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| 5/8/2006 12:00:00 AM

Siete sugerencias para ganar la guerra

Moisés Naim, editor de la influyente revista Foreign Policy, propone una forma diferente a las tradicionales de abordar el problema de las drogas.

Moisés Naim, editor de la influyente revista Foreign Policy, acaba de publicar un libro donde analiza cómo los traficantes, los contrabandistas y los piratas están aprovechando todas las ventajas de la globalización para tomar por asalto la economía mundial. En su libro Illicit, Naim estudia el narcotráfico más como un fenómeno económico que como uno moral. Sus conclusiones ayudan a comprender por qué ha fracasado la lucha contra las drogas y por qué seguirá siendo una guerra perdida mientras no se cambie su enfoque.

Naim destaca la importancia de darle una solución definitiva al problema. Especialmente porque considera que el tráfico ilícito internacional está dividiendo al mundo ya no entre Oriente y Occidente sino entre lo que llama “puntos luminosos” y “hoyos negros”. Estos hoyos negros son los lugares donde las redes de tráfico ilegal de productos –desde las drogas hasta el tráfico de personas- viven y crecen. “Los gobiernos en países menos desarrollados que ya son débiles, serán debilitados a medida que las redes ilegales en ese territorio amasen nuevas fortunas. Inevitablemente estas redes invertirán en la compra de influencia política y capacidad militar para combatir al gobierno”. Estas son las propuestas que él hace en su libro –que saldrá en español el próximo semestre- para darle un giro a esta cruzada:

Cambiar la forma de entender el problema:
Naim dice que “hay que corregir el problema de aprendizaje que ha bloqueado el progreso contra el crimen global”. En particular, dice que es clave entender que:

- El narcotráfico ha evolucionado considerablemente desde la época de Pablo Escobar. El negocio ya no está en manos de carteles familiares con una estructura vertical, sino que se maneja a través de redes, que ya no se especializan solo en el tráfico de drogas sino en todo tipo de tráfico de productos, incluyendo el tráfico de personas. “Mientras que los carteles colombianos habían sido más o menos organizaciones verticales concentradas en un solo producto, los grupos mexicanos se concentraron en controlar el paso de la frontera y participan directa o indirectamente en el movimiento de una variedad de productos a través del borde. A través de sociedades con los ucranianos, y los chinos, entraron también en el negocio del tráfico de personas. También se especializaron en el lavado de activos”, dice Naim en su libro.

- La globalización ha hecho que el negocio de las drogas sea más rápido, eficiente y fácil de esconder. Se ha fusionado con la economía global. La descentralización permite reflejar los avances tecnológicos, baja el costo de la operación porque reduce los riesgos de ser detectado, permite aumentar el control y la rentabilidad de las fuentes de oferta y demanda.

- Hay una explosión global de la oferta y la demanda. “Aunque Estados Unidos sigue siendo de lejos el mayor consumidor y Colombia el mayor productor de cocaína, durante los 90, el número de países que reportó serios problemas de adicción creció. La explosión global de la oferta y la demanda ha acabado con la ilusión de invulnerabilidad que muchos gobiernos tuvieron durante años. Rusia, Japón, India, Sudáfrica, Brasil y México son solo algunos de los países donde el consumo de droga se ha vuelto un problema de salud pública”, afirma en el libro. También explica cómo los traficantes de drogas ya no vienen sólo de los países productores, sino de países que escasamente la cultivan, como Nigeria.

- La revolución financiera de la última década es la que más ha beneficiado el negocio de las drogas. La banca por Internet, los servicios de giro, los servicios de sindicación de préstamos y de comisionistas han facilitado las grandes transacciones de dinero.

Evitar la tentación de recurrir a la indignación moral como base de la política pública.
“Durante mucho tiempo hemos permitido que las exhortaciones morales reemplacen un análisis honesto del problema”, dice Naim, y sugiere entender que:

- El tráfico ilegal es un fenómeno económico, no moral. “Hasta que los traficantes no enfrenten menores incentivos para traficar: menor demanda, márgenes inferiores, mayores riesgos, es fútil hablar de otros remedios”, dice.

- El tráfico ilegal es un fenómeno político: los traficantes no pueden prosperar sin la complicidad y la colaboración de agentes del gobierno. “El tráfico ilegal no puede ser entendido y combatido efectivamente si no se coloca la economía y la política que lo jalona en el centro del análisis y de las recomendaciones”.

- El tráfico ilegal es más acerca de transacciones que de productos: Hay que pensar en los traficantes como agentes económicos que han desarrollado especialidades funcionales, no nichos de productos. “En cambio de distinguir entre traficantes, mulas, coyotes, pitufos, es mejor pensarlos según los roles que juegan: inversionistas, banqueros, empresarios, comisionistas, transportadores, vendedores al por mayor, logísticas, distribuidores”, agrega.

- El comercio ilegal no puede existir sin el tráfico legal.

- El tráfico ilegal involucra a todo el mundo. “ Nunca avanzaremos si ponemos toda nuestra atención en los proveedores de los productos ilegales y no en la gente de bien cuyo apetito por esos productos crea los incentivos que los hace posible”.

- Los gobiernos no pueden actuar solos

Desarrollar y aplicar la tecnología que sirva para combatir el tráfico ilegal:
Naim sugiere invertir grandes sumas de dinero en identificadores de frecuencias radiales, tecnologías de identificación de productos como códigos de barras sofisticados, biométrica para identificar a una persona según su voz, el iris del ojo, o la forma de la cara. Escanners sofisticados, interceptación de llamadas, software contra el lavado de activos, software con GPS para ubicar gente. En Brazil, algunos empresarios están implantándose microchips para que los ubiquen en caso de un secuestro, por ejemplo. También sugiere que los gobiernos inviertan en biotecnología. Cuenta cómo una compañía inglesa llamada Xenova, ha probado una vacuna contra la cocaína que ayudó al 58 por ciento de los usuarios a abandonar el hábito.

Cambiar la forma de operar del gobierno:
La solución debe involucrar una organización gubernamental con el alcance, la autoridad y las habilidades para combatir todo el espectro de actividades ilegales. Sugiere crear Comités Especiales (Task Forces) en los que trabajen policías junto con abogados, contadores, economistas, ingenieros de sistemas y científicos sociales de tal forma que puedan combatir el tráfico de una manera integral y con un presupuesto a varios años.

Que los gobiernos tengan metas que pueden cumplir.
Naim sugiere que el combate a la lucha contra las drogas esté guiado por dos principios: cómo quitarle valor a la actividad ilegal y cómo reducir su daño. “Es decir, mida el daño social que una actividad ilegal causa y compare la forma de combatirla de acuerdo a cómo reduce su daño”, dice. Por ejemplo, muchos países han priorizado el tratamiento de adictos por encima de encarcelamiento, o en intercambio de agujas y educación sobre el Sida para los adictos. “ La conclusión es que la desregulación, la descriminalización y la legalización tienen que ser opciones de política, sujetas al test de que reducen el valor a los traficantes y el daño a la sociedad. También significa que las políticas que no han probado tener este efecto deben reevaluarse”.

Combatir un problema global con una solución global:
La cooperación internacional es clave. “ Las drogas son cada vez más difíciles de controlar en su fuente, ya que las fuentes de producción de droga se están multiplicando: ya sea porque hay nuevos productores de varias drogas, enclaves rebeldes en un país, o sