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| 6/28/2006 12:00:00 AM

¿Quiénes son?

Aunque nadie se aventura a dar una definición exacta sobre la clase media, este es un perfil aproximado de quienes la componen en Colombia.

Un 59% de los colombianos se autodefinen como clase media, según el Estudio Colombiano de Valores publicado en marzo de 2006 Pero, ¿qué significa pertenecer a este sector de la población en Colombia? Existen múltiples definiciones que, sin embargo, no logran dar una idea concreta sobre este heterogéneo grupo de colombianos que se escapa de cualquiera de las clasificaciones que los economistas, antropólogos, sociólogos y publicistas hacen de él. Ni siquiera las definiciones de los mismos ciudadanos pueden dar una explicación completa de lo que significa ser clase media en el país.

“Aventurar una definición de la clase media es tan difícil como entrar a decir cómo es la cultura colombiana”, explica Oscar Salazar, antropólogo y profesor del departamento de sociología de la Universidad Nacional. Dice que siempre se corre el riesgo de caer en estereotipos o en definiciones reduccionistas al abordar una categoría social tan amplia y tan compleja como esta, pero agrega: “Más de la mitad del país podría definirse como clase media. Es una posición social que está en constante fluctuación y en sándwich entre los que tienen muy poco o nada y los que tienen mucho poder y riqueza”. Y añade que por lo menos desde la antropología y la sociología, buscando una definición menos operativa, se tienen en cuenta variables como el gusto, los estilos de vida, manejo del lenguaje, entre otras categorías culturales, que marcan las diferencias entre una clase y otra.

Las clases sociales no se pueden estudiar por separado, sino en relación una con la otra, y para países multiétnicos como los de América Latina vale la pena mirar la relación entre clase y etnia. Porque si bien es cierto que en Colombia las clases sociales no están tan determinadas por origen étnico como lo están en países como Perú o Bolivia, en Colombia, a pesar del mestizaje, entre más blanco se suele ser de clase social más alta.

Alejandro Gaviria, economista investigador del Centro de Estudios de Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes, explica: “El concepto de clase media es difícil de definir. Los sociólogos asocian la clase media al prestigio de ciertas ocupaciones, a ciertas actitudes y aspiraciones, y a la expectativa de movilidad social. Los economistas, buscando huir de un concepto confuso e indefinible, prefieren hablar de categorías de ingreso”.

Pero cuando se habla de categorías de ingreso o capacidad adquisitiva se tiende a confundir el concepto de clase social con el de estrato económico. El sistema de estratificación socioeconómica se estableció en el país desde 1997 para efectos de facturación y subsidios de servicios públicos, y para materializar los criterios de solidaridad y redistribución del ingreso en el régimen tarifario. La clasificación en determinado estrato depende de las características de las viviendas y de las condiciones de su entorno, pero no necesariamente guarda relación con los estilos de vida de cada estrato. Podría decirse, entonces, que la estratificación mide la calidad de vida de las personas, pero el concepto de clase social hace referencia a los estilos de vida.

Boletín del consumidor

Esperanza Rodríguez es una abogada de 45 años, divorciada, que vive con sus dos hijos en Villas de Magdala, un barrio al nororiente de Bogotá, en la localidad de Usaquén. Trabaja en una oficina de abogados en donde recibe como salario mensual $2.900.000. Con esta cifra cubre todos sus gastos mensuales, desde la pensión del colegio de su hija Mónica, pasando por el mercado y los servicios, hasta una medicina prepagada para los tres. “Mis ahorros son las cesantías del año pasado y las primas semestrales que se van para la matrícula de la universidad de mi hijo Carlos Andrés”, asegura Esperanza.

A la hora de gastar, sus prioridades son primero el estudio, luego la cuota del apartamento, los servicios y el mercado. Para Gustavo Manrique, un contador con especialización en impuestos que trabaja en una compañía cementera, las prioridades son similares, solo varían cuando el arriendo reemplaza a la cuota del apartamento y se suma la cuota de un carro que está pagando a crédito.

En los dos casos anteriores, como en la situación general de los colombianos que pertenecen a la clase media, lo que resulta claro es que esta franja de población no espera que el Estado sea el proveedor de sus bienes (como ocurre con los sectores más necesitados), sino que los adquiere de acuerdo a las leyes de oferta y demanda De ahí que su papel sea protagónico a la hora de mover el mercado y determinar tendencias de consumo.

Al mayor y al detal

Según el documento ‘La Clase Media Colombiana’, de la firma Raddar S.A., empresa dedicada a la investigación de mercados, este sector compone el 56% del mercado nacional (frente a un 19% de la clase alta y un 25% de la baja).

Por ello, no extraña que la mayoría de empresas nacionales le apunten preferencialmente a este segmento poblacional, pues es allí donde se concentra el mayor número de ventas, sobre todo cuando se trata de productos de consumo masivo como alimentos, productos de aseo y en general todos aquellos que son indispensables para la vida diaria.

El consumo promedio mensual de un colombiano de clase media es de $461.096. De estos, destina el porcentaje más alto a la compra de alimentos, seguido por la adquisición de vivienda o mejoras de la misma y en tercer lugar se encuentra el rubro del transporte y las comunicaciones. La porción más baja de su presupuesto (3%) la destinan a los temas de cultura, diversión y esparcimiento.

Según Raddar Consumo, a la hora de hacer mercado, el estrato medio prefiere el almacén especializado (41,47%) y la tienda de barrio (36,22%). La razón principal para comprar es por necesidad (51,60%) y la segunda, por gusto (24,08%).

