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| 5/1/2005 12:00:00 AM

Nunca en cines

Andrés Burgos <br>Editorial Norma

La pasión del cine, la pasión por la vida Probablemente alguna vez nos hemos permitido imaginar un momento especial de nuestra vida como una escena perfecta para una película. ¿Quién no ha alterado lo que ve en la realidad tratando de hacerlo más apropiado para el momento, casi como poniendo escenas exactas en una película o finales felices? ¿Quién no ha calculado las canciones que harían parte de la banda sonora de su película imaginada? ¿Quién no ha pensado lo que podría haber pasado si ante alguna situación especial hubiera decidido actuar como un héroe de película y salvar la situación?

Pues bien, en la novela "Nunca en Cines", de Andrés Burgos, encontramos a alguien que sí lo ha hecho. La novela nos presenta el relato de Burgos, un personaje para el cual el cine se convierte en algo tan importante como la existencia misma y que le permite  descubrir que la vida no es sólo lo que se presenta a primera vista.

Desde su niñez, el personaje  ha estado en contacto con lo audiovisual a través de la televisión. Ésta ha generado en él un interés exhaustivo por un personaje televisivo en especial: un  asiático, un extra de segundo plano, que en todas sus apariciones en la pantalla muere.

Esta obsesión por el "chino que muere en la televisión", unida al interés creciente por las cosas que pasan siempre en segundo plano, por detalles que pasan inadvertidos para otros(como, por ejemplo, las canciones de relleno de los álbumes famosos, las vidas de los desconocidos que aparecen por casualidad en el fondo de las fotografías o de las películas), empiezan a definir al narrador, el cual experimenta una especie de descubrimiento de "un mundo dentro de las películas, un universo paralelo que se manifestaba en el fondo, en segundo plano, más allá del egocentrismo de los protagonistas".

Su pasión por el cine lo lleva a conocer a Camilo, su mejor amigo. Con él se embarca en una empresa bastante ambiciosa: realizar la gran película, una película diferente, donde se cifren tanto los sueños e ideales de Camilo, como ese gusto que Burgos, el narrador, ha desarrollado por las situaciones en segundo plano. Así comienzan la gran travesía que los llevará a realizar un cortometraje inicial, viajar a México, trabajar juntos en lo que los apasiona, y también estrechar aún más sus vínculos afectivos, enfrentado todo lo que el destino les tiene preparado.

La novela ilustra sin afanes explicativos el tema del cine, la dificultad de su realización en el país y el esfuerzo de un par de hombres para llevar a cabo sus sueños cinematográficos, algo que ellos mismos denominan la "causa perdida". Por otro lado, casi en un "segundo plano"- para adoptar el término del narrador- pero sin restarle importancia, revela cómo todo el esfuerzo y toda esa pasión por el cine se desborda y da lugar a una historia de amistad, a una historia de conocimiento mutuo.

La estructura de la novela obedece básicamente a una estructura cinematográfica. Los capítulos desaparecen para dar lugar a tomas y planos sin un orden cronológico aparente; imágenes invocadas a través de Flashbacks o Flashforwards van alimentando tanto la historia del sueño de estos personajes por realizar su película, como las historias en 'segundo plano' que van definiendo a los personajes e invocan recuerdos del narrador.

De esta forma, la obsesión por un hombre asiático que siempre muere en la pantalla, un viaje a México y el siempre presente sueño pasional del cine y de su realización, llevan al lector de la mano por un mundo de imágenes y de situaciones: el mundo de dos personajes que gracias al cine alimentan su pasión por el arte audiovisual, al tiempo que descubren el gran valor que tiene la amistad y la vida misma. Si por un lado el personaje principal demuestra su pasión por el cine, haciéndolo parte de la vida misma, mostrando que "La película no siempre está en la pantalla...la película  no siempre está donde se cree que está"; así mismo, luego de un tiempo, ya sea compartido con su amigo o en soledad, parece darse cuenta también de que no siempre es posible que toda una vida pueda estar en el cine: siempre falta algo, siempre hay algo íntimo que sólo pertenece a la vida misma o al olvido, y que inevitablemente se le escapa al cine.

Andrés Burgos es comunicador social de la Universidad de Antioquia y cineasta especializado en Guión y dirección, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Su cortometraje 'Gajes del oficio' fue ganador en el año 2000 como mejor cortometraje en el Festival de Bogotá.  'Nunca en cines'(2005) es su segunda novela, posterior a 'Manual de Pelea' (2004) y al libro de cuentos 'La gente casi siempre' (2000). *Literato U. de Los Andes

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