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| 5/26/2006 12:00:00 AM

Serpa vs. Uribe II

Al igual que hace cuatro años, Horacio Serpa y Álvaro Uribe son dos de los protagonistas principales de la contienda electoral para la presidencia. ¿En qué se parecen a los rivales que fueron en aquella época?

Horacio Serpa y Álvaro Uribe se jugarán su futuro político en las elecciones presidenciales del domingo. Hace cuatro años Uribe ganó el pulso y todo parece indicar que lo hará nuevamente este año. ¿En qué cambiaron los rivales de hace cuatro frente a los de la contienda de hoy?

Favorabilidad

La situación de los candidatos en cuanto a favorabilidad e intención de voto es una de las principales diferencias frente a la campaña de hace cuatro años. En 2002, Uribe tenía un 60% de posibilidad de voto, pero ese caudal cayó a 56% en 2006. El politólogo uribista Fernando Cepeda considera que mantenerse por encima del 50% después de cuatro años de gobierno es un verdadero récord para Uribe: “No tuvo que esforzarse mucho para puntear en las encuestas porque su condición de presidente de la República lo ayudó a estar siempre en la retina de los colombianos. Lo único que hizo fue gobernar”.

En el caso de Serpa la caída es más notoria. De 30% de favorabilidad en 2002 pasó a 15% en 2006. “El bajonazo se explica –dice Cepeda- por la pérdida de credibilidad del candidato. Hace cuatro años aparecía como una opción, pero ahora está desgastado y por más que se esfuerce no suena creíble ante el electorado”.

Programa

Las propuestas presentadas por los dos candidatos al electorado también sufrieron variaciones.

Hace cuatro años Uribe tenía una plataforma de 100 puntos programáticos que ahora no existe. Se sabe que la campaña está trabajando en los últimos detalles del proyecto de gobierno, que incluirá las propuestas de los movimientos que lo respaldan.

Ante esta situación, el candidato continuó con sus postulados de gobierno, agregando variaciones en temas como la política internacional, que según Cepeda ahora es más consistente que la de su primera campaña: “Lo veo más sofisticado. La vez pasada tenía visiones muy equivocadas sobre el funcionamiento de las instituciones de Naciones Unidas (pidió la presencia de cascos azules en Colombia) o el gobierno de Estados Unidos”.

Sobre el cambio de posición de Uribe frente a temas como la reforma a la seguridad social o el despeje militar para la negociación con las Farc, Cepeda considera que no son simples propuestas de campaña. “Él ahora tiene más claridad sobre la salud y ha cambiado las perspectivas en la materia. Ahora acepta con mayor facilidad ciertas realidades que en el pasado no concebía”, sostiene el analista.

César Rodríguez, profesor de ciencia política de la Universidad de Los Andes, opina lo contrario. Para él, sí hay cambios en los contenidos del programa de Uribe y se deben a tres razones fundamentales: “Uribe es menos alarmista en los temas de seguridad y hasta abre las puertas a una negociación por presión de la comunidad internacional, porque no le cuesta políticamente hablando y por cálculo electoral para captar votos”.

Hay otras propuestas de Uribe que Rodríguez considera como coyunturales y que, según él, van a ser paulatinamente retiradas cuando el candidato logre la reelección. Entre ellas figuran su respaldo a la reforma a la seguridad social que él mismo ayudó a crear, su negativa a impulsar una reforma tributaria regresiva y sus palabras tranquilizantes a favor de la tutela. “Todas esas son promesas que tendrá que incumplir porque van en contravía de lo que piensa como Presidente y porque el sector empresarial –que es una de las bases de su gobierno- hará lobby para que las retire”.

En el caso de Serpa, el cambio en el programa es tan notorio que algunos congresistas liberales del ala gavirista sostienen en privado que el candidato se radicalizó. Su campaña tiene tintes de populista en propuestas como la de subir el salario mínimo. No obstante, nuevamente se evidencian problemas para que su propuesta cale en el electorado. Aún carga a cuestas el peso de su contradicción al cuestionar enérgicamente los supuestos vínculos paramilitares de Álvaro Uribe para terminar luego aceptándole la embajada en la OEA.

Rodríguez cree que Serpa no ha cambiado mucho en materia de contenidos. “De todas formas, se le ha notado el interés por mostrarse más a la izquierda”. Incluso ha mantenido coherencia en su propuesta de solución negociada al conflicto, que fue la que le costó la elección hace cuatro años y que en esta oportunidad vuelve a marcar su diferencia con Uribe. “Sus cambios de énfasis son para ubicarse en el espectro de la izquierda debido a la polarización que vive el país, cosa que no necesitó en la elección pasada”, asegura.

Equipo de apoyo

La diferencia más grande que hay en el caso de Uribe es que hace cuatro años no tenía Congreso, pero estuvo más libre para nombrar a su gabinete. Ahora la situación es al revés: tiene mayorías en el legislativo, pero menor margen de maniobra para nombrar un gabinete de su círculo personal. Por eso en los pasillos del Congreso se rumora que su segundo gabinete será mucho más político que el primero. “Es una nueva versión de la paradoja del éxito. Él está tratando de desamarrarse y por eso los políticos no han estado tan activos en su campaña”, dice Cepeda

El equipo de apoyo de Serpa también es muy distinto al de hace cuatro años. De una poderosa campaña con cuestionados caciques de la politiquería, pasó a una más austera en la que brillan por su ausencia los apellidos de los barones electorales de la Costa. La mayoría de ellos cogieron camino hacia el uribismo. Más que por una sacudida del candidato, se fueron porque vieron mayores posibilidades de triunfo en otra parte. Curiosamente, Serpa se queja de que las “malas compañías” que le eran cuestionadas a él ahora pasan inadvertidas en la campaña del candidato-presidente.

Marketing

Horacio Serpa concentró su campaña de 2002 en los mensajes contra Uribe y así lo está haciendo también en 2006. Hace cuatro años lo hizo porque Uribe estaba muy abajo en las encuestas, pero terminó ayudándolo a crecer. En esta campaña, Uribe parece poco interesado en legitimar a Serpa como su adversario y prefiere lanzar sus dardos contra Carlos Gaviria (del Polo Democrático). A juicio de Cepeda, “la campaña de Uribe ignora deliberadamente al Partido Liberal porque no lo quiere dejar crecer. Es una estrategia para cobrarle su falta de respaldo”.

Para Rodríguez, la diferencia entre el Serpa de hace cuatro años y el de hoy radica en que “parece un candidato más domesticado” que trata de entrar en el juego de los medios de comunicación más que en el de la plaza pública. “Hace cuatro años estaba en la plaza pública cuando eso le parecía anacrónico a todo el mundo. Ahora, cuando está en la televisión, Gaviria obtiene su más alta favorabilidad en plaza pública”.

Los colombianos, sin embargo, serán quienes juzguen si estas diferencias se acomodan a sus nuevos gustos.
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