Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/08/07 00:00

¿Por qué Florida y Pradera?

Las FARC insisten en que dos municipios del Valle, estratégicamente ubicados, sean el escenario del intercambio humanitario. ¿Qué hay detrás de su exigencia?

¿Por qué Florida y Pradera?

Raúl Reyes, como vocero de las FARC, reiteró la semana pasada la exigencia de que se constituya una "zona de seguridad" en la zona montañosa de Pradera y Florida, dos municipios ubicados en el sur del departamento del Valle, para un eventual intercambio humanitario. De inmediato el gobierno, a través de del ministro del interior, Sabas Pretelt, reiteró que no acepta esta condición. De todas las talanqueras que tiene el intercambio humanitario, esta parece la menos complicada. Sin embargo, no es así. ¿Qué pretenden las FARC con su solicitud? ¿Cuáles serían las implicaciones estratégicas de un despeje allí? ¿Puede el gobierno ceder?

Por un lado la propuesta de las Farc ha sido bien calculada en lo militar. Las FARC han estado en las montañas de estos dos municipios prácticamente desde que fueron fundadas. Su ubicación es estratégica. "Estos municipios están articulados a una red de corredores que las FARC insisten en recuperar y que les dan control sobre el norte del Cauca, el Tolima, el Huila y el lado oriental que ha sido su zona histórica" dice Camilo Echandía, profesor de la Universidad Externado. Esa movilidad es esencial para las FARC porque le significa un respiro en medio de la ofensiva militar del Plan Patriota. Y, de paso, le sirve como una ruta para el narcotráfico, pues desde allí hay mayor acceso a las costas del Valle y Chocó donde han aumentado los cultivos de coca y la ofensiva militar es casi nula.

Para muchos observadores de la región la desmilitarización de esta zona no cambiaría para nada la situación actual. Según un estudio que realizó el mes pasado la Oficina de Paz del Valle, "hoy en la zona rural montañosa de Pradera existe presencia de las Farc y no hay puestos de policía ni bases militares". Por el contrario, el General Hernando Pérez, comandante de la Tercera Brigada, asegura que en la región hay dos batallones actuando en el marco de la operación Fuego Azul II.

Además de lo militar, las condiciones políticas son relativamente favorables. La opinión pública vallecaucana quiere el intercambio humanitario y autoridades como el gobernador Angelino Garzón, y los alcaldes de los dos municipios en cuestión también le apuestan a la concreción del acuerdo. Lo mismo ocurre con los indígenas que habitan la región (los resguardos Kwet Wala y el Nogal, de Pradera, y San Juanito y Nasa Tha de Florida). "Preferimos apoyar un proceso de diálogo entre gobierno y guerrilla, aunque nos toque poner el territorio, que seguir poniendo los muertos en esta guerra que no es nuestra", aseguró Luis Ángel Perdomo del resguardo Kwet Wala.

Para el anterior gestor de paz del Valle, Fabio Cardozo, "esa región en particular, reúne las condiciones necesarias para servir de escenario humanitario en la definición del acuerdo. Le ofrece confianza a las Farc dada su trayectoria en el área y no representa los desafíos militares que existen en otras zonas del país".

Por el contrario, el gobierno piensa que las FARC están buscando una ventaja táctica, bajo la mampara de un gesto humanitario. Pero ¿es tan crucial la ventaja que pueden ganar las FARC como para abortar la posibilidad del acuerdo? Este es el dilema al que se enfrenta el gobierno poniendo en un lado de la balanza sus cálculos militares y políticos, y en otro lado, la insostenible circunstancia de unos secuestrados que llevan entre 7 y 3 años en cautiverio.

La zona de seguridad es el primer pulso que tienen que librar guerrilla y gobierno. La mera aceptación de esta figura le significaría que las FARC pudo doblar la voluntad política de Uribe, quien desde el primer momento de su gobierno se ha negado a cualquier tipo de despeje con este grupo. Pero en el actual momento electoral Uribe necesita equilibrar su imagen de guerrero, con la de hombre que deja un margen de acción para la paz. De esa inflexión obtendrá, seguramente, valiosos réditos políticos. Pero también su enemigo aprovechará la ocasión.

Aún si se aceptan estas montañas como una zona especial para el intercambio, un nuevo pulso, más difícil aún será ¿por cuánto tiempo? ¿Cuánto territorio sería despejado?

Después del cruce de comunicados entre los voceros del gobierno y de las Farc la semana pasada, la sensación es que nunca, durante la presidencia de Álvaro Uribe, se ha estado tan cerca de que ambas partes se sienten cara a cara. Lo que no debe olvidar ninguna de las partes es que más allá del "Poker" que se están jugando, está las esperanza de cientos de compatriotas que tienen a sus familiares secuestrados, con esto no se juega.

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