Lunes, 23 de enero de 2017

| 2004/09/24 00:00

A pesar de todo te queremos

En su segunda entrega sobre Bogotá, el editor cultural de SEMANA, Eduardo Arias, muestra imágenes que "demuestran por qué montar en Transmilenio es una delicia".

Se volvió moda hablar mal de Transmilenio. Y hay razones poderosas. Transmilleno, le dicen. Ha empeorado el servicio. Hay más rutas pero los buses no siempre dan abasto. Que no hay suficientes alimentadores. En las estaciones comienzan a aflojarse los remaches del piso metálico. La inseguridad es queja permanente. Y ni hablar de las chambonadas maestras del equipo de genios gerentes encabezado por Enrique Peñalosa Londoño que entregaron una obra que se autodestruyó en menos de tres años. Una vergüenza de talla mundial.

Todo eso es muy cierto. Pero, a pesar de ello, viajar en Transmilenio, aún en horas de 'Transmilleno', sigue siendo un placer. El contraste en la Autopista Norte en hora pico es aterrador: El carril de los buses fluye como una autopista europea mientras el de los vehículos particulares es un trancón eterno. Uno sabe que si sale a tiempo llega a tiempo, porque el margen de error en Transmilenio sigue siendo de muy pocos minutos, aún en distancias largas. Es cierto, Bogotá necesita metro en el eje de la Caracas. Un tranvía liviano en el centro. Pero a pesar de todo te seguimos queriendo, Transmilenio.

*Editor cultural de SEMANA

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