Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/09/12 00:00

¿Se puede protestar en Colombia?

Mauricio Archila ganó el premio Alejandro Ángel Escobar con su libro 'Idas y venidas, vueltas y revueltas, protestas sociales en Colombia 1958 - 1990'. SEMANA.COM lo entrevistó sobre la protesta en Colombia. Contestará preguntas de lectores.

SEMANA.COM: ¿Por qué se ha protestado en Colombia?

Mauricio Archila: Se ha protestado por una serie de carencias en la sociedad. Hay un cierto cambio de énfasis en los 33 años que cubre el libro, de lo más material a lo cultural y lo político. No es que Colombia haya llegado a una situación de primer mundo donde la gente se dedica a pensar en capitales culturales sino que es tal la brutalidad de la violencia que cada vez más los movimientos sociales reivindican el derecho de la vida.

SEMANA.COM: ¿Qué tipo de protestas son más efectivas? Usted dice que los movimientos más exitosos en cuanto a reconocimiento público de sus demandas -como el movimiento de los indígenas y de las mujeres- no son los más visibles en términos de protestas.

M.A.: Es muy difícil dar una receta. Uno podría decir que tienen impacto aquellas que están en un sector económico clave de la economía; los petroleros logran conmocionar mucho más al país que los zapateros en un barrio popular de Bogotá. Ese es un factor pero no el único. También es importante la solidaridad que puedan generar. Muchas de las huelgas que lograron obtener solidaridad fueron efectivas como la de los médicos en el 76. En algunos casos, las mujeres, las madres comunitarias. Los indígenas logran mucho impacto entre ellos y con la sociedad. Tiene que ver mucho que convenzan a la sociedad y también al Estado de la justeza de su reclamo, que es lo más difícil porque quienes se oponen dicen que es ilegítima, que no es justa. Ahí está la capacidad simbólica y mediática de algunos sectores.

Cuando se hacen paros generales también se cimbronea el país. La cobertura es importante. También la capacidad simbólica puede tener resultados, con gente que simbólicamente puede manejar las cosas, como los estudiantes que manejaron rituales. La marcha y las pedreas han perdido creatividad y simbolismo. Son variables que a veces se juntan y tienen un impacto más allá del esperado.

SEMANA.COM: ¿Cuál es el costo que se paga en Colombia por protestar?

M.A.: Hay unos costos iniciales, que son costos de todas formas: tiempo, sacrificio, las mujeres tienen que pelearse con los maridos y los hijos porque están en una protesta, los profesores pueden perder su salario. Hay costos de esfuerzos organizativos porque a veces la protesta no funciona. Y últimamente, de los 80 para acá, está el costo de la vida -que no deja de ser un peligro- en donde los actores armados tienen presencia. Es un riesgo, comenzando porque los amenazan, les hacen algún atentado y hasta los asesinan. Hay casos. Que quede claro que no estoy diciendo que cualquier protesta la bloquean con violencia. Pero hay una tendencia doble: por un lado a penalizar la protesta, a identificarla con la insurgencia, y la otra a destruir las organizaciones.

SEMANA.COM: ¿Qué tan altruistas han sido los movimientos sociales en sus protestas?

M.A.: En general la gente no protesta por protestar. Es una conclusión del libro: la gente no hace bochinche por hacer bochinche. Responde a factores razonables. En general la gente en estos casos se suele mover por cosas relativamente particulares. Lo que veo es que crecientemente se trasciende lo particular hacia lo más general. No es altruismo. Todos tenemos nuestros intereses, y la gente llega egoístamente, pero el punto es cuáles son los intereses más generales.

SEMANA.COM: ¿Cuál es el papel de la izquierda en las protestas sociales?

M.A.: Generalmente hay una mirada de que los movimientos sociales y la izquierda hacen parte de lo mismo. Yo trato de mostrar que son diferentes pero que tienen en teoría convergencias y en la práctica también. Pero ha habido desencuentros. La izquierda democrática muchas veces contribuyó a formar cuadros, a darles objetivos más generales a los movimientos sociales. Pero también muchas veces por sus intereses políticos pudieron poner a las organizaciones al servicio de sus intereses políticos, desconociendo los intereses que se dan en la esfera de lo social. Esto que menciono también se puede decir de los partidos de derecha, que han instrumentalizado a las organizaciones sociales.

SEMANA.COM: ¿Y qué tanto se han articulado estas protestas sociales con la guerrilla?

M.A.: En la práctica las organizaciones insurgentes a veces instrumentalizan a los movimientos sociales, y a ratos los movimientos sociales buscaron instrumentalizar a los grupos armados. No quiere decir que sean idénticos ni se puede condenar la protesta social con ese argumento.

SEMANA.COM: ¿En términos generales, cómo suele responder el Estado a las protestas?

M.A.: No lo pude cuantificar porque la información de prensa no arrojaba muchos resultados sobre cómo había terminado. No puedo generalizar y decir que la respuesta fue represiva. Ha habido gobiernos, periodos distintos. El mismo Belisario en los primeros dos años de su gobierno abrió una puerta al decir que los conflictos sociales no eran resultado de la Guerra Fría, sino que los paros cívicos correspondían a problemas de las regiones. Dos años después estaba borrando con la derecha lo que había escrito con la izquierda. En general, uno sí puede decir que el Estado y las clases dominantes no han sido muy receptivas a unas demandas populares. En ese sentido han sido poco inteligentes en fortalecer las organizaciones, que son uno de los elementos de la sociedad civil.

SEMANA.COM: ¿Cuál es la conclusión?

M.A.: Intento decir que más allá de los polos extremos con los cuales se ha mirado la protesta por parte de la derecha que se asusta ante cualquier paro y quisiera que la gente fuera agachada y nunca levantara la cabeza, y de la izquierda que le gustaría que el pueblo se volcara a la calle e hiciera la revolución, la mayoría de la gente se ha movido en la mitad. Esos imaginarios están, pero hay una dinámica en la cotidianidad vista entre esos dos polos. Los movimientos sociales no han pretendido derrocar el Estado ni tampoco, dejar las cosas al estilo coma callado y apriétese el cinturón. Por eso insisto en que se puede argumentar que la protesta tiene elementos que se pueden discutir; hay una dimensión humana. La gente no se mueve principalmente porque le falte el pan o haya una escasez, lo que la gente no puede entender es que haya una distribución inequitativa de esa escasez.

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