responsabilidad y control que se debe tener a la hora de considerar la pastilla como una solución. Para un mejor control de la natalidad, explicó el viceministro, están los condones -que de paso protegen de las enfermedades de transmisión sexual-, las pastillas anticonceptivas y otros dispositivos. Todos son efectivos si se les da un buen uso y pueden conseguirse desde hace algún tiempo en Profamilia y ahora en todo el país. Lo único que hay que hacer es acercarse al centro de salud más cercano y solicitar ayuda e instrucción. "Nadie va a hacer cuestionamientos ni juzgará a la adolescente", aclaró Alvarado para motivar a todas las jóvenes y mujeres en general que no solicitan ayuda por temor a ser rechazadas o juzgadas.

El ministerio sabe que el problema seguirá presente mientras existan hogares inestables, prejuicios de los padres y profesores a la hora de hablar de sexo con sus hijos y reserva de la sociedad para aceptar la planificación familiar. Sin embargo, la campaña del ministerio y el hecho de que se enfoque en los jóvenes es un paso en la dirección correcta. Ahora, adolescentes como Margarita tendrán más herramientas para decidir qué quieren hacer con su vida y si la maternidad forma parte de su proyecto.

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