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| 6/27/2004 12:00:00 AM

Por la puerta de atrás

En momentos en los que el aumento de los índices de criminalidad en el Atlántico y Barranquilla está en su máximo apogeo, la salida del general Mario Ramírez del comando de Policía del departamento ocurre más por un enfrentamiento con los políticos locales que por la ola de crímenes que azota esta región.

Aun cuando la salida repentina del oficial se pudo leer y explicar como una respuesta a los pocos resultados en la lucha contra la delincuencia en el departamento, lo cierto es que las salidas en falso del oficial precipitaron su salida. Si bien se ha disparado la violencia en el departamento, particularmente la tasa de homicidios, con esos mismos argumentos se debería relevar a los comandantes de policía de varias capitales y departamentos del país azotados por el desmadre en el orden público.

Es que no se puede olvidar que este departamento viene de hacer una extensa purga por el escándalo de la droga devuelta a narcotraficantes y en el que se vieron involucrados desde el entonces comandante el general Francisco Estupiñán y varios oficiales y agentes.

Fuentes de la alcaldía señalaron a SEMANA que además de los pocos resultados e inoperancia de la policía, causaba gran malestar en la alcaldía que Ramírez controvirtiera públicamente las decisiones administrativas del alcalde, que en teoría es el comandante de la policía en la ciudad. En especial se recuerda un episodio en el que responsabilizó públicamente a la alcaldía de la pérdida por falta de gestión de unas cámaras de seguridad que habían sido donadas por la Presidencia de la República a la ciudad. El hecho era que las cámaras nunca se perdieron pero sí molestó el comentario público del general.

Lo que dicen en la alcaldía de Barranquilla es que entre el ex comandante del Atlántico y el alcalde Hoenisgberg nunca hubo química. De entrada Hoenisgberg nunca compartió las medidas de seguridad que implantó el comando de la policía para combatir la delincuencia como la restricción al porte de armas y al transporte de parrilleros en motos.

Para la alcaldía estas medidas, eran inocuas frente a la creciente ola de homicidios, que en lo corrido del año deja más de 383 personas asesinadas en el departamento, y de esas 250 solo en Barranquilla. En la administración distrital sostienen que a pesar de las medidas la gente sigue desconfiando de la institución y en ese frente no se habían hecho grandes avances.

Ramírez también tuvo controversias con uno de los gremios más fuertes de la ciudad, la Asociación de Comerciantes Undeco. De hecho la agremiación mostró su preocupación recientemente por el asesinato de 11 tenderos en lo corrido del año y reveló que en Barranquilla se cometen en promedio 30 robos diarios, cifra superior a los siete diarios que reportaba la policía. Por estos hechos también se presentaron disputas entre el gremio y el comandante de la policía.

En cierta forma, en un medio político como Barranquilla no calaba mucho que el comandante de la policía no aceptara las sugerencias de los políticos locales y que se molestara porque se le exigiera resultados, todo esto hizo que se generaran situaciones tirantes que en últimas precipitaron su salida.

En la alcaldía sostenían que como primera autoridad tenían que pedir resultados, por eso cuando el alcalde Hoenisgberg y el gobernador Rodado se reunieron la semana pasada con el director de la Policía la salida de Ramírez ya estaba cocinada.
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