Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/05/28 00:00

Serpa reconoce la derrota

Horacio Serpa reconoció su derrota, vea el discurso completo

Serpa reconoce la derrota

Soy un hombre satisfecho después de esta jornada electoral y después de casi cuarenta años de vida pública. Estoy satisfecho porque en la bitácora de mi vida como servidor público no existe ni una sola nota de reproche o sanción. Estoy satisfecho porque la democracia colombiana me ha honrado con el voto y la confianza de cientos de miles de hombres y mujeres.

Mi vida, desde la niñez que pasé viviendo en escuelas públicas con mis padres y hermanos, ha sido una sucesión de hechos gratificantes. Soy un hombre orgulloso de mi propia vida junto a Rosita y la hermosa familia que hemos logrado construir juntos.

Y mañana, y en lo que me quede de vida, seré también un hombre satisfecho con el deber cumplido y con los buenos caminos recorridos.

Tengo el ánimo resuelto. Soy un luchador y lo seré siempre. Por ello, no tengo el discurso de la derrota. Más bien, tengo el compromiso de señalar caminos y dar ejemplo. A quienes me han acompañado y a quienes ven el camino de la vida nacional marcado por otras opciones, les comparto brevemente mis reflexiones.

Las derrotas electorales hacen la historia política. Pero las derrotas de los programas gubernamentales escriben la historia de la gente que sufre los manejos equivocados de sus gobernantes.

Le pido a Uribe que rectifique a tiempo el rumbo. Si no lo hace, estaremos todos, incluyendo su gobierno, en serias dificultades. Le pido que respete al Partido Liberal y que garantice los espacios necesarios para que ejerza la oposición que está llamado a cumplir a favor de la democracia y del pueblo de Colombia.

El Director Único del Partido Liberal, Dr. César Gaviria Trujillo, fiel a los estatutos y a la plataforma política del Partido, ha desempeñado un excelente papel en la conducción del mismo, en defensa de los principios y programas, que estarán siempre vigentes porque se inspiran a favor de los desposeidos.

Nuestro futuro: el futuro de los que no tienen nada; el de aquellos los que han perdido lo poco que tenían; el de los que ven día a día erosionar su calidad de vida y el de aquellos pocos -muy pocos- que lo tienen todo, está vinculado a los cambios drásticos y tranquilos que he propuesto para conseguir un país en paz con oportunidades para todos.

Debemos derrotar aquello que tanto aflige a millones de colombianos. Derrotar la pobreza y la desigualdad; derrotar la falta de salud y educación para todos; derrotar la guerra, la violencia y el narcotráfico; derrotar el desempleo. Este gobierno ha sido un rotundo fracaso en el cumplimiento de estos deberes con el pueblo de Colombia.

El Presidente es prisionero de una alambrada de alianzas absolutamente inconvenientes para el interés del pueblo colombiano. Está sometido a la presión de organizaciones armadas que ahora están buscando mantenerse efectivamente en el poder, cubrirse con el manto de la impunidad y disfrutar enormes patrimonios arrebatados a mano armada, todo ello al amparo de una mal llamada Ley de Justicia y Paz que, afortunadamente, gracias al reciente fallo de la Corte Constitucional , tiene que modificarse para que prevalezca la verdad, para que haya efectiva reparación a las víctimas de la violencia, para que las condiciones de favorabilidad judicial no se conviertan en pura y simple impunidad. Esta sentencia le da toda la razón a las críticas y observaciones hechas desde el Partido Liberal y expresadas también por nosotros en esta contienda electoral.

La revolución que propuse en mi campaña está ligada a la salud, a la educación, a la vivienda y al empleo y el ingreso de las familias. Se trata de una revolución tranquila, con rumbo cierto. De una revolución que le abra espacios a lo social y a la prosperidad de todos.

He presentado un conjunto de propósitos coherentes y viables para mejorar nuestro diario vivir y para garantizar la seguridad de la vida de mis compatriotas.

Estoy convencido de que una democracia abierta debe garantizar la existencia de una oposición política inerme, que pueda expresarse libremente en el Congreso de la República, en los medios de comunicación y en todos los escenarios de la vida pública, al amparo de una Constitución que es el más alto y solemne pacto de convivencia y solidaridad que ha acordado la sociedad colombiana consigo misma. Todo ello funda una democracia plena y segura.

No puedo dejar de decirle al presidente triunfador, parafraseando la famosa sentencia de don Miguel de Unamuno, cuando las fuerzas falangistas se tomaron la histórica Universidad de Salamanca: Venció, pero no Convenció.

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