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| 4/10/2007 12:00:00 AM

¿Por qué está fallando la estrategia de la seguridad democrática en el Valle?

Aún con el eco de la onda explosiva y en medio de los escombros por el potente carro bomba que explotó en la madrugada del lunes en Cali, los ciudadanos observan con temor que la delincuencia avanza sobre esta región del país.

En noviembre de 2006 una serie de explosiones, que duro tres días seguidos, puso en vilo la seguridad de los caleños. Tras la ola de atentados terroristas, el presidente Álvaro Uribe trasladó, sin límite de tiempo, al comando central de la Policía Nacional, bajo la dirección del general Jorge Castro junto con 300 efectivos a la Sultana del Valle. “También llamé al general Óscar Naranjo, director de la Dijín, para que asuma personalmente la responsabilidad del desmonte de las oficinas de cobro del narcotráfico que aun están azotando a Cali”, puntualizó Uribe en aquella oportunidad.

Cuatro meses después de sus anuncios y del refuerzo en la dirección de la Policía Metropolitana, donde llegó el general Luis Alberto Moore, la capital vallecaucana recibe el mayor atentado terrorista que se registra en los últimos 20 años en esta ciudad. ¿Qué está pasando?

El primero en reaccionar y pedir que se asuman responsabilidades fue Carlos Holguín, ministro del Interior y de Justicia, quien reconoció que posiblemente hubo fallas en la seguridad del comando de la Policía, que habrían facilitado la acción terrorista. “Es probable que haya habido falta de previsión y de vigilancia, porque no es lógico que se ubique un artefacto explosivo frente a un complejo policial tan importante”, señaló el Ministro de origen vallecaucano.

“La responsabilidad es mía y estamos analizando qué pudo haber fallado, pero este atentado no puede mirarse ajeno a nuestra acción contra los delincuentes a los que les hemos quitado explosivos, caletas, armamento y los hemos capturado. El terrorismo es una sorpresa, pero vamos a corregir lo que pueda haber fallado”, con esta frase salió al paso de las críticas el general Moore, quien asumió la dirección de la Policía de Cali en enero pasado.

Este oficial, que fue exaltado hace poco como el primer hombre de raza negra que alcanza la dignidad de general, visiblemente golpeado por el atentado, dijo que lo que podría estar detrás del atentado sería una perversa alianza entre las Farc y los narcotraficantes de la región, “no hemos descartado que sea una retaliación de los dueños de las caletas incautadas al comienzo del año”.

De cualquier manera el golpe contra la ciudad es de proporciones gigantescas. Eso queda en evidencia al detallar el balance consolidado sobre los daños que la explosión del carro bomba dejó: una persona muerta, 50 heridos, 35 familias afectadas, 20 locales averiados, 265 locales afectados en sus acabados y estructura exterior, cinco viviendas semidestruidas y el 70 por ciento del Comando de la Policía Metropolitana de Cali devastado.

Cali en la mira

Para el director nacional de la Policía, general Jorge Daniel Castro, el atentado confirma que Cali está en la mira de las Farc. “Ellos ven esta zona del país como su punto de acción, nunca con pretensiones políticas sino por seguir con el negocio del narcotráfico, ya que la ubicación de Cali y Valle es estratégica para sacar droga por el pacífico”, señaló el alto oficial, quien recorrió la zona del atentado junto con el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.

En su opinión la pelea con la guerrilla está casada, “pero los caleños deben saber que las estructuras asentadas en esta región, serán objeto de la guerra decidida y radical de la institución”.

Pese a los anuncios y revisiones que emprende la Policía ante el atentado, este evento esconde, según los conocedores del tema, una estrategia de largo aliento de las Farc. Para Fabio Cardozo, analista político, “el atentado responde al repliegue de la guerrilla en el sur del país, ante la ofensiva del Estado. Algo que se advierte desde hace meses y que el Ministro de Defensa ha dicho públicamente. Hay que mirar cuál es el plan de contingencia de la seguridad democrática para las zonas a donde, era presumible, se trasladarían la subversión, el tráfico de drogas y los cultivos ilícitos”.

