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| 10/12/2006 12:00:00 AM

Por qué el estilo del Ministro de Defensa consiste en ir cada vez más al ataque

Juan Manuel Santos eleva cada vez más el tono contra sus interlocutores en los diferentes escenarios. Su última andanada fue este miércoles en el Congreso. Los liberales lo acusaron de “irrespetuoso”. ¿Qué busca el Ministro con esta estrategia?

La línea de acción del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, es la de ir al ataque. Eso ha quedado en evidencia en sus últimas comparecencias al Congreso en donde con frecuencia ha elevado el tono, en otras ocasiones ha sido cortante y en otras tantas hasta irrespetuoso. Estos son los juicios de valor no sólo de sus adversarios políticos sino, lo más sorprendente, es que así también piensan algunos miembros del Partido de La U, fundado y dirigido por él hasta hace muy poco tiempo.

La última escalada verbal del Ministro en el Congreso fue el miércoles. En la mañana, en la comisión segunda en el debate sobre el caso de los ‘montajes’ del Ejército; y en la noche, en la plenaria, cuando acudió al estudio del proyecto por el cual se regulan los gastos reservados del país.

El impacto conseguido por Santos en los dos escenarios tuvo unas consecuencias monumentales que seguro alterarán su agenda. El senador Juan Manuel Galán dijo que el Ministro debía “asumir su responsabilidad política” por lo que “debería renunciar” mientras que la bancada liberal se retiró del recinto y lo calificó de “ofensivo, irrespetuoso e intolerante”.

En días previos, el Ministro también había enfilado baterías contra el senador Gustavo Petro, del Polo Democrático, y contra el jefe de Cambio Radical, el senador Germán Vargas Lleras. Con el primero mantiene desde hace tiempo una batalla ideológica mientras con el segundo ha entrado en un pulso porque ambos se sienten con derechos ganados para suceder al presidente Uribe en 2010.
Y antes de su nombramiento como ministro, Santos era un caracterizado enemigo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Es decir, que el Ministro se mueve en un ring en el que no le faltan adversarios.

Su última gran pelea fue además de Juan Manuel Galán contra la también senadora liberal Cecilia López. Ocurrió por haberlo citado a un debate sobre los ‘montajes’ de los atentados militares.

“El Ministro tiene todo el derecho a defenderse, pero no puede utilizar la memoria de Luis Carlos Galán para agredir a su hijo”, dijo el senador Juan Fernando Cristo, vocero de la bancada liberal. Según Cristo, el debate era entre Juan Manuel Galán y Juan Manuel Santos y no había razón para incluir en él al inmolado dirigente liberal. “Al Ministro tampoco le habría gustado que le dijeran que él no es Eduardo Santos. Se trata de respetar al interlocutor”, señaló Cristo.

Y es que la actitud del Ministro fue tan violenta que hasta los mismos defensores del gobierno creen que se excedió en comentarios. Dos congresistas conservadores que lo vieron regañar a Galán comentaban durante la sesión de la comisión que “Santos gastó innecesariamente su munición”, porque el fiscal general de la Nación, Mario Iguarán, ya le había dado razón a sus argumentos a favor de los militares implicados en el escándalo y no era necesario agredir personalmente a sus contradictores.

Un hecho innecesario porque Santos ya tenía previamente el debate ganado. En efecto, el Ministro había aprovechado el espaldarazo de la Fiscalía y las mayorías del gobierno en el recinto para actuar de tal manera que parecía que él fuera el citante y no el funcionario cuestionado. Muchos de los asistentes creen que le sobró razón para evitar que los militares hablaran en el Senado, pues están involucrados en una investigación que se puede ver truncada por la publicidad de sus testimonios. Sin embargo, opositores y uribistas sostienen que Santos tenía muchas formas para hacérselo saber al Congreso sin necesidad de agredir a sus contradictores.

Para Álvaro Navas, analista de la Universidad Externado, el caso del Ministro involucra dos ingredientes: el de su personalidad, acostumbrada a decir las cosas como las siente, y el de su necesidad de posicionarse como figura principal en el gobierno Uribe.

Esa misma percepción ronda por los pasillos del Congreso, en donde es claro que Santos entró al gobierno para legitimar desde el Ejecutivo su ya vieja aspiración presidencial. La cartera de Defensa es el escenario de mayor visibilidad en un gobierno preocupado especialmente por el fortalecimiento de la seguridad del país y su titular parece dispuesto a capitalizar esa ventaja a como dé lugar.

Por esta razón la senadora Cecilia López considera que al Ministro se le devuelve también el argumento de que la citación tenía móviles políticos: “Es él quien tiene intereses políticos que le impiden encarar un debate con altura y sin atropellar. El afán de figuración y la intolerancia lo llevan a irrespetar a la gente”.

La apuesta de Santos puede darle frutos a largo plazo si se tiene en cuenta que la mayoría de los temas de la agenda pública pasan por su cartera. Al fin y al cabo dejó entre algunos de los asistentes al debate la sensación de que el debate sobre los montajes fue un montaje. Incluso su actitud no sólo lo beneficia a él , sino que puede hacer parte de una estrategia del gobierno para sacurdirse de tantas malas noticias ocurridas desde la segunda posesión de Uribe.
 
Sin embargo, corre también el riesgo de estrellarse frente a un Congreso en el que comenzó a agrietarse la unidad uribista y los proyectos del gobierno parecen tener problemas para salvarse. Los analistas le sugieren prudencia, los legisladores le exigen respeto y la historia reciente le tiene varios ejemplos de que -incluso tratándose de ministros cultos y refinados como Fernando Londoño o Jorge Alberto Uribe, su antecesor en el cargo-, la experiencia puede ser muy amarga cuando se granjean el rechazo del Congreso.

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