Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/02/01 00:00

Para que no perdamos más tiempo

Perder la clasificación al Mundial, a los Olímpicos y salir de último en el hexagonal de la Copa Suramericana deja serias lecciones para que los hinchas no perdamos más tiempo. Análisis de Adolfo Zableh

Juan Pablo Pino, el número 10, durante el partido Colombia- Paraguay. (Foto: AP)

¿Todavía se está rompiendo la cabeza pensando qué salió mal en la eliminación de Colombia del reciente torneo juvenil de Paraguay? ¿Ha gastado horas leyendo y oyendo notas donde analizan tanto el funcionamiento individual y colectivo de la selección como el trabajo del entrenador, Eduardo Lara?

¿Para qué lo hacen?, ¿para qué? Solo hay una respuesta posible para lo ocurrido: el torneo no se jugó en suelo colombiano, por eso les fue mal. (“les fue” y no “nos fue” porque yo no jugué, así como en 2005 “fueron campeones” y no “fuimos campeones”).

¿O cree usted que es coincidencia que todos los torneos avalados por la FIFA que han ganado las Selecciones Colombia se hayan organizado en nuestro país? El Sub 17 del 93, los Sub 20 de 1987 y 2005 y la Copa Mexana de 2001 que ganó la mayores y que unos cuantos llaman Copa América, en todos se triunfó sin presentar el pasaporte en emigración. Cuando ha sido menester pasar la frontera, los equipos han fallado.

Porque el fútbol de alta competencia es una cuestión de talento y disciplina, pero también de mentalidad. Por eso Brasil le pinta la cara al que sea, Alemania gana jugando mal y Argentina tiene jugadores destacados en todo el mundo. Por falta de mentalidad ganadora es que Francia e Inglaterra solo han sido campeones del mundo en propio suelo y Holanda siempre ha dado excelentes jugadores que animan torneos en vez de ganarlos.

¿Qué diferencia hay entre la Colombia Sub 20 de 2005 y la de 2007? Absolutamente nada, salvo que se cambió el Eje Cafetero por el poco cálido Defensores de Chaco.

No saben medir las proporciones de los triunfos y se vuelven gallitos de pelea en su casa. Hace dos años se decía que Hugo Rodallega era mejor que Lionel Messi, Colombia bailaba al que se le pusiera al frente y el Mundial de Holanda iba a ser la consagración definitiva de un grupo excepcional. Dos años después Rodallega está en un equipo de segunda línea, mira por televisión la trayectoria de Messi en Barcelona y del “grupo excepcional” quedan individuos que intentan triunfar por su cuenta, pero ninguna figura descollante.

Es que había que ver a Colombia en el hexagonal final en Paraguay. ¿Cuántos goles le hicieron porque los defensas se iban encima del mismo jugador y dejaban un hueco enorme en el centro del área? No se sabe qué tipo de cortocircuito mental sufre el jugador colombiano cuando sale del país o qué milagro neurológico ocurre cuando juega de local, pero la diferencia entre un caso y otro es abismal.

Es que hasta las Copas Libertadores se han obtenido cuando el club colombiano juega la final de vuelta en su estadio. No sé en qué consiste el fenómeno, pero seguro que tiene que ver poco con fútbol y mucho con el complejo que les genera representar a Colombia en un país extraño, lejos de las caras que les sonríen y de las voces que los elogian, muchas veces sin razón.

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