Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/05/01 00:00

¿Qué es lo más importante a la hora de escribir?

El momento de escribir es cuando no es el momento. Escribir se hace inoportunamente. La escritura despierta en la detención de la producción y el ejercicio. Su experiencia es el sello y el cabo de un movimiento, su reposo y su impulso. ¿Se escribe por revoluciones? ¿Se adquiere una velocidad? Uno pretende justificar con el artificio el paso de su tiempo, y se descubre coronando un esfuerzo del que no puede rendir cuenta alguna. Mientras el que escribe acata la experiencia de un interés radical por el mundo, todo trabaja, todos los demás han trabajado. Y el mundo vuelve a él, desactualizándose. Él quiere invertir en el mundo que ha sido hecho y ha pasado: ganar y perder por él. Y al retornar al momento de su escritura, sólo viene a su memoria el lugar sobre el que escribe, su papel. ¿Y ese lugar es una posición? ¿El momento de escribir es el momento llegado, el momento de tomar posición? La escritura se apuesta en una punta, en el extremo de su reposo, de su impulso. El lugar de escribir es el término de la pobreza, no el lado de la abundancia. Esta toma de posición otorga una responsabilidad imposible: no se puede responder, es el momento de pedir. Pedir es inoportuno, aproximarse inoportuno. En la pobreza nada se asume ni se adjunta, todas las cosas están separadas y se dicen cosas. Hay un lugar entre ellas, y no es el momento de escribirlo sino -todavía- de interesarse.

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