Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/06/09 00:00

Saldo en rojo

El periodista e investigador Alberto Donadío habla sobre el legado de la dictadura y adelanta algunos puntos de su nuevo libro: 'El Uñilago, la corrupción en el régimen de Rojas Pinilla'.

Saldo en rojo

Lo único bueno del gobierno de Gustavo Rojas fue el golpe del 13 de junio, porque acabó con la dictadura de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta, bajo la cual decenas de miles de liberales fueron asesinados por la Policía 'chulavita' y por los 'pájaros', criminales armados o ayudados por el gobierno.

Por el sólo efecto de la remoción de Laureano, las guerrillas liberales se desmovilizaron en el segundo semestre de 1953, a cambio de nada. De ahí en adelante la luna de miel de Colombia con el general, que fue unánime salvo por el Partido Comunista que lo rechazó, empezó a convertirse en una pesadilla. Rojas se creyó un segundo Libertador, olvidando que los partidos lo habían encargado del poder a título provisional, porque ninguna otra fórmula había dado resultados para frenar la violencia en los campos.

Rojas era un militar de confianza de Mariano Ospina Pérez, en cuyo gobierno fue ministro de Correos y Telégrafos. Con el apoyo de Ospina, rival de Laureano Gómez en el conservatismo, entonces un partido más fuerte que ahora, se tomó el poder.

Cuando pretendió perpetuarse con un tercer partido llamado la Tercera Fuerza, y cuando por motivos caprichosos mandó clausurar El Tiempo en 1955, Rojas cavó su propia tumba. Los partidos tradicionales, que poseen el monopolio del poder desde hace 150 años, y que hace 30 ejercen el monopolio de la corrupción, no iban a perderlo porque el celador que pusieron a gerenciar el hato a título de encargado hubiera desarrollado súbitos apetitos de dueño y señor. Alberto Lleras fue el encargado de recuperar el dominio para los partidos, pero si no hubiera sido él, la gestión la habría realizado otro jefe político.

Esa gestión se facilitó porque Rojas, en cuestión de uno o dos años, se hizo impopular. La matanza de estudiantes de la Universidad Nacional en la carrera séptima el 8 y 9 de junio de 1954 fue el preaviso de lo que significaba el gobierno de 'Paz, Justicia y Libertad'. La afición del jefe supremo por comprar tierras e ingenios a precio de remate se volvió irritante. Además, le parecía perfectamente lícito recibir las reses que le regalaban los hacendados y los préstamos que le hacían a diestra y siniestra los bancos oficiales y privados. En su gobierno, él, su familia y sus socios recibieron créditos -casi nunca pagados- equivalentes a varios millones de dólares.

Rojas no dejó un legado sino un saldo en rojo. Durante su gobierno los precios del café, fuente entonces de prácticamente todas las divisas del país, nunca habían estado tan altos: 70 centavos de dólar. Rojas malbarató la bonanza y el cheque en blanco que toda Colombia le giró el 13 de junio. Ni siquiera los empleó en lo que normalmente hacen las dictaduras militares: obras públicas. Rojas apenas construyó el aeropuerto El Dorado, que ya había planeado cuando fue director de Aeronáutica Civil.

*Periodista e investigador

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