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| 2/18/2008 12:00:00 AM

Rebelión en la granja

El saqueo la semana pasada de un centro de acopio de alimentos en el pueblo natal de Hugo Chávez puso de relieve la maraña de intereses políticos con que “la familia del Estado” hizo del estado Barinas un predio particular. Ewald Scharfenberg escribe para Semana.com desde Caracas, Venezuela.

Este fin de semana permanecían desplegados en Sabaneta, estado Barinas (llanos suroccidentales de Venezuela), decenas de efectivos del Ejército y de la Guardia Nacional, en resguardo de abastos y quincallas de chinos, árabes y portugueses.

Hasta no hace mucho, el pueblo de cerca de 25.000 habitantes era ampliamente reconocido en el resto del país como el escenario bucólico de los relatos de infancia del presidente Hugo Chávez, oriundo de Sabaneta.

Pero el pasado miércoles una turba de lugareños prefirió cambiar esa prominencia para pasar a ser el sitio de los primeros disturbios graves que ocurren en el país como consecuencia del desabastecimiento de varios alimentos clave. Los manifestantes, enardecidos por rumores que aseguraban que en los depósitos de la cadena estatal de distribución de alimentos Mercal se acumulaban reservas de productos de primera necesidad desaparecidos de los anaqueles desde finales del año pasado, arrasaron con el centro de acopio de ese organismo en la urbanización El Rosario, a las afueras de Sabaneta.

Por momentos fue como si la chispa de la contrarrevolución hubiese prendido en Birán, provincia del Oriente cubano donde nació el comandante Fidel Castro. A partir de las dos de la tarde, según el testimonio de Noel Arnaldo Zamudia, ex alcalde del municipio y dirigente opositor, la poblada dio rienda suelta a su indignación “por las preferencias que se le ofrecen a los cubanos y a determinados funcionarios para acceder a los alimentos”. Asaltó el depósito y, cuando llegaron las fuerzas del orden, las supo conminar para que repartieran lo que quedaba.

En Venezuela, nación ducha desde el célebre Caracazo de 1989 en saqueos y otros raptos de distribución compulsiva de bienes –verbigracia, el asalto a transportes de mercancías accidentados en la vía o la invasión de inmuebles-, poco sorprende a estas alturas detectar en medio de la violencia de esos actos un fondo de jolgorio liberador. Más aún si la incursión se salda con una buen botín: pastas, granos y salsa de tomate se contaban en el inventario de Mercal. Un testigo anónimo que pasó por allí cuatro horas y media después de iniciarse la revuelta, declaró a Dimas Medina, corresponsal en la zona del diario La Prensa de Barinas y del diario El Nacional de Caracas, que “me tiraron una mortadela; estaba bien sabrosa”. Un estudiante dijo haber presenciado cómo “sacaban cajas completas y repartían a la multitud”.

El alcalde local, Aníbal Chávez, hermano del presidente, no apareció en esos instantes a pesar de que fue requerido por los revoltosos. Quizás fue mejor así. Porque cuando finalmente se hizo presente, lo que tuvo para dar no fueron víveres sino arengas. Responsabilizó al imperio –Estados Unidos, en la jerga oficial- y sus secuaces de los hechos, y llamó a cerrar filas en torno al presidente para “defender la soberanía y enfrentar los embates de estos gestores de la maldad, la manipulación y el vilipendio”.

El secretario de Estado del estado Barinas, Argenis Chávez, hermano también del presidente, si bien concedió que “no se puede negar que hay productos que no se encuentran con facilidad”, acusó a campañas desestabilizadoras del imperio norteamericano de causar “nerviosismo en el consumidor, y cuando ven varios litros de aceite se los quieren llevar todos”.

Y, desde el escaño más alto del poder regional, el gobernador del estado Barinas, Hugo de los Reyes Chávez, el maestro, padre del presidente, optó por responder a la emergencia con medidas de seguridad en vez de gerencia alimentaria: establecimiento de una red de inteligencia en barrios populares, la creación de una sala de inteligencia y una mayor dotación de armamento y equipos para los cuerpos policiales.

Familia real

Por lo visto, el apellido Chávez es una redundancia del poder en el estado Barinas. Como las ondas se esparcen por el agua de un estanque, las reverberaciones familiares se amplifican en anillos concéntricos desde Sabaneta, donde Aníbal es alcalde; siguen hasta la capital del estado, la homónima Barinas, donde el gobernador, Hugo de los Reyes, creó un cargo ad hoc para Argenis, la secretaría de Estado, una suerte de vicegobernación; y llegan, por supuesto, al propio epicentro del poder ejecutivo nacional, no sólo con el comandante de la revolución, Hugo Rafael, sino además con el ex embajador en La Habana y actual ministro de Educación, Adán Chávez.

Entre acusaciones de corrupción y claro nepotismo, el embrión de dinastía viene haciendo las delicias de corresponsales extranjeros en busca de coloraturas tropicales. “Chávezlandia”, fue como Daniel Lozano bautizó en la revista dominical de El País de Madrid el coto cuasiprivado de “la familia real”, como a su vez la llamó la revista Gatopardo. John Sweeney, en un reportaje para la televisión británica, quiso equiparar a Hugo Chávez con J.R., el maligno pero aún así magnético personaje de la teleserie Dallas, tan popular en los años 80. Pero cabe otra analogía televisiva: Barinas viene a ser para la familia Chávez lo que Falcon Crest a la familia Channing.

No en balde Barinas sirvió durante la Colonia como asiento del único proyecto de linajes aristocráticos medianamente serio de Venezuela, con marquesados y otras opulencias que financiaba el preciado tabaco local. De paso, con en las familias morganáticas, la pelea por el poder en la comarca es a cuchillo. Para las próximas elecciones de Gobernadores, programadas para el venidero noviembre, Hugo de los Reyes no puede repetir como candidato. Aníbal y otro hermano, Nacho, el menor, aspiran a sucederlo. Desde el Palacio de Miraflores, en Caracas, se da por descontado el visto bueno presidencial para un miembro del clan, pero que podría ser Adán, el actual ministro y quien inició al presidente en los arcanos de la militancia de izquierda.

Sin embargo, el clan se volvió impopular. No lo dejan de notar en público el alcalde de Barinas, Julio Cesar Reyes, y el diputado a la Asamblea Nacional, Wilmer Azuaje, ambas fichas del naciente pero desde ya oficialista Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), y pretendientes del cargo. Achacan a los Chávez la derrota en Barinas de la propuesta de reforma constitucional que el presidente Chávez planteó y votada el pasado diciembre.

Para dirimir la disputa y prevenir rupturas internas, en el PSUV se habla de una candidatura de consenso en torno al ex ministro del Interior, Pedro Carreño, paisano del presidente y célebre desde antes, cuando, como diputado de la Asamblea Nacional, aseguró que el sistema de televisión por suscripción DirecTV contaba con prestaciones de espionaje en los hogares donde era instalado, a favor del imperio. Su sucesor en el despacho ministerial, el ex oficial de la armada y jefe de comandos, Ramón Rodríguez Chacín –interlocutor privilegiado de los grupos irregulares colombianos- es propietario de un amplio hato cercano al predio familiar de los Chávez, La Chavera.

Teatro de Operaciones
El nido de avispas de Barinas amenaza con estallar. Tres días antes de los disturbios de Sabaneta, el propio presidente Chávez había hecho dos transmisiones televisivas desde esa provincia. En una de ellas, reprendió con dureza y en vivo a diversos funcionarios, entre ellos, los encargados de los procesos de reconversión agraria y, por carambola, a su propio padre. Algunos campesinos le habían hablado de los bajos rendimientos de producción lechera y otros rubros desde que tierras ociosas de propiedad privada habían sido expropiadas para convertirse en centros “endógenos”. Chávez lucía fúrico. Aunque fuentes en Barinas juraban que la visita presidencial tiene menos que ver con una inspección en campo de la gestión, que para arbitrar los apetitos electorales de los bandos en pugna.

A pocos kilómetros de allí, a las afueras de Sabaneta, adelantan las obras del Complejo Agroindustrial Azucarero Ezequiel Zamora, un enorme ingenio que, con asesoría cubana, ambiciona convertirse en el mayor de América Latina. La obra, con evidentes retrasos según los planes que se anunciaron, ha sido objeto de constantes denuncias de corrupción. El medio más activo en ello es Últimas Noticias, el de mayor circulación en Venezuela, dirigido por el veterano periodista Eleazar Díaz Rangel, barinés y cercano a las posiciones del gobierno.

El propio día del tumulto en Sabaneta, no lejos de allí, en la población de Barinitas, un paro cívico dio oportunidad a sus habitantes –hasta el último proceso electoral, fervientes votantes del chavismo en su mayoría- expresar su descontento tras una oleada de diez asesinatos en pocos días.

Para colmo, el saqueo del pasado miércoles puso una lupa nada benevolente sobre la situación de desabastecimiento en categorías de la canasta básica. De acuerdo a recientes revelaciones de Datanálisis, una de las principales empresas v de investigaciones de mercado en el país, hasta 30 por ciento de los productos escasean en las góndolas de abastos y supermercados. Para paliarla mediante importaciones, el gobierno ha apelado a la rolliza chequera petrolera. Pero no por ello deja de atribuir la situación a una conspiración que reúne a los medios de comunicación y a los canales de distribución, coordinados por “el imperio”.

De allí que quizás no deba extrañar que el tic militar y de inteligencia del gobierno fuera el que despertó con los acontecimientos. A la salida de una reunión de coordinación con el mando militar de la zona, el general Abdón Matheus Pabón, Comandante del Teatro de Operaciones No.3, declaró al diario De Frente de Barinas que “allí hubo gente infiltrada. Personas que les gusta estar calentando el ambiente para crear conflictos. La situación no es para tanto”. Según la periodista Briceida Morales, que recogió estas palabras, durante la reunión, que tuvo lugar en la sede de la Brigada 93 del Ejército, se discutieron las tesis de Francis Fukuyama sobre El fin de la historia y de Samuel Huntington sobre El choque de civilizaciones.




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