De lo que habla Cardozo dan fe los múltiples informes de riesgo y alertas tempranas sobre la situación de toda la costa Pacífica, reportados desde las Defensorías del Pueblo y las Oficinas de Paz de los departamentos de Nariño, Cauca y Valle. Los informes registran desplazamientos masivos y recogen información que entregan las poblaciones afectadas por los actores armados, que se han movilizado a conquistar otros territorios ante la presión de las autoridades.

También permiten comprender los alcances de las nuevas alianzas entre facciones de los carteles de las drogas y la guerrilla. En Nariño, por ejemplo, en 2005 se incautaron 15 toneladas de coca en un lugar cerca de Tumaco, catalogado como el primer depósito de droga o centro de acopio, donde todos los actores: narcos, guerrilla y paramilitares, llevaban su parte para ser traficada hasta México (Ver informe especial de Nariño).

Este fenómeno que ayudaría a explicar el repunte del terrorismo en Cali, fue tema del editorial del diario El Tiempo. “Cuando empezaba el Plan Colombia, no pocos analistas previnieron al gobierno sobre el 'efecto balón' que la fumigación tendría sobre los cultivos y sobre el conjunto del negocio. No pasó mucho tiempo antes de que el epicentro de la siembra, producción y tráfico se trasladara del Putumayo a Nariño. Poco después se extendió hasta bien al norte de Buenaventura la metástasis del cultivo de coca, la instalación de laboratorios, la llegada de grupos armados y todo tipo de alianzas con la guerrilla en las zonas rurales y las milicias en barrios marginales. La violencia brutal que acompaña todo este proceso se ha ido apoderando de lugares hasta no hace mucho considerados paraísos, con la gente más pacífica –y más pobre– del mundo”.

Volviendo al plano local, aunque las autoridades no descartan otras hipótesis, hasta ahora han señalado a las Farc como responsables del bombazo contra la Policía de Cali, que sería, al parecer, otro hecho en desarrollo de un plan denominado Cali a oscuras, que el Comando Conjunto de Occidente pretende adelantar desde hace un año en la capital vallecaucana.

Alfredo Rangel, otro analista político, dijo al diario El País que “la pretensión de las Farc es reactivar su plan de urbanizar el conflicto, a partir de la activación de las milicias que le fueron neutralizadas por los organismos de seguridad del Estado hace algunos años, como la Manuel Cepeda en el caso de Cali”. De hecho el grupo guerrillero decidió replegar este comando, que operaba en la ciudad y reemplazarlo por integrantes de la columna Gabriel Galvis, expertos en explosivos.

Considera Rangel que para desarrollar su plan, al parecer uno de los métodos que el grupo guerrillero va a seguir utilizando es el terrorismo urbano. Esta visión coincide con una constante que se observó durante los atentados de noviembre de 2006 en Cali: milicianos de las Farc contrataron delincuentes comunes y oficinas de sicarios, para aumentar su efectividad e impacto en el terrorismo.

Este modo de operar pareció haberse neutralizado con la desmovilización de aproximadamente 200 milicianos en los últimos meses, hasta el carro bomba de la noche del lunes.

Un lunar muy visible

Si la tesis sobre un repliegue estratégico de las Farc, las nuevas alianzas entre narcos, guerrilla y paramilitares, para tomar el control del Pacífico y el occidente colombiano, ya se discute ante la opinión pública a través de los medios de comunicación, ¿no es hora de un cambio en el plan de choque por parte del gobierno nacional y sus Fuerzas Armadas?

Algunos informes de inteligencia, a los cuales ha tenido acceso SEMANA, dan cuenta de esta ofensiva. La Tercera División del Ejercito, por citar un ejemplo, calcula que son 1.500 los hombres han desplegado las Farc en las cordilleras Central y Occidental y las selvas del Pacífico, con el propósito de cercar a Cali. De otro lado agencias del estado como el DAS y la Dijín, coinciden en su interpretación de la situación. “La cuestión aquí es que el narcotráfico, en todas sus formas, no puede renunciar a Cali, porque este es el centro poblado más importante en una región que ofrece el mejor corredor estratégico para su negocio. Esa es la gran tragedia y el reto que le plantean al Estado los grupos ilegales”, explica una fuente, que pertenece a uno de estos organismos y que pidió la reserva de su identidad.

Esto devela que el plan de las Farc y los demás grupos interesados, es de una gran magnitud. Una lucha a muerte por el poder territorial que les dé acceso a todo el conjunto del Pacífico y paso fácil hacía el interior del país por las fronteras de Cauca, Tolima y Huila, para continuar con el negocio del narcotráfico. El peligro inminente es que los atentados terroristas en Cali se vuelvan recurrentes.

En el primer consejo de seguridad, que presidió el ministro Santos, se tomaron tres medidas para luchar contra esta amenaza latente: promover la colaboración de la ciudadanía con la denuncia oportuna de personas o hechos delictivos; intensificar el pago de recompensas, que ha demostrado ser un mecanismo útil para dar con los responsables, esta vez se ofrecen 1.000 millones de pesos para quien entregue información que ayude a dar con el paradero de los autores del carro bomba; y por último, aumentar el trabajo de inteligencia urbana en los sectores de reconocida presencia subversiva, no sólo en Cali sino en las ciudades intermedias del Valle.

La violencia desbordada en Cali y Buenaventura, así como en otras zonas del Pacífico colombiano, requiere atención especial por parte del gobierno nacional. Los habitantes de esta región se acostumbraron a ver al presidente Uribe y su amplia comitiva, desfilar por las desoladas calles cada vez que se repiten las acciones terroristas, ahora piden no sólo la presencia sino la acción efectiva que detenga a la delincuencia. En especial si desde el alto gobierno se reconocen las amenazas que acechan al occidente del país y, de manera precisa, a Cali su capital, como lo confirmaron los ministros Santos y Holguín, quienes coincidieron al admitir que las Farc declararon objetivo militar a la Sultana del Valle desde hace varios meses.

Otro tipo de anuncios, como que la ofensiva terrorista en el Valle dificulta y pone en vilo el Acuerdo Humanitario, o los que intentan explicar que esa ofensiva guerrillera tiene su origen en la cercanía de Cali, con los municipios de Florida y Pradera, solicitados como escenario de una eventual zona de despeje para iniciar diálogos entre el gobierno y las Farc, tentación en la que han caído los representantes del gobierno nacional, no son convenientes y despistan a la opinión pública, que presiona por resultados concretos, mas que por discursos con mensajes cifrados.

Las manifestaciones de apoyo ante el atentado en Cali no se han hecho esperar, tanto por parte del gobierno nacional, pasando por el gobernador del Valle, Angelino Garzón, el alcalde Apolinar Salcedo y la sociedad civil. Muestra de lo anterior es la marcha que se organiza para ratificar el rechazo al terrorismo y que se desarrollará este jueves, en la que se convoca a toda la ciudadanía. Una manifestación importante y oportuna, para despejar cualquier duda respecto al sentimiento caleño, pero que deberá estar acompañada de una acción integral de la Fuerza Pública, pues por sí sola no detendrá el terrorismo.

Eso lo sabe bien el presidente Álvaro Uribe quién desde México informó que el tema de Cali hay que resolverlo entre todos. Él, por su parte, se comprometió a trabajar más –incluso pensó en suspender su visita para viajar de inmediato a la capital del Valle- porque cómo él mismo dice: “A mí me duele”. Su sentimiento lo explica al reconocer que algo no está funcionando bien en Cali y en el Valle con la política de Seguridad Democrática. Sin duda, el lunar más visible en los evidentes avances que se perciben en el resto del país donde hoy la gente se siente más segura que hace cinco años. No ocurre lo mismo aquí pues hace cinco años las Farc llegaron y a la luz del día se llevaron a los diputados de la Asamblea Departamental. Y ahora, en la oscuridad de la noche un carro bomba explotó frente a la sede de la Policía.

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