Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/04/13 00:00

¿Por qué está prófugo el coronel Rodrigo González?

El oficial está acusado de paramilitarismo. Sin embargo, él alega su inocencia y considera que se limitó a cumplir a cabalidad su misión de combatir a los grupos armados ilegales. Sobre él recae una orden de captura por supuestas relaciones con estos grupos de extrema derecha. Informe Especial.

El coronel Rodrigo González no quiere darle la cara a la justicia. Aunque tiene una orden de captura en su contra, confía en su inocencia.

Ya han pasado más de dos meses desde cuando una fiscal ordenó la captura del coronel Rodrigo González. En todo este tiempo, el ex oficial se ha refugiado en la clandestinidad. La única noticia que se tiene de él es que “habita lejos de los cascos urbanos”, según manifiesta su abogado, Pedro Layton.

González es el ex oficial de más alto rango que hoy está prófugo de la justicia señalado de tener vínculos con paramilitares. Lo acusan por la muerte de 12 personas, la desaparición de cinco y el desplazamiento de unos 3.000 campesinos.

Según su contraparte, asumió una actitud pasiva frente a todo lo que ocurría en la región del Sumapaz (Cundinamarca) entre 2003 y 2004. Aquella zona estaba bajo su control en esa época, cuando fue comandante del batallón Colombia No. 28.

Mientras él estuvo en ese cargo, allá se derramo mucha sangre, especialmente en el municipio de Viotá. Éste es considerado el centro desde donde la guerrilla quería llegar a Bogotá y cuna del comunismo en Colombia. Allí nació el ala fuerte de las Farc y todavía es habitado por muchos parientes de guerrilleros.

Según el Observatorio de Paz de la Vicepresidencia de la República, para esos años los frentes 22 y 42 de las Farc veían en las poblaciones cercanas a Bogotá el centro estratégico para cercar la capital del país.

A ese plan, le hicieron frente las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC). “En 2002, las autodefensas se trazaron dos objetivos principales: tener presencia en buena parte de los cascos urbanos del occidente de Cundinamarca y construir una especie de herradura en torno a Bogotá. Así querían impedir la expansión de la insurgencia y el debilitamiento de su poder amenazante sobre la capital”, dice en informes publicados por el Observatorio de Paz.

Aquellos grupos que pretendían defender la toma guerrillera de Bogotá se expandieron y lograron gran influencia en la región. Paralelo a lo que ellos hacían, la Fuerza Pública desarrolló la operación ‘Libertad Uno’, para replegar a la guerrilla. Y fue eficiente. Según los registros, las Farc mermaron notablemente su presencia en la zona.

A pesar de que el territorio estaba habitado por ambos grupos ilegales, las cifras muestran cierta tolerancia hacia los paramilitares en todo el departamento. Los reportes da cuenta de que en aquella época la Fuerza Pública sostuvo 352 combates contra grupos armados ilegales. De éstos, 338 fueron contra las Farc y sólo 14, contra los ‘paras’.

Como consecuencia de los enfrentamientos, murieron 474 guerrilleros y 16 paramilitares. El Sumapaz siempre fue territorio de combates, por ser región estratégica para llegar a la capital. Informes de prensa cuentan que allí el matrimonio entre los soldados y los paramilitares de ‘Martín Llanos’ era de pleno conocimiento de todos los habitantes de la región.

Para ese entonces, los militares que operaban en la zona estaban al mando del coronel González. Él asumió el cargo el 18 de enero de 2003 y sabía bien qué se iba a encontrar.

Guerra avisada

En esa fecha, llegó a comandar el Batallón Colombia No. 28 uno de los ocho mejores coroneles del país. Sobre su pecho colgaban todo tipo de medallas y reconocimientos por buenos resultados en operaciones militares y buen comportamiento.

Cuando recién ajustaba un mes en su cargo, el 25 de febrero, recibió un radiograma del comando del Ejército. “Gracias a informaciones de la población civil, se tiene conocimiento de la presencia de 12 terroristas de grupos paramilitares. Portaban armas largas y vestían prendas de uso privativo de las Fuerzas Militares. El informante manifiesta que, al parecer, las tropas del Ejército mantienen vínculos con los terroristas. Dicho civil manifiesta que quien coordina esas actividades es un capitán”.