Por otro lado, cuando no se trata de comprar al menudeo, sino de hacer mercados quincenales no se guían tanto por los precios. “Cuando hago mercado me fijo más en la calidad que en los precios. No me puede faltar la leche, las frutas y las verduras, porque me gusta que mis hijos coman bien”, asegura Esperanza Rodríguez. Igual sucede con la familia de Gustavo Manrique, que pese a buscar el supermercado más económico siempre está pendiente de la calidad por encima de los precios.

Los temas culturales son los que menos cabida tienen dentro de su presupuesto (3,33%), pues los consideran costosos para ser consumidos periódicamente. Por ejemplo, su participación en el mercado de los libros no supera el 13%. Cuando en el Estudio Colombiano de Valores se les preguntó cuál era el libro más leído, el 54,21% contestó que ninguno, seguido por la Biblia con un 5,4%.

Si bien, a simple vista y según los datos de este estudio pareciera que la clase media orientara sus gastos a satisfacer necesidades básicas, empresas como las de tecnología encuentran en ella un público importante. Los electrodomésticos, por ejemplo, son artículos diseñados para llegar ese tipo de consumidores. Sabine Cammaert, gerente de marca de LG, indica que “la clase media es una clase aspiracional y busca productos que les den un mayor status dentro de la sociedad. Nuestra estrategia, especialmente dirigida a este segmento, está en que encuentren productos de buena calidad y con buenos precios, que en otras marcas sería imposible comprar”. Según ella lo que más se venden en su orden son lavadoras, neveras, microcomponentes, DVD y televisores de pantalla plana.

Cuando se trata de este tipo de productos, Cammaert asegura que en los almacenes al detal del Siete de Agosto o de la Carrera Treinta los bogotanos de clase media compran los electrodomésticos en efectivo, así cuesten $1.500.000, como sucede con cierta gama de televisores. Lo hacen, entre otras razones, porque muchos prefieren no guardar su dinero en los bancos o simplemente porque deciden comprar en locales donde los precios son más económicos aunque no haya ninguna posibilidad de crédito.

Pero esa afirmación no excluye el que un gran sector de consumidores compre en los hipermercados y pague en cuotas diferidas, así salga un poco más costoso. Justamente para incentivar el uso del crédito como medio de pago, varias empresas crearon planes especiales que permiten diferir los costos de las compras de electrodomésticos a 12 o 24 cuotas.

“La clase media es un nicho todavía por explorar para el mercadeo y la publicidad. Es muy difícil de definir porque es un grupo muy heterogéneo, a diferencia de las personas de estratos uno o seis, que son más fáciles de identificar”, dice Sabine Cammaert, publicista colombiana.

Del dicho al Hecho

En la misma línea, dice la investigadora Yolanda Puyana, quien realizó con otros colegas un estudio sobre los cambios en la familia colombiana entre los años sesenta y el inicio del siglo XXI, que es más fácil encontrar similitudes entre los estratos altos y bajos, que algún parecido entre esos grupos y el estrato medio.

Aunque Puyana deja claro que hay diferencias en temas como la violencia intrafamiliar, sus indagaciones la llevan a concluir que la tradición es un tema que une a los más ricos y a los más pobres cuando de definir sus valores se trata.

Así las cosas, podría decirse que por diversas razones, la clase media es la que mayores cambios y transformaciones sociales impulsa, por ejemplo, en el tema de los roles masculino y femenino dentro de las familias, y el desarrollo de las mujeres en el campo profesional. Así mismo en el establecimiento de nuevos tipos de familia.

Sin embargo, aunque es el grupo que registra la mayor de cantidad de divorcios y familias separadas y de miembros que prefieren seguir solteros, la clase media colombiana aparece en algunos estudios como la más conservadora de todas, por lo menos en teoría. Así sucede en el Estudio Colombiano de Valores, en el cuál frente a la pregunta: ‘Usted está de acuerdo o en desacuerdo con la siguiente afirmación: el matrimonio es una institución anticuada’, el 74% dijo estar en desacuerdo, mientras que sólo el 26% estuvo de acuerdo.

Ya en la realidad, los miembros de este grupo se caracterizan por conformar, en promedio, familias de tres o cuatro miembros. Cifra que está de acuerdo con lo que respondieron en el Estudio de Valores, donde el 90% cita como número ideal de hijos entre dos y tres.

Esta respuesta es coherente, además, con su situación económica y los gastos que demanda la educación de los hijos, una de las preocupaciones más importantes de la clase media. De hecho, según datos de Fedesarrollo, la tasa de analfabetismo de este estrato, en mayores de 15 años, es apenas del 1% y es posible que se encuentre representada por personas mayores.

El tema de la educación ocupa ese papel protagónico porque se le considera el mayor agente de movilidad social. Sin embargo, aunque este haya sido un tema importante para el progreso de la clase media del pasado, expertos como Oscar Salazar señalan que en la actualidad es más difícil que exista movilidad social a través de la educación, pues la competencia es mayor todos los días. “Hace treinta años existía una correlación entre buena educación o educación superior y ascenso social. En esa época eran muy pocos los profesionales que había en Colombia y la competencia en el mercado laboral no era tanta. Hoy en día, éste se encuentra saturado. Cada vez hay más profesionales y la presión es mayor. La profesión ya no es una garantía de ascenso social, ni siquiera una garantía para mantener el nivel que uno tiene”.

Más allá de esa realidad, quienes conforman la clase media siguen apostándole a la educación como el valor más preciado que pueden dejar a sus hijos.


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