Lunes, 23 de enero de 2017

| 2006/12/11 00:00

Petro se crece frente a Lucho en el interior del Polo Democrático Alternativo (PDA)

Un análisis con lupa de la consulta interna del Polo Democrático Alternativo (PDA) refleja que de la mano de Carlos Gaviria, el senador obtuvo una significativa mayoría en las elecciones internas en comparación con el alcalde de Bogotá. Así quedaron las cosas en la fuerza de izquierda más importante del país.

Los resultados del Congreso Interno del Polo demuestran que la tendencia de izquierda de Gustavo Petro dejó de ser un fenómeno estrictamente bogotano.

Los seguidores del Polo Democrático están que no caben de la dicha. Dos semanas después de lograr la histórica participación de 555.301 afiliados en una consulta interna y cuatro días después del Congreso Nacional que concluyó el 2 de diciembre, ya tienen reglas de juego claras para las elecciones regionales del año entrante y las presidenciales de 2010. Las aprobaron en medio de un ambiente político de algarabía y aterrizado proyecto ideológico que por fin está desmarcando a la izquierda de la guerrilla en el imaginario del colombiano de a pie.

Lo lograron gracias a una suma de factores ausentes en anteriores esfuerzos de integración: una opinión favorable por su labor de control político desde el Congreso de la República, el reconocimiento y el carisma de sus gobernantes en ciudades como Bogotá, la crisis por la que atraviesa la bancada de gobierno y, sobre todo, un esfuerzo de los jefes de las distintas tendencias ‘polistas’ por tender puentes hacia la unidad.

De seguir como van, muy seguramente asumirán papel protagónico en las futuras contiendas electorales por los poderes nacional y regional. Lo saben los líderes de las demás corrientes políticas, quienes, ante el crecimiento de la mancha amarilla, ya están buscando alianzas para evitar sorpresas, tal y como lo plantearon el jefe liberal César Gaviria y el presidente del Partido de La U, senador Carlos García, durante la “charla informal” que sostuvieron este martes.

¿Qué podría detener al Polo en su proceso de consolidación como fuerza decisiva de carácter nacional? Como de costumbre, el mayor enemigo está adentro y se trata, ni más ni menos, que de la rivalidad por el liderazgo del Partido. Por ello resulta tan valioso que la directiva actual llevara a una misma mesa a sectores tan distintos y con tantas diferencias ideológicas como los de la llamada izquierda radical y los del ala centrista. Uno de los grandes ganadores en este punto es Antonio Navarro, quien pasó de derrotado precandidato presidencial a motor de la aspiración del precandidato que lo venció en la consulta interna (Carlos Gaviria) y por lo tanto del histórico “triunfo” de los 2,8 millones de votos. Y ahora, el mismo Navarro, esta vez como secretario del Partido, fue quien tuvo que emplearse a fondo para que el Congreso Nacional saliera adelante en medio de los rumores sobre división interna. Si a las cifras vamos, una vez más salió vencedor como líder del proceso.

Pero aun cuando el mismo Navarro quiera señalar lo contrario, lo que las cifras demuestran es que las tendencias en el Polo no quedaron tan equilibradas como él supone. Navarro parte de un acierto: aceptar que la diversidad de tendencias se mantiene. Eso es sano para el Partido, pues demuestra que no existe interés por pasarle la aplanadora a nadie y mantiene las puertas abiertas para el ingreso de otros sectores que comulguen con las tesis básicas del “polismo”. De ahí al tan mentado equilibrio hay una distancia muy grande.

Según los resultados oficiales divulgados este miércoles, de los 2.862 votos válidos para elegir las 227 curules de la circunscripción general a la dirección del Polo, los sectores cercanos al Alcalde de Bogotá lograron 84 curules, mientras los defensores del sector de izquierda de Gustavo Petro y Carlos Gaviria se hicieron a 137.

Es cierto que en las votaciones generales al Congreso hubo un repunte del sector que respalda al Alcalde en Bogotá y fueron varios los analistas que se apresuraron a hablar del fracaso de Petro con su estrategia de dispersión de listas. Lo que no vieron fue que mientras Garzón subió en la capital, la tendencia de izquierda del Polo se consolidó en el resto del país.

