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| 5/12/2003 12:00:00 AM

Saldo en rojo...

Tantas muertes? ¿cómo no perder las esperanzas? El país ante los últimos hechos de violencia, crueles y salidos de todo contexto humano, ha quedado nuevamente marcado. La pérdida de vidas sigue sumando negativamente al inventario de una historia de sangre con sus efectos manifiestos en desplazamientos, injusticias, miserias inducidas, desapariciones forzadas que parecen no terminar y cuyas víctimas selectivas son las mujeres, las niñas y los niños, pagando cuentas pendientes de las élites de poder, representadas en su mayoría por la codicia y la confrontación de unos pocos hombres. ¿Quién gana? A la luz del mar de justificaciones que se han dado, particularmente los boletines triunfalistas del gobierno, cuyas tácticas de guerra sicológica convierten a la sociedad en trofeo militar. Diversas expresiones de un cuerpo militar agrandado por sus propias vanidades y arrogancias, desatando una ola intensa de emociones generalizadas, respaldos y peticiones encarecidas para seguir, con pulso firme, hacia adelante. Y los medios hacen eco de las justificaciones para hacernos creer que las "mayorías" están empeñadas en una "pacificación" autocrática, ajena a las debilidades sociales de nuestra patria y al reconocimiento de las fracturas de nuestra sociedad, tan desarticulada como dividida. ¿Hacia dónde vamos? Gobernar no significa seguir obsesivamente la opción de la fuerza, la pérdida de las libertades y el sometimiento del Estado social de derecho democrático y participativo como única razón de Estado. En resumen, "mano dura" ocultando los placeres de la guerra estimulada por reducidos grupos de poder que erigen sus privilegios en el imperio de la Constitución y las leyes. En el pasado reciente, la ausencia física del gobernante fue notoria. En el presente la ausencia social del Presidente, es evidente. Y no se soslaya con planes de desarrollo "acordados" políticamente a los intereses de los furtivos representantes de una democracia todavía en construcción, o a Consejos Comunitarios sustitutivos de las autoridades locales. Su presencia real está referida a plegarse a los intereses externos, defensores de una nueva soberanía internacional y de los males que nos aquejan en lo económico, en lo político y en el llamado terrorismo internacional. Su presencia virtual en el país, sin abandonar físicamente la nave, se traduce en favorecer la guerra a cualquier costo, con todo el "respaldo popular' de la mediática. ¡No hay derecho! La pérdida de un hombre como Gilberto Echeverri Mejía, no hay derecho. Su capacidad para comunicarse vertical y horizontalmente con nuestro país, arriba y abajo, es una lección de la que todas y todos los que tenemos una responsabilidad democrática, debemos aprender y multiplicar. Su vida es un legado presente con una visión de futuro por desarrollar. Su consideración de una paz con justicia social, de la cual yo soy su irrenunciable e incondicional seguidora, no sólo por aprender de sus palabras y ejemplos, por haber tenido la fortuna de hacer parte de las personas que ayudaron a desarrollar iniciativas como Antioquia Presente que tiene sus huellas en el ámbito nacional, el trabajo en la Comunas de Medellín que formaron mi carácter y sellaron mi compromiso con el país, me obligan a permanecer unida a las voces que reclaman de la política internacional, de la dirigencia política y empresarial, de las organizaciones sociales de base, del ciudadano común y especialmente de este gobierno un diálogo real, amplio y participativo que reconozca las alternativas existentes para estudiar las salidas democráticas que fortalezca la defensa del Estado de derecho y el rechazo contundente a la profundización de la guerra en todas sus manifestaciones. Igualmente, a asociar nuestro papel en este momento crucial del país y del devenir de su futuro social, político y económico. A la posibilidad de un acuerdo humanitario integral, sin legalismos excluyentes, para minimizar los efectos de la guerra destructiva de las vidas de los ciudadanos y ciudadanas y regresar a la libertad a todas aquellas personas privadas de ella por causas del conflicto, cesando el dolor de sus familias. En los campos y ciudades, en el exilio y en las cárceles no pueden permanecer las frustraciones de mujeres y hombres por cuenta de la irracionalidad de la guerra y de sectores de la sociedad indolentes, politiqueros, corruptos, injustos y parcializados que quieren imponer su propia visión de país, cerrando obstinadamente los espacios a nuevas alternativas de desarrollo y organización política y social, a pesar de los esfuerzos y dificultades para ejercer en pleno los derechos conferidos como ciudadanos, como lo ratificó el encuentro de 1.380 delegados y delegadas al X Foro Nacional de Derechos Humanos realizado en Bogotá, recientemente, convocado por el Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos, que no sólo dejó ver la crisis humanitaria sino también las propuestas al gobierno nacional, para que colectivamente repensemos la concepción del Estado Comunitario, la Seguridad Democrática y las posibles salidas en estas horas críticas del país. Es decir, que nos vea parte esencial de la solución. Ello obliga a buscar esos acuerdos, tan evidentes pero tan lejanos para lograr el principio de la inclusión social, evadido por nuestra sociedad. Así, es necesario y urgente despertar las razones de una Colombia nueva, sin emociones estridentes del mando militar y de los medios persuasivos de una economía de mercado, en la cual la guerra, es un producto no despreciable. La muerte de Gilberto, del gobernador de Antioquía y los militares, es una responsabilidad indiscutible de los insurgentes y la protección de sus vidas, una obligación inalienable. Pero también es una responsabilidad de toda nuestra sociedad, ausente al convertir el secuestro en asunto privado, desconociendo las condiciones extremas del conflicto, considerando los efectos de la guerra como hechos aislados y dejando en manos del gobierno la solución, así arroje un saldo en rojo para nuestra sociedad. Presidente, intentemos un acuerdo humanitario que nos dé luces en la búsqueda de nuevas formas de resolver los profundos conflictos. *ex alcaldesa de Apartadó
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