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| 5/23/2007 12:00:00 AM

Promueven moción de censura contra ministro de Defensa, Juan Manuel Santos

Qué tanto avanzará la iniciativa parlamentaria, firmada por una treintena de congresistas. Fuerzas de distintas vertientes, entre ellas de Cambio Radical, del Partido Liberal y del Polo Democrático, pretenden retirarlo del cargo. ¿Será posible?

A Juan Manuel Santos le gusta jugar duro. Recio, firme y categórico son los elementos con los que ha dibujado su carrera política. Es difícil en esa andadura encontrar puntos medios sobre él. Se le quiere o se le odia. Para muchos ese talante es sinónimo de la mejor de sus virtudes. Paradójicamente, ahora podría constituirse en un escollo insalvable en su brillante hoja de vida. ¿Por qué? Porque a la moción de censura presentada este miércoles en el Congreso se han sumado las más variadas fuerzas pero que en este instante reman en la misma dirección: ponerle un freno en seco. ¿Qué los impulsa? Ninguna de ellas lo tiene en sus afectos.

Si bien la moción de censura se presentó en la Cámara oficialmente gira en torno a dos puntos –el escándalo por las interceptaciones ilegales y las dificultades que el ministro crea en la marcha de las relaciones con Venezuela- en realidad aquí confluyen tres de los movimientos políticos con los que el ministro ha entrado en abierta confrontación.

En efecto, a la moción –que fue presentada en el recinto de la Cámara delante del funcionario cuando se realizaba un debate sobre las interceptaciones telefónicas ilegales- se sumaron Cambio Radical, el Polo Democrático y el Partido Liberal.

Es una verdad de apuño la enemistad profunda existente entre Santos y Germán Vargas Lleras, líder de Cambio Radical. No sólo los separan las rencillas políticas que han tenido en el pasado sino que ambos aspiran a suceder, en el futuro inmediato, al presidente Uribe Vélez en la presidencia. Sí la moción de censura prospera, Vargas Lleras tendría un camino expedito en su camino a la Casa de Nariño pues habría dejado atrás a quien ahora luce como su más sólido contendor. Una moción de censura –que obligara al ministro a dejar su cargo- es un arma con la que Vargas Lleras no contaba y que ahora se le aparece en el horizonte.

Con el Polo Democrático la enemistad es evidente cada día. Para la muestra un botón. El congresista estrella de esta colectividad de izquierda –Gustavo Petro- mantiene casi a diario un pulso con Santos. Bien sea por la para-política, bien sea por los falsos positivos, bien sea por el intento de allanamiento a la casa del senador, bien sea por el descubrimiento de dos oficiales de inteligencia del Ejército merodeando su casa, etc. Es decir, a Petro también le pusieron la cabeza de un ministro en bandeja con lo que hasta hace poco no contaba.

Y con el Partido Liberal ocurre una situación similar. Santos no sólo abandonó la colectividad, sino que ha sido displicente en el trato con sus más jóvenes figuras –basta recordar cómo trató a Juan Manuel Galán en el recinto del Congreso- y lo peor que aún tiene una imagen de golpista frente a la vieja guardia samperista que no le perdona su actuación durante ese gobierno. Hechos que ahora están en boca de todo mundo de nuevo por las declaraciones de Salvatore Mancuso en su audiencia pública.

En otras palabras todos por intereses distintos no quieren a Santos y no van a perder esta ocasión para ponerlo contra las cuerdas.
¿Cómo hará el ministro para defenderse? Paradójicamente, sí Santos sale bien librado puede catapultarse ahora sí a una sólida candidatura presidencial. En el debate de este miércoles por ejemplo se presentó un lamentable hecho al qué él le sacó provecho. Resulta que dos jóvenes del movimiento ‘Tienen huevo’ ingresaron al recinto y le estallaron un huevo sobre la documentación que el funcionario llevaba para asumir su defensa. Santos mantuvo la serenidad y le reprochó al congresista Wilson Borja que acudiera a esas prácticas sindicándolo de haberle permitido el ingreso a las muchachas. El representante se excusó en público y contó que él tampoco estaba de acuerdo con ese proceder.

La anécdota es importante porque uno de los congresistas que había citado a Santos al debate terminó aplaudiéndolo y diciendo que esa era la actitud de un “estadista” que “debía regir los destinos de la patria”. Santos sonrió satisfecho y le ordenó al general Naranjo que por favor liberaran a las jóvenes. Y a Borja le dijo solo que le debía la lavada de la corbata. La calma volvió a reinar en un escenario en donde hasta ese momento todo era tensión.

Es una buena metáfora de lo que puede venir. Si Santos en este difícil trance conserva la calma y reacciona con inteligencia puede sacar unos réditos importantes. Este miércoles, por ejemplo, se mostró convincente en su defensa de que él no intentó darle un golpe de estado a Samper –exhibió cartas de Gabriel García Márquez, periódicos de la época donde él decía que siempre buscaba un acuerdo de paz pero bajo la constitución, mensajes del ex presidente español Felipe González y hasta una carta de apoyo del gobernador del Valle Angelino Garzón, miembro destacado de la izquierda democrática- y aclaró que de ninguna manera él quiere afectar las relaciones con Venezuela.

De igual manera, reiteró lo dicho ante los periodistas por el episodio de las interceptaciones telefónicas divulgadas por SEMANA. Dijo que a él y al presidente Uribe les dio “coraje” enterarse por la Revista SEMANA de que los paras estaban delinquiendo desde la cárcel de Itagüí y de que en el país se estaba grabando ilegalmente a la oposición, a los periodistas y hasta miembros del Gobierno. Y que por eso no habían vacilado en tomar tan drásticas decisiones que, al final, concluyeron con la salida de una docena de generales de la Policía.

En conclusión estas dos semanas que se vienen ahora –periodo legal para que el congreso se reúna en pleno y decida sobre la moción de censura- serán de un pulso fuertísimo en el que el Gobierno tiene que desplegar toda su capacidad de maniobra. Y es que en semejante tormenta política que sacude al país lo que pocos se habían imaginado hasta hace algunos días era una unión de fuerzas para sacar del camino a un ministro. Y no a un ministro cualquiera. Al de Defensa. Que además se trata de uno de los hombres que más respalda y aprecia el presidente Uribe. Pero también el mismo que muchos no quieren para nada.


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