Los votos por la tendencia del Alcalde corresponden a las 76 curules de la lista de de los senadores Samuel Moreno y Jaime Dussán y las ocho que logró la lista de los amigos del gobernador del Valle, Angelino Garzón. Las mayorías de Petro y Gaviria están distribuidas en cuatro listas: la del antiguo Frente Social y Político, que logró 34 delegados encabezados por Wilson Borja, Gloria Cuartas y Gloria Inés Ramírez; la del Movimiento del Socialismo del siglo XXI, que obtuvo otros 62 bajo la dirección de Petro, Germán Navas, Venus Albeiro Silva, Alexánder López e Iván Cepeda; la del Moir, que obtuvo 28, con el senador Jorge Robledo a la cabeza, y la del senador Luis Carlos Avellaneda, que conquistó otras 13. La diferencia entre las tendencias se mantiene, sólo que en esta ocasión sus líderes se pusieron de acuerdo para definir las reglas de juego. Y eso es un gran avance.

La próxima medición de fuerzas será después de enero, cuando la dirección general escoja a los 29 miembros del Comité Ejecutivo, del que también harán parte Gaviria y Navarro por ser presidente y secretario, respectivamente.

¿Qué rumbo tomará el Polo?

Aun cuando no es cierta la premisa del equilibrio de fuerzas, sí lo es que el sector de izquierda parece más aceptado entre una opinión cada vez menos temerosa de dicha corriente y más consciente de que ser de izquierda no significa ser guerrillero.

En este punto, Gaviria y Petro también parecen haber aprendido que no basta con ser honesto, sino que es necesario aparentarlo. Muchos de sus seguidores en el Polo creen que los dos han fortalecido su imagen y ganado votos tanto por su oposición y sus críticas al gobierno, como por su esfuerzo de desmarcarse de los estigmas que cargó la vieja izquierda en el país.

Gaviria lo dejó claro durante el Congreso del Polo, cuando dijo que “descreemos de la fuerza de las armas, cualquiera sea el actor que las esgrima, y ponemos toda nuestra fe en el vigor de los argumentos y en la energía incontenible del pueblo desarmado y convencido de que la razón y la justicia están de su parte”. Y lo ratificó al asegurar que el Polo aprendió a evadir la “trampa dilemática entre la seudodemocracia y la lucha armada”. Según él, “la primera ha servido para mantener al pueblo feliz en su situación miserable, convencido de que su infortunio es el producto de sus propias decisiones, y la segunda, para generar la ilusión de una victoria imposible, que mientras llega, y no puede llegar, suministra al régimen los mejores argumentos justificativos de su acción proditoria y devastadora”.

En el caso de Petro el discurso reafirma su tendencia de izquierda pero se esfuerza por marcar distancia frente a las ideas del antiguo comunismo. Según Petro, el Socialismo del siglo XXI (es más que casual que tenga el mismo nombre del partido del presidente venezolano Hugo Chávez) se diferencia del socialismo del siglo anterior en que reconoce las ventajas de la globalización por encima de las autarquías nacionales, critica la tesis de que los medios de producción deben estar en manos del Estado, prefiere el pluralismo y, especialmente, reivindica el proyecto democrático.

En el otro extremo del Polo está la corriente del alcalde Garzón, que no sólo ha hecho oposición sino que también sabe lo que es gobernar y que prefiere que el lugar del Polo sea el centro del espectro político. Sus diferencias frente a Gaviria y Petro, está claro, son ideológicas. El propio alcalde reconoce que nunca han ido a pedirle puesto en la burocracia de la ciudad. En cambio, han aprovechado para cuestionar algunas de sus políticas, situación que generó distancias entre el mandatario y el partido que lo llevó al poder.

Garzón también goza de un alto nivel de favorabilidad gracias a su carisma y sus indicadores sobre temas como la reducción de la violencia. Otro de sus activos es el pragmatismo con que ha manejado la alcaldía, que le ha permitido trabajar de la mano con el presidente de la República en temas claves como el desmonte del paro de transportadores, pero también cuestionarlo enérgicamente por asuntos como los montajes militares de los supuestos atentados contra Bogotá en época electoral o -esta semana- al exigirle que no engañe al país ocultándole que la causa del apagón del lunes fue un atentado terrorista.

Ambos sectores parecen estar creciendo y aunque es apenas lógico que sigan tendiendo diferencias, lo interesante del debate es que, por ahora, el afán integracionista ha podido más que las vanidades o intereses personales. Y eso, en últimas, es lo que más le sirve al Polo y al país.

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