Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2006/04/10 00:00

Japón, en peligro de extinción

La otrora igualitaria sociedad japonesa está cambiando. Sara Guevara cuenta cómo la clase media japonesa comienza a desaparecer.

Japón, en peligro de extinción

La anciana, modestamente vestida y apoyada en un bastón, puso la canastilla casi vacía en el mostrador de la registradora y esperó a que la pantalla le indicara el monto de la compra. Con dificultad escudriñó su monedero y no tuvo otra opción que la de devolver una lechuga y un pequeñísimo manojo de verduras, de su ya precario mercado que no pasaba de los siete dólares. Con mucha vergüenza miró a los ojos de la cajera y le entregó las pocas monedas que le quedaban. Resignada, tomó la bolsa y partió.

En otra parte de la ciudad, Mari Maruyama, de 45 años, acaba de tomar un café de 10 dólares, le comenta a su amiga que ha comprado un precioso apartamento de 800.000 dólares y que ha disfrutado en grande de sus vacaciones en Nueva Caledonia.

La otrora igualitaria sociedad japonesa está cambiando y la anciana de la historia es tan solo un ejemplo de los muchos que deja el creciente desequilibrio económico que preocupa al gobierno.

La tasa de pobreza, que consiste en la proporción de la población que vive por debajo de la media de ingresos, ha llegado al 11,8, de acuerdo con el último informe disponible del PNUD. Según los datos que registra la prensa japonesa una y otra vez, el porcentaje de hogares japoneses que carece de fondos en un país donde el ahorro ha sido la virtud por excelencia, ha llegado al 22,8 por ciento, la cifra más alta desde 1953.

El fenómeno se ha convertido en un tema frecuente en las discusiones parlamentarias. Cada día se aprecia más el temor de que la brecha económica polarice el país y lo convierta en uno con muchos pobres y muy pocos ricos.

Según Merrill Lynch en su informe anual sobre riqueza mundial, en 2004 el número de millonarios en Japón había ascendido en un 10 por ciento en comparación con 2001. Es decir, en un país de aproximadamente 120 millones de personas, solo 1,34 millones calificaban como realmente ricas.

Para los sociólogos, el declive en el sistema de trabajo vitalicio y la inestabilidad de las empresas durante la época de la desaceleración económica han causado un impacto directo en la economía familiar.

Los detractores del Primer Ministro japonés, Junichiro Koizumi, argumentan que son las normas de apertura y desregulación las que han dejado expuestas a las compañías ante una competencia despiadada que ha destruido el sistema de salarios por antigüedad, la estabilidad laboral, y la base salarial, afectando directamente a la población más vulnerable. Culpan al gobierno de ejecutar fuertes recortes presupuestales que han terminado con proyectos que antes albergaban a un gran número de trabajadores. Para ellos, la clase media está colapsando.

La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD) también ha sonado la alarma. En un reciente estudio se refiere puntualmente al estancamiento de una buena parte de la fuerza laboral en una categoría de muy bajos salarios de la que es difícil escapar.

Mientras salen las encuestas y el gobierno encuentra una solución al problema, muchos japoneses sienten que se están hundiendo. Hace una década, el 90 por ciento se consideraba de clase media. Una encuesta realizada por la Universidad de Tokio en 2004 estableció que el 60 por ciento de los japoneses se incluía en el rango de “menos de la clase media”.

El choque final ha venido de mano de la pregunta: “¿Es su salario anual más bajo que su edad multiplicado por mil?” formulada por Atsushi Miura en su libro best seller La Clase Inferior (Karyu Shakai, en japonés). La conclusión para una gran cantidad de sus lectores fue lo que sospechaban desde hacía algún tiempo: la gran mayoría está emergiendo como la nueva clase pobre del aparente millonario Japón.

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