Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/07/17 00:00

Si Antioquia es el modelo...

Durante el Primer Encuentro Departamental de Reinserción, representantes de los municipios de Antioquia pusieron en evidencia los problemas de la reinserción: no tienen empleo, los nuevos paras y la guerrilla ha llegado antes que el Estado, y falta una política nacional.

Si Antioquia es el modelo...

Antioquia es considerada el modelo de reinserción para el país. Pero a juzgar por el análisis que el sábado pasado realizaron los mandatarios locales de Antioquia, líderes campesinos y representantes de los desmovilizados de las AUC sobre el proceso de reinserción de más de 11 mil ex combatientes, el tema presenta aún serias limitaciones.

Los representantes del Bajo Cauca, Nordeste y Suroeste de Antioquia lenfatizaron en que el principal problema tras la reinserción es la falta de empleo ¿Dónde y cómo ocupar a cientos de muchachos que otrora lo único que hacían era empuñar un arma? Como no existe una política clara para la generación de empleo, a muchas administraciones locales esto se les ha convertido en un problema social de grandes magnitudes. “Tenemos más desmovilizados de los que podemos atender (...) El gobierno nos ha incumplido y la confianza se está deteriorando en todos los niveles” afirmó Édison Yánez, director de la Oficina de Bienestar Social de Necoclí.

En Caucasia, por ejemplo, hay 617 desmovilizados y la mayoría de ellos ya se capacitaron, terminaron sus estudios y sólo una mínima parte tiene trabajo. “¿Qué podemos esperar de esos muchachos, qué les podemos brindar?” se pregunta el Alcalde de Caucasia, Juan Carlos Garcés.

El Asesor de paz para Antioquia, Jaime Fajardo, recordó la experiencia en marzo de este año de Anorí, en donde todo el pueblo, incluida la Iglesia y las autoridades locales, se levantaron en contra de la reinserción. Incluso, recordó que hubo manifestaciones públicas en las calles para protestar por este fenómeno y nadie quería un reinsertado más en su pueblo. Fajardo mencionó los cultivos ilícitos como uno de los detonantes de la rebelión en Anorí puesto que este municipio, al nordeste de Antioquia, ha tenido una tradición cocalera que antes era dominada por los “paras” pero que ahora, tras la desmovilización, está quedando en manos en la guerrilla de las FARC. “De una peste pasan a la otra, casi automáticamente. Y los habitantes no quieren tener los dos a la vez” dijo Fajardo.

Con relación a este mismo tema uno de las personas que estaba en el auditorio se levantó para preguntar en cuáles municipios ha llegado primero el Estado que la guerrilla a copar los territorios que tenían dominados las autodefensas. Nadie levantó la mano. Y esa pregunta sirvió para exponer casos muy difíciles como el de Salgar, el de la Cuenca del Sirifaná (en el suroeste), Granada y Puerto Berrío. En estos municipios se ha denunciado la conformación de nuevos grupos -por ejemplo, Las águilas negras y Las águilas rojas- conformados por miembros desmovilizados, dedicados al tráfico de drogas e hidrocarburos.

Bogotá Vs. Municipios

Otra de las grandes preguntas que surgió en el Primer Encuentro Departamental sobre Reinserción la planteó Gustavo Villegas, director del Programa de Paz y Reconciliación de la Alcaldía de Medellín. ¿Cómo hacer para que las políticas propuestas desde Bogotá no choquen con las de los municipios?

“Si el proceso de reinserción de Medellín ha tenido un relativo éxito ha sido porque el municipio se ha empoderado del tema y se dio cuenta, desde el principio del proceso, que no se puede competir con el gobierno nacional”, se respondió a sí mismo Villegas.

Tras 30 meses de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara uno de los grandes aprendizajes fue, precisamente, la descentralización de todo el proceso de reinserción, dijo Villegas. Cada uno de los municipios tiene su propia cultura y su propia forma de operar. No se puede esperar, entonces, que los problemas del Bloque Bananero en Urabá se equiparen con los del Bloque Mineros en Briceño o Valdivia. Colombia es un país con una realidad diferente de acuerdo a la regiones.

El éxito de la reinserción –coincidían los asistentes- depende en buena medida de los recursos que se dispongan. Todos los asistentes al evento estuvieron de acuerdo con que la reinserción no dura dos años únicamente. El tratamiento sicológico que se le presta a los ex combatientes, por ubicar sólo un ejemplo, no puede limitarse a los pocos meses posteriores a la dejación de las armas. “Sólo después de 26 meses de proceso con los muchachos del Bloque Cacique en Medellín, se le pudo decir al empresario ‘este hombre ya está listo’” dijo Villegas, al indicar que el dinero que se disponga para la reinserción tiene que alcanzar, por lo menos, para el tiempo que dure la administración encargada en ese momento.

¿De dónde sale la plata? Hubo dos propuestas el sábado que llamaron la atención del auditorio. La primera salió de los mismo ex combatientes. Antonio López, ex miembro del Cacique Nutibara, manifestó que debería contemplarse la idea de hacer un fondo común para la reinserción entre todos los municipios de Antioquia con el 3 por ciento de presupuesto de cada uno. Y la segunda, es revaluar la distribución que se le hace al 4 por mil y considerar la posibilidad de que parte de este, se disponga para la reinserción. Las dos propuestas fueron aplaudidas por el auditorio y quedaron a la espera de una respuesta por parte del gobierno central. “No podemos vivir de las lamentaciones. Hay que generar soluciones”, dijo Juan Sebastián Betancur, de Proantioquia.

Sin duda la gran conclusión del día y la única respuesta a tanto interrogante tiene que ver con la necesidad de crear una política pública sobre reinserción. Un política que además tenga en cuenta la reparación de la víctimas, un tema para otra buena dosis de preguntas. “Ya aprendimos la lección de las improvisaciones. Es hora de que el gobierno nos haga caso y construya con esto una política nacional” concluía Jaime Fajardo.

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