Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/07/28 00:00

¿Qué busca Chávez al armarse hasta los dientes?

Esta semana Venezuela compró armas por un costo de 3.000 millones de dólares. Colombia, con un conflicto armado desde hace medio siglo, no tiene ni la mitad del país vecino. Análisis de un desequilibrio evidente.

El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reasumirá el poder este miércoles en el vecino país. Foto: AP

La adquisición hecha por el presidente de Venezuela esta semana fue al por mayor: 30 aviones de combate tipo SU-30. 53 helicópteros MI-17, también de combate. Y por si fuera poco, se confirmó que en las próximas dos semanas se pondrá la primera piedra de una fábrica de fusiles Kalashnikov en el estado de Maracay. El mundo, en general, y Colombia, en particular, observa cómo se arma Venezuela hasta los dientes.

“Venezuela no es un agresor, pero necesita renovar su armamento”, dijo el presidente Hugo Chávez durante su visita a Rusia esta semana donde cerró negocios de plomo: facturó 3.000 millones de dólares en las aeronaves, munición y en una licencia para instalar su propia fábrica de fusiles. Todo sin contar el proyecto que tiene de comprar dos submarinos llamados de cuarta generación, de prestaciones sofisticadas, alta capacidad de inmersión, artillados con torpedos, mísiles y muy silenciosos.

Este es el contrato militar más grande de la historia entre Rusia y un país de la región latinoamericana. El ‘equipo combativo’ que Chávez soñó para su país se está volviendo realidad y el gobierno de Colombia, a pesar de no manifestar públicamente su preocupación, mira de reojo su frontera oriental que cada vez se arma mejor. Es como si el vecino tuviera la casa llena de pólvora. Así no le prenda fuego nunca y el vecino sea buena gente, uno mira con distancia y susto la casa.

Hoy pocos se imaginan al Ejército de Chávez atravesando la frontera para agredir a Colombia, lo que sí muchos creen es que Chávez está haciendo una demostración de fuerza frente a Estados Unidos. Entre las voces de la oposición se cree que el descomunal fortalecimiento de su aparato militar -ya en tiempo atrás había adquirido 100.000 fusiles -, pretende distraer la atención del mundo frente a problemas internos o proyectar una hegemonía venezolana en el sur del continente.

“Chávez está convencido de que Estados Unidos lo quiere atacar y por eso quiere pavonearse con sus armas, exponer su patrioterismo y mantener controlado y satisfecho a su Ejército”, asegura Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad & Democracia.

Otra razón que podría justificar esta compra es “un cambio en la doctrina militar venezolana (...) sustentado por la percepción de que la revolución es vulnerable a un ataque por parte de Estados Unidos y que Venezuela debe estar preparada para defenderse, como lo hizo Cuba en Bahía de Cochinos en 1961”, dicen Mark Bromley y Catalina Perdomo, autores de un estudio sobre el tema para el Real Instituto Elcano de España.

Razones más pragmáticas apuntan a que los fusiles de Venezuela estaban bastante obsoletos, los vehículos de transporte no habían recibido el mantenimiento adecuado desde hacía años y los aviones F-16 estadounidenses no servían para nada. (Ver nota relacionada ‘Los juguetes de Chávez’).

Por eso es que el nuevo armamento, bastante sofisticado, es un cambio trascendental en la tecnología bélica de este país. Los aviones, por ejemplo, son cazabombarderos, es decir que pueden combatir en el aire y bombardear en tierra. Los helicópteros sirven para el transporte de tropa. Ningún aparato como este ha sido utilizado en Venezuela, razón por la que expertos cubanos, muy seguramente, capacitarán a los militares del país bolivariano pues allí no tienen ni la logística, ni los elementos de apoyo, ni la experiencia de combate para manejar el poderoso arsenal.

Venezuela vs. Colombia

Con todo esto, ¿cómo queda Colombia para equiparar el robusto equipo armado venezolano? Los expertos dicen que, definitivamente, no hay punto de comparación. En Colombia, sólo en aeronaves se utiliza Mirage y Kafir que llegaron a mediados de la década de los 80, dos generaciones por debajo de los SU-30 que próximamente volarán territorio venezolano.

Cuantitativamente, Venezuela va un paso adelante de Colombia: la Armada Nacional tiene cuatro fragatas ligeras, allí hay 10. Hay 57 aviones de combate del Ejército y la FAC, el Ejército Bolivariano tienen 125. Colombia tiene 30.000 reservistas, Venezuela tiene 10 veces más. Y este año, llegarán a Colombia los primeros tres aviones supertucano de 24 que se compraron a Brasil, aparatos que sirven para hacer apoyo aéreo cercano a las tropas en tierra.

Estas son algunas de las razones por las que Colombia hoy no está en condiciones de responder en una hipotética agresión. La capacidad de inversión nacional no es tan grande como la de Venezuela, y las necesidades del conflicto interno son diferentes a las que determinan el equilibrio estratégico internacional.

El desequilibrio no es el único problema. También hay riesgos de alimentar con armas a guerrillas como la de las Farc que, muy seguramente, estarán pendientes del mercado negro de fusiles que le sobren a Venezuela después de la renovación de sus equipos.

“Por lo menos unos 50.000 fusiles sobrantes pueden terminar pasándose de allá para acá con destino a las Farc. Llegará el momento en el que los fusiles dupliquen el pie de fuerza de Venezuela y si no hay el control suficiente, el riesgo es bastante alto (...). Además, la munición que va a fabricar Venezuela es la que necesitan las Farc para sus fusiles AK-47. Fácilmente las milicias pueden aprovechar esta situación”, dice Rangel.

La carrera armamentista de Venezuela recibió un gran despliegue en los medios internacionales. El viaje de compras de Chávez a Moscú marca un hito que sin duda hará que los países de la región, especialmente Colombia, duerman con los ojos abiertos a la espera de lo que harán los militares venezolanos con los nuevos juguetes.

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