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| 11/8/2006 12:00:00 AM

“Oríllate que te vamos a matar...”

(Sabanalarga, 17 de diciembre de 2003)

Este testimonio se convirtió en uno de los más importantes para la investigación de las autoridades. ¿La razón? Porque da lugar a la apertura de un proceso que inicialmente se abrió en Sabanalarga y después creció tanto que fue necesario trasladarlo a Barranquilla.

El día 17 de diciembre de 2003 ante un grupo de investigadores de la Policía Judicial adscritos a la Unidad Nacional de Derechos Humanos, el señor Luis Carlos Colina Hernández, de profesión conductor, declaró haber sido testigo de varios crímenes y de la planeación de otros ocurridos en esta ciudad, los cuales fueron perpetrados por miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia-Bloque Norte, al mando de Rodrigo Tovar Pupo quien es identificado en la organización como alias ‘Jorge 40’.

El testimonio de Colina Hernández dio origen a un proceso que se abrió en Sabanalarga, Atlántico, y que posteriormente por las dimensiones que adquirió fue trasladado a la Unidad de Derechos Humanos de UDH de la Fiscalía en Barranquilla. Así comienza el relato Colina, quien dos años después caería asesinado por sus antiguos compañeros de andanzas:

“En el mes de mayo de 2003, llegó un primo mío de nombre Raúl Mercado Flórez, a mi casa en Baranoa y me ofreció trabajo para que manejara un camión de los que él tiene.
 
Trabajé 15 días y después me puso a cuidarle los camiones aquí en Barranquilla en el barrio La Pradera. Después un domingo me llamó y me puso una cita en el estadero El Rancho en la carretera la Cordialidad (antigua vía entre Cartagena y Barranquilla), íbamos para una finca donde teníamos una reunión. Esa finca está entre Campeche y Sabanalarga, cuando llegamos estaba reunido un personal de las AUC. A los 15 minutos de estar allí, llegó una camioneta Mazda negra, doble cabina con unos emblemas amarillos en las puertas laterales. De esa camioneta bajaron a un señor amarrado y se lo llevaron hacia la parte de atrás, hacia un hierbal. Al cabo del rato se escucharon tres tiros. Luego, Raúl se dirigió hacia mí y me dijo que el señor que habían bajado de la camioneta ya lo habían matado y que me había llevado a la reunión para que me enterara de quién era él.

Después me dijo que me necesitaba para sacar a una persona conocida como ‘El Loco’, de su casa en Sabanalarga y él poder mandarlo a matar. Para eso me dio plata y me dijo que me daba una casa si yo se lo ponía para matarlo. Raúl lo quería matar porque le había dado una plata para matar a un comerciante en Cartagena y ‘El Loco’ no hizo el trabajo y se comió la plata.

Yo hice como quien va a hacer la vuelta y le dije a ‘El Loco’ que se fuera, que Raúl lo iba a matar por la plata que se le había comido. ‘El Loco’ se fue de Sabanalarga y se escondió en Galapa, en la guaca de ellos (de las AUC); en una invasión donde Raúl tiene dos casas y en ese sitio lo mataron a él y mataron a un sobrino. Eso fue en junio de 2003 y el trabajo lo hicieron alias ‘Rafa’, ‘Chiqui’, ‘Pellito’ y ‘El Gordo’.

Ellos se le metieron a su casa un domingo en medio de una fiesta de cumpleaños y lo mataron. También presencié cuando mataron a un médico en Sabanalarga, en agosto o septiembre de este año, un sábado en la noche como a las 7, después de que el señor guardara el carro. Cuando iba para su casa ‘El Chiqui’ y ‘Pellito’ le dieron tres tiros, uno en la cabeza y dos más en el cuerpo. Ellos salieron corriendo y llegaron a la casa del tío del Chiqui.

Ese tío conoce todas las andanzas de ellos y les guarda las armas con las que matan a todas estas personas. ‘El Chiqui’ utiliza pistolas 7.65 con dumdum y explosivo. También sé de la muerte del señor Mario Soñeth, ocurrida en Sabanalarga el 18 de febrero de 2003, lo mandaron a buscar con un pelaíto cuando estaba sentado en la puerta de su casa y lo hicieron llegar hasta la esquina donde lo esperaba ‘El Chiqui’, con quien tiene una discusión y cuando la moto llega a la esquina ‘El Chiqui’ saca la pistola para pegarle el tiro y Mario pega a correr y le da un primer tiro en la rodilla. La víctima se para y se le tira encima al Chiqui y entonces interviene Pellito que estaba en la moto esperándolo.

Yo estuve seis meses trabajando con ellos, entre agosto de 2002 y marzo de 2003. El comandante es Pedro de las Aguas (cuyo nombre real era Pedro Ramón Solera Vellojín, cayó asesinado en Cartagena el 16 de febrero pasado) y el segundo comandante es Raúl Mercado Flórez, que es el encargado de recoger dinero para comprar celulares y armamento y paga por cada trabajo de sicariato entre 40.000 y 50.000 pesos. Los otros miembros de la banda son ‘Rafa’, comandante de cuadrilla, ‘Rubén’, ‘Patoco’, ‘El Mono’ y ‘Alberto’, que es celador de la finca donde llevan a las personas que van a matar.

También tengo conocimiento de un sitio que llaman El Cementerio. Está ubicado entre Campeche y Sabanalarga, en una finca que tiene un portón rojo, camino arenoso. Esa finca tiene varias casas, en la casa donde duermen los trabajadores guardan las armas y donde termina el camino hay otra casa y detrás de esa casa –30 metros detrás–, en un hierbal, es donde entierran a las personas que asesina este grupo. Esta finca es del narcotraficante conocido como ‘El Caracol’.

Esa es la organización que yo conozco de las AUC que operan en los sitios que ya dije, y funciona así: el jefe de cuadrilla contrata a personas bravas para matar diciéndoles que le dan plata y lo sacan, las órdenes para matar las da directamente el comandante Pedro de las Aguas y Raúl Mercado Flórez. Cuando ellos no las pueden dar personalmente porque ellos conocen a las víctimas, buscan a sicarios independientes. Yo conozco esto porque ellos trataron de matarme el 19 de mayo. A mi casa llegaron ‘El Mono’, ‘Rafa’ y ‘Moto Japón’ a solicitarme una carrera para Sabanalarga. Como soy taxista, les dije que sí, que costaba 50.000 pesos. Me dieron 20.000 para la gasolina y el peaje. Cuando íbamos llegando a Sabanalarga, ‘El Mono’ que iba adelante sacó una pistola de la pretina y me la puso en la barriga y ‘Moto Japón’ sacó un revólver 38 y me lo puso en la cabeza.

Me dijeron que me orillara que me iban a matar. Yo les dije que si me iban a matar, entonces nos íbamos a morir todos dentro del carro, cuando dije eso se acercaba un puente aceleré el carro y nos fuimos abajo. En ese accidente perdí la oreja derecha, me fracturé la clavícula derecha en tres partes, dos costillas y perdí los ligamentos de la rodilla izquierda. Ellos salieron corriendo por un monte y los capturó la policía de Sabanalarga. Yo estuve tres meses en el Hospital Municipal de Sabanalarga y me fueron a visitar para decirme que me cuidara cuando saliera, que si quería seguir vivo tenía que sacar a los que estaban presos y me dijeron que tenían ubicada a mi mujer y a mi hijo. Yo desistí y los soltaron, pero ellos están esperando que pase todo para matarme”.




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