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| 3/5/2007 12:00:00 AM

Policías evitaron que la tragedia fuera mayor

Al mando del capitán Carlos Alberto Cardona Estrada, tres agentes antiexplosivos desactivaron parcialmente la bomba que estalló el pasado sábado en la madrugada. El oficial iba a pedir la baja en un año.

Todos tenían la experiencia suficiente para desactivar una bomba. Sin embargo, las Farc se inventaron un doble mecanismo para neutralizarlo y el artefacto les estalló en la cara. Todo ocurrió en menos de seis horas el pasado sábado a las tres de la madrugada, luego de una llamada que alertó a las autoridades sobre un artefacto dejado en el medidor del acueducto al frente de la emisora "HJ Doble K", en el centro de Neiva. En el mismo sitio donde el jueves anterior casi matan a la alcaldesa Cielo González.

El capitán Carlos Cardona había nacido hace 33 años en La Tebaida, departamento del Quindío. Era el mayor de cuatro hermanos, el centro de su familia y padre de seis hijos que tenía con la subintendente Magaly Ortiz. Durante 14 años fue policía y ocho meses atrás había llegado a comandar la unidad de la Sijín en la capital huilense. "En un año iba a pedir la baja", dijo uno de sus familiares.

La historia de sus otros tres compañeros no es menos lamentable. El intendente Alexánder Peralta Collante era un barranquillero de 34 años y padre de dos niñas. En octubre del año pasado, perdió su mano izquierda con una granada de aturdimiento durante el simulacro de un atentado terrorista en el edificio de la Gobernación. A su lado estaba el subintendente Róbinson Londoño, el más joven de todos. Tenía 31 años de edad, nació en el municipio de Paicol y era padre de una pequeña de cinco años de edad. El cuarto del grupo era el agente Jhon Jairo Valdivia, de 37 años, llevaba 17 años como policía y cinco años en la Sijín. Tenía cinco hijos.

"Sabían que era una operación riesgosa y por eso intentaron hacerlo a la madrugada. Pero ellos no contaban con que la bomba tenía dos sistemas de desactivación y sólo encontraron un detonante. El otro quedó ahí", aseguró el comandante de la Policía en Huila, coronel Miguel Ángel Bojacá.

Este domingo, al centro de Neiva llegaron patrullas de la Policía llenas de agentes que iban a despedir a sus compañeros. Valdivia y Londoño fueron despedidos allí, mientras que el capitán y el subintendente fueron velados en sus ciudades de origen.

Las familias de los cuatro coincidieron en los rezos por sus vidas, pues sabían que el orden público en Neiva es difícil de controlar tal y como está. En el sepelio de los cuatro, los compañeros que sobrevivieron a los ataques no tuvieron otra opción que rezar desde el atril por quienes deben ahora tomar el mando de la situación: "la muerte de nuestros compañeros es dolorosa e injusta, pero sus vidas se fueron a cambio de la de muchos inocentes que hubieran podido caer en el lugar. Por ellos y por nosotros, recemos una oración".



















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