Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/01/03 00:00

"Poner el valor de la vida por encima de todo", el reto de Ospina

María Teresa Ronderos habló con el nuevo alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, sobre los desafíos de la capital vallecaucana para los próximos cuatro años.

Jorge Iván Ospina, nuevo alcalde de Cali.

Apenas acababa de cumplir 40 años cuando Jorge Iván Ospina fue elegido alcalde de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y tercera ciudad colombiana de dos millones de habitantes. Obtuvo la más alta votación en la historia reciente de Cali: 268.950 votos. Su triunfo sorprendió a todos, pues sin mayor trayectoria política, no tenía un partido fuerte que lo avalara. Ospina es médico graduado en La Habana, Cuba. Recién regresado a Bogotá, participó en el movimiento estudiantil que impulsó la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y alcanzó a iniciar estudios de especialización en cirugía plástica. Pero luego de una visita a una organización que trabaja con los más pobres habitantes de Cali en el populoso barrio de Aguablanca, resolvió quedarse a trabajar allí. Su logro más reconocido por los caleños fue la excelente gerencia del Hospital Universitario del Valle.

Cali también conoce a Jorge Iván por ser hijo de Iván Marino Ospina, uno de los fundadores de la guerrilla del M-19. Siendo aún estudiante en Cuba, había venido a Cali de vacaciones y se reunió en secreto con su papá, quien hacía poco había regresado a la clandestinidad luego del fracaso de las conversaciones del M-19 con el gobierno. Apenas alcanzó a estar con él por un par de días, cuando estalló un combate con el Ejército en el que su padre resultó abatido. El 28 de agosto de 1985 a las 6 y media de la mañana su papá murió en sus brazos.

Ospina, quien asumió la Alcaldía de Cali, llegó en un momento crítico. Fue la ciudad cívica de Colombia, la que le dio ejemplo al país en los setenta por la disciplina ciudadana, el desarrollo urbano armónico y la filantropía de sus empresarios. Pero lleva una mala racha: dos de los últimos cuatro alcaldes terminaron presos, luego de escándalos de corrupción. El narcotráfico la usó para construir allí un imperio de tan triste fama internacional que muchos en el mundo oyeron hablar del Cartel de Cali, antes que saber que la ciudad existía. Y como si el cielo tuviera alguna bronca especial con su sucursal salsera, la guerrilla no ha dejado de azotarla con atentados y secuestros. El episodio más trágico sucedió en junio pasado, cuando fueron asesinados once diputados del Valle, de los doce que en 2002 habían sido secuestrados por las guerrillas de las Farc en pleno centro de la ciudad.

María Teresa Ronderos: Después de cuatro administraciones malogradas en Cali, a manos de alcaldes populistas, mucha gente tiene miedo de que usted sea otra apuesta temeraria de los caleños que puede salir mal…
Jorge Iván Ospina: Efectivamente no formo parte de la tradición política y familiar de Cali. Soy alguien realmente nuevo. No he sido concejal ni diputado. Pero también la ciudad es nueva; una mayoría de su gente son inmigrantes recientes, negros y mestizos, que viene huyendo de la pobreza y la violencia del Pacífico colombiano. Entonces yo represento a esa nueva ciudad.

MTR: ¿Cuáles acciones clave emprenderá para sacar a Cali de sus crisis?
JIO: En lo primero que me concentraré es en lograr que Cali se reconozca a sí misma con su identidad negra, indígena, diversa. No podemos seguir aferrados a la nostalgia de volver a la ciudad cívica de los setenta. Cali es otra y si así lo acepta, podrá retomar lo mejor de esos años, pero construyendo hacia el futuro. Entonces voy a convocar a una asamblea donde estén representados todos los caleños y que de ahí salga el plan de desarrollo y el presupuesto de la ciudad. Lo tercero es conseguir mayor autonomía del gobierno local frente al nacional que tiene intervenida a nuestras Empresas Públicas, Emcali, y, por un convenio de desempeño que firmamos con la Nación, tenemos poca posibilidad de maniobra en la inversión y la gestión. Lo tercero que buscaré hacer es recuperar la confianza ciudadana en sus instituciones con una buena gestión. Si la gente no cree en el gobierno es imposible resolver los problemas.

MTR: Las finanzas de Cali están aún en estado delicado…
JIO: El Alcalde anterior entregó a una empresa privada el recaudo de impuestos, algo totalmente inaudito y costoso para la ciudad. Voy a buscar todas las causales posibles para anular ese contrato. Tenemos un presupuesto de 1,3 billones de pesos (unos 650 millones de dólares), pero los compromisos de pago de deuda son muy altos, así que tenemos que reorganizar la finanzas. No solo en función de sanear el déficit fiscal, sino sobre todo para atender el enorme déficit social. Voy a controlar la elusión y la evasión de impuestos, a recuperar Emcali para que en lugar de pérdidas le de dividendos a la ciudad y voy a cobrar un impuesto a la plusvalía a las transacciones de tierra de la ciudad.

MTR: La dirigencia caleña ha hecho un esfuerzo de planeación estratégica para el futuro del Valle y de Cali. ¿Va a tener en cuenta sus recomendaciones?
JIO: Hay que tener en cuenta lo que han hecho, pero la planeación de una ciudad tiene futuro en la medida en que sea colectiva, con los líderes barriales, los maestros, las asociaciones comunitarias. Yo voy a alimentar esa discusión con dos ideas fuerza: Cali tiene que estar de frente a su puerto de Buenaventura y no como ha sido hasta ahora que lo ha ignorado; tiene que pensarse en serio como zona metropolitana con las ciudades vecinas y tiene que tomarse igualmente en serio cómo pueden traer beneficios a toda la comunidad las utilidades enormes que está dejándole al sector privado de esta región la producción de biocombustibles a partir de la caña de azúcar.
MTR: El narcotráfico ha sido el karma de Cali; todo lo ha infiltrado, ha trastocado los valores y ha traído violencia y dolor. ¿Cómo enfrentarlo?
JIO: El narcotráfico, por el cual llegaron a entrar a esta ciudad 800 millones de dólares en un año en forma ilegal, fracturó las relaciones entre las instituciones y sus ciudadanos. Los llenó de desconfianza frente a la Policía, la administración de justicia, todo. Debemos superar ese fenómeno primero luchando contra el estereotipo en que nos metió el país y el mundo, como una zona roja de dinero fácil y muerte. Cali es una ciudad de empresarios creativos, es un centro universitario prestigioso, es cuna de talentos culturales, hoy ya apreciados internacionalmente. Lo segundo es decirle al mundo que Cali no puede asumir sola todos los costos del narcotráfico, cuando éste es un negocio cuya demanda está en otros países. Le doy un ejemplo: el 85 por ciento de las muertes violentas de la ciudad son con arma de fuego, y la mayoría de estas armas son importadas. ¿Qué están haciendo los países productores de armas para evitar que estas lleguen clandestinamente a esta ciudad?

MTR: ¿Pero en una ciudad con la mitad de la gente en la pobreza no es muy difícil resistir la tentación del dinero fácil del narcotráfico?
JIO: Hay que resistirlo desde lo cultural. Hay que construir una cultura de la responsabilidad ética, de la legalidad desde la escuela, pero también se pueden mostrar motivadores colectivos, que le muestren a la gente que desde lo legal y lo formal es posible progresar.

MTR: ¿Le ha servido la política de Seguridad Democrática del Presidente Uribe a Cali?
JIO: Sí ha tenido resultados en el campo y de ahí que hoy los grupos rebeldes ya no puedan acceder con tanta facilidad a Cali para hacer sus atentados y secuestros como se vio antes. Pero esa política no ha contribuido a bajar la delincuencia urbana. Hay 180 mil jóvenes en Cali hoy sin oportunidades de trabajo ni estudio, sin espacios culturales, ni deportivos. Hay que invertir en ellos para abrirles un futuro. El tratamiento de aquellas personas que ya están metidas de lleno en la delincuencia organizada es diferente. Hay que fortalecer la presencia y capacidad de inteligencia de la policía para desvertebrar esas bandas.

MTR: Una de las fuentes principales de la corrupción en Cali ha sido la relación clientelista del Alcalde con los concejales: él les da puestos y contratos y, a cambio, ellos le aprueban sus iniciativas. ¿Cómo piensa gobernar sin ceder a ese chantaje?
JIO: No tenemos una mayoría en el Concejo, pero pienso convocar a los concejales a que trabajemos por el bien común de la ciudad. Si eso no funciona apelaré a la ciudadanía para que me respalde.

MTR: ¿Cómo va a combatir la corrupción?
JIO: Voy a incentivar la creación y fortalecimiento de veedurías ciudadanas; a establecer la rendición de cuentas periódicas de parte de los funcionarios de mi gobierno y la permanente información a la ciudadanía de lo que se está decidiendo.

MTR: Usted recibió el apoyo del senador Juan Carlos Martínez, muy cuestionado por sus supuestos vínculos con el narcotráfico y por la cantidad de dinero que gastó en las elecciones de octubre pasado. ¿A qué se comprometió con él para conseguir su apoyo?
JIO: No sólo importa de quién recibe uno apoyos sino cómo los recibe. No recibí un peso del partido de Martínez, Convergencia Ciudadana, ni respaldé a sus candidatos al Concejo. Martínez, quien en dos elecciones anteriores había apoyado a mi contendor de esta vez, Francisco Lloreda, vino a buscarme. Yo tenía a todo el mundo en contra: al Polo, a los partidos uribistas, a los liberales. Yo lo acepté porque no tiene ninguna acusación de la justicia y porque me interesó que fuera negro y tuviera una gran ascendencia sobre la comunidad negra en Cali. No voy a darle puestos, ni a hacerle favores.

MTR: Eso suena muy ingenuo, más cuando el gobernador electo del Valle es Juan Carlos Abadía, aliado de Martínez e igualmente cuestionado por los vínculos de su padre con el narcotráfico…
JIO: Nuestro vino es amargo, pero es el nuestro. Después de 25 años de narcotráfico en el Valle, 30 de guerrilla y 10 de paramilitarismo, pretendemos que las personas que surjan vengan como de Marte. Creo que podemos convertir en el imaginario de la gente al gobernador electo Abadía en un monstruo y aislarlo y estigmatizarlo como tal. Yo creo en que a la gente hay que darle la oportunidad. Abadía tiene 28 años y puede escoger el camino de hacer un buen gobierno.

MTR: Aunque se haya equivocado al utilizar las armas para conseguir su objetivo político, su papá tenía unos sueños… una mayor inclusión y justicia social para los colombianos. ¿Cómo cree que su gestión pueda honrar esos sueños?
JIO: Esta ciudad tiene que llegar a respetar la vida, y a poner su valor por encima de todo lo demás. Para eso es que me metí en esto. Aquí mueren entre 8 y 10 personas diarias en forma violenta. En 2006 fueron 1740 caleños quienes perdieron su vida. Esto no puede seguir pasando

MTR: ¿Cómo va a entregar a Cali dentro de cuatro años cuando termine su gobierno?
JIO: Con una ciudadanía que ha construido su ruta para los próximos 20 años. Una ciudad que asume que el que no tiene de Congo tiene de Carabalí; es decir que es diversa racial y culturalmente. Una que ha recuperado su alegría, no la de la rumba, sino la de poder caminar tranquilo sin miedo a que la asalten o la roben; que cambió su modelo pedagógico por uno que refuerce su identidad y diversidad cultural; una que participa en la reconstrucción de su puerto de Buenaventura. Una ciudad con el centro renovado y con mayor autonomía en la ejecución del presupuesto.

 
(Una versión más corta de esta entrevista fue publicada originalmente en la revista online latinoamericana Terramagazine).


¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.