Detrás de esa relación que en ese comunicado se le anunciaba al coronel, había toda una serie de acontecimientos.

Era sorprendente. Personas armadas andaban por las calles de Viotá sin ningún tipo de controles. Entraban a las casas, con lista en mano, preguntaban por personas que luego desaparecían definitivamente o aparecían muertas después de ser señalados como ayudantes de la guerrilla. Así consta en varios testimonios que reposan en el expediente del coronel González y que conoció Semana.com.

Una de las declaraciones más contundentes, la da un concejal. Dice que “lo que yo miraba respecto de la actitud de la Policía, el Ejército y los paramilitares es que comían en un mismo plato. Se veía que los paramilitares se paseaban por el pueblo, estando militarizado”.

Era tanto el conocimiento de aquella relación, que para el 11 de mayo de 2003 llegó otra comunicación al comando del batallón. Era de un mayor del Ejército. Por escrito, advertía de una operación que realizarían sus hombres en contra de grupos paramilitares en jurisdicción del Batallón Colombia.

El mayor comentó que la haría su unidad, porque “se puede presentar infiltración de la información, debido a que está dirigida contra grupos de autodefensas ilegales y se tiene conocimiento de que existe un alto grado de penetración hacia la tropa (del Batallón Colombia) por parte de dicho grupo al margen de la ley”.

¿Le desobedecieron al coronel?

Ya eran varias quejas. Muchos anuncios suficientes para tomar riendas en el asunto. Y así lo hizo el coronel González. Por lo menos, así está escrito.

Semana.com conoció documentos donde consta que él fue insistente ante sus tropas impidiéndoles que tuvieran cercanía con paramilitares. En algunos apartes del libro Centro de Operaciones Técnicas (COT), del Batallón Colombia, quedó registrado que el coronel les dijo a sus hombres que “las autodefensas están haciendo presencia muy fuerte en el departamento. Debemos verificar que las tropas estén en el sitio que dicen estar”.

En otra ocasión, dijo que “el 80 por ciento de los campesinos manifiesta que fueron obligados a movilizarse. Indudablemente, hay una presencia de las autodefensas”.

Para el 24 de marzo de 2003, cuando apenas llevaba tres meses de comandante, les había dicho a sus hombres en seis ocasiones que tenían terminantemente prohibido trabajar de la mano con los ‘paras’. Fuera de eso, hay constancia de que los hizo firmar documentos donde les advertía las consecuencias legales que puede tener un militar cuando opera junto con delincuentes.

Sin embargo, las historias de los traumáticos episodios de desapariciones y muertes en las narices de los soldados no pararon. Sus recuerdos reposan ahora como pruebas en el extenso expediente con que se busca juzgar al coronel González.

Declaraciones reveladoras

Pese a los archivos que hablan de las palabras del oficial frente a su tropa, el sargento Harold Pejendino culpó al coronel de nexos con paramilitares. Dijo que González se había reunido con cabecillas del grupo ilegal para planear la manera de sacar a los guerrilleros de la zona. Agregó que incluso recibía un salario de 30 millones de pesos mensuales por su colaboración con los ‘paras’.

Su testimonio fue crucial para dictar orden de captura contra su comandante. Esto ocurrió a pesar de que la Procuraduría y la Fiscalía ya habían manifestado que aquellas versiones no eran lo suficientemente creíbles. Las razones que dieron ambos entes eran que aquel suboficial se basó en rumores que supuestamente había escuchado de personas que ya están muertas y que no se pueden verificar.

Semana.com conoció los documentos en que ambos emiten su decisión y allí consta que las dos instituciones definieron que incluso había testimonios en los que se basaba Pejendino cuyas procedencias eran increíbles, según quedó registrado.

Por ejemplo, encontraron difícil de suceder que una persona en una moto se le arrimara sin más ni más al sargento para hablarle de las relaciones que mantenía el coronel con los paramilitares. Para la Procuraduría y la Fiscalía, en casos similares se basaba el supuesto conocimiento que tenía el suboficial sobre las malas andanzas de su comandante.

Los entes también encontraron que en el extenso expediente, esas eran las únicas declaraciones que se referían directamente al coronel González. De los 20 testimonios, ninguno se refiere de manera explícita hacia el oficial, de acuerdo con las decisiones que tomaron la Procuraduría y la Fiscalía.

Pero más tarde, se ordenó la captura de González. Lo que ocurrió fue que el caso lo asumió otra fiscal y ella consideró que sí había razones para detenerlo y fue cuando emitió la orden el pasado 5 de febrero.

Cuando se supo aquella noticia, hubo un boom. El testimonio de Pejendino salió a flote. Era sorprendente. Lo que pocos analizaron fue quién era ese sargento.

Los habitantes de Viotá cuentan que Pejendino hacía labores de inteligencia para detectar a supuestos ayudantes de la guerrilla y entregarles la información a los paramilitares. Además, se paseaba con encapuchados señalando a personas que luego morían o desaparecían.

A pesar de que sabía de la relación entre soldados y ‘paras’, nunca denunció nada y era ficha clave en ese matrimonio. Todo eso lo confirmó la propia Fiscalía.

Tan grave como sus acciones, era la cercanía con su comandante, el capitán Edgar Arbeláez, comandante de la compañía Cometa, del Batallón Colombia. Ese cuerpo de hombres era el encargado del control en Viotá, donde más se vieron alianzas entre soldados y paramilitares en aquella época.

A Arbeláez lo mencionaban en muchas historias. Los concejales, decían que los amenazaban y hasta la gente se sentía incómoda por la forma como los trataba. Una señora denunció que se burlaba de su pena luego de que su esposo fue desaparecido señalado de ser ayudante de las Farc.

Incluso, él mismo intimidaba a la gente acusándolos de ser auxiliadores de los guerrilleros y era frecuente verlo con personas que, se sabía, eran comandantes paramilitares. Así consta en los testimonios de su expediente.

De esa manera solían actuar estos dos militares, a pesar de que cuando el coronel le decía a su tropa que no actuaran de la mano de paramilitares, también se refería a ellos, porque eran sus subalternos. Pero sus acciones mostraron que nunca obedecieron. La discusión es si el coronel debe o no pagar por esa desobediencia de sus soldados.

Pánico silencioso

Sin embargo, la presión desde el comando permanecía. En una llamada que se le interceptó a Arbeláez, le dice a alias ‘César’, un jefe paramilitar de la zona, que tiene que presentar un positivo. “Al man de allí va a tocar darle un positivo porque está enredado”, le dijo a su interlocutor, refiriéndose al coronel González, según han establecido las investigaciones judiciales.

Al poco tiempo, Arbeláez presentó dos cadáveres como paramilitares muertos en combates. Luego, la justicia falló diciendo que se trataba de dos civiles que nada tenían que ver con el grupo y que no murieron en ningún enfrentamiento. Por eso, este capitán está pagando 410 meses de prisión.

Esos episodios generaron desconfianza de los pobladores hacia la Fuerza Pública. Nadie se atrevía a denunciar. El miedo era encontrar castigos en vez de apoyo. Ese era el rasgo común. Para ellos, todos los uniformados eran sospechosos.

Por eso, nadie puso denuncias serias. Ese es el argumento que el coronel usa para aclarar que no abrió investigaciones contra sus hombres, según dice su abogado. Él tiene pruebas donde se puede constatar que González le envió cartas a la Fiscalía pidiendo que le enviaran un funcionario para que recibiera las denuncias de la gente.

Así, quería que hubiera alguien que pudiera generarle más confianza a los pobladores, para que denunciaran y se pudieran abrir las investigaciones pertinentes. Eso dice en su expediente.

Las respuestas a esas cartas fueron negativas. La Fiscalía argumentó falta de presupuesto para cumplir la solicitud. Esas son las pruebas que presenta el coronel ante la justicia. No se ha presentado para su captura, porque cree plenamente en ellas.

Y mientras se refugia en el campo, los familiares de las víctimas de sus hombres claman porque haya alguien que pague por sus muertos.

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