Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/07/04 00:00

Por qué fracasaron los grandes

Eduardo Arias, hace un análisis de lo que sucedió en la Eurocopa 2004.

Por qué fracasaron los grandes

La Eurocopa 2004 terminó con el inesperado triunfo de Grecia que, junto con Letonia y Suiza, eran hace unas pocas semanas las cenicientas del torneo. Un desenlace muy merecido, pues Grecia derrotó dos veces a Portugal, tuvo mucho que ver en la eliminación de España, sacó al superfavorito Francia y le cortó las alas a los checos, el hasta entonces considerado mejor equipo del torneo. Este final ha puesto a pensar a más de un aficionado acerca de las tan promocionadas y bien pagadas estrellas que poco o nada hicieron en el torneo. Portugal, que comenzó tan mal ante los griegos y que no mostró mayor cosa hasta su partido de semifinal contra Holanda, se benefició de las deficiencias de España, Inglaterra y la propia Holanda para ser finalista. En esa instancia volvió a mostrar sus limitaciones, a pesar de que cuenta con grandes figuras muy promocionadas como Figo, Rui Costa, Couto... Los griegos, un poco como el Once Caldas, fueron muy conscientes de sus limitaciones y aprovecharon al máximo sus fortalezas para dar una soberbia lección de humildad.

En chiste pero también en serio se puede decir que en el único momento que vimos grandes jugadas de las superestrellas de la Euro 2004 fue el el comercial de Adidas de las motonetas en las que Zidane, Raúl, Beckham y compañía viajan a Lisboa.

¿Y por qué fallaron los grandes? No es fácil responderlo. Cada caso parece mostrar razones comunes a todos (jugadores que llegan cansados porque juegan dos torneos muy exigentes a la vez) pero también otras muy particulares. Para comenzar, Francia. Es muy difícil detectar cuándo un gran equipo, como la Holanda de Gullit y Van Basten, entra en declive. Puede ser que Francia haya dado su máximo en la Eurocopa de 2000 y que ahora, a pesar de la renovación, ya no sea el gran equipo que parece ser. Lo de Francia no parecía cansancio o displicencia, más bien incapacidad del equipo para mantener una línea de juego armónica. A lo sumo eran ráfagas de Zidane, de Henry, poco más... Los dos triunfos que lograron y el empate ante Croacia se debieron a jugadas individuales y errores del rival, y de ráfagas de inspiración más que de una estrategia.

España siempre es el gran enigma. ¿Por qué fracasan tan seguido y de manera tan aparatosa si cuentan con tan buenos jugadores -a cada rato triunfan en torneos internacionales de clubes- que, sin excepción, se matan en la cancha? Me considero incapaz de responderlo y me declaro impedido de caer en la fácil, la de todos, la de siempre: es culpa de los técnicos. De pronto es el afán de responder al favoritismo con el que llegan, un exceso de presión que se traduce en un juego apresurado, incoherente...

¿Y qué tal Alemania? Su estancamiento parece estructural. Aunque salieron subcampeones en Corea-Japón -a la final llegaron a los trancazos, valga recordar-, desde la Eurocopa de 1996 va a la deriva. De tarde en tarde aparecen jugadores talentosos como Ballack pero aquellos equipos demoledores parecen cosa de un pasado cada vez más remoto. Otro caso difícil de explicar es el de Holanda, que desde 1988 no logra que la suma total sea más que la suma de sus partes, varias de ellas reconocidas estrellas que han logrado títulos internacionales y mundiales a nivel de clubes. Dan la sensación de no estar del todo convencidos de lo que hacen, de lo que serían capaces de hacer si no fueran tan fríos.

Lo de Italia e Inglaterra amerita una lectura distinta. A los italianos, vaya uno a saber por qué, les encanta renegar de su talento natural. Arrancan con todo, como contra Suecia, hacen un gol y se echan a tras, le regalan el balón al rival y se exponen a que los empaten. A eso jugaron en esta Eurocopa y en el Mundial de hace diez años y así les fue. Luego se quejan de complots, de arbitrajes amañados (como los que en efecto padecieron en el Mundial pasado) pero olvidan que el peor enemigo de Italia es Italia.

Lo mismo puede decirse de Inglaterra. En su isla juegan al ataque, con generosidad y cuando cruzan el Canal de la Mancha se vuelven miedosos, a lo sumo intentan contragolpes para ver si se ganan la lotería, como ocurrió ante Francia y Portugal, partidos que empezaron ganando y terminaron perdiendo por regalarle el balón y el campo al rival. Ante Portugal fue de veras insólito. Hicieron un gol al comienzo, le regalaron el balón a Portugal que empató y luego se fue en ventaja. En ese momento volvieron a ser Inglaterra la de la isla y en cinco minutos lograron el empate. Si hubieran jugado así aunque fuera media hora nada de raro que hubieran llegado a la final.

¿Qué tanto afecta el exceso de publicidad y de compromisos por fuera de las canchas a superestrellas como Beckham, Zidane o Henry? ¿Por qué a grandes superestrellas como Nedved que no aparecen tanto en los avisos sí les rinde?

Esos son interrogantes que deja una Eurocopa que, estoy seguro, con estos mismos jugadores y equipos habría sido mucho mejor en tiempos en los que la publicidad y el merchandising casi nunca asomaban sus narices en el territorio del fútbol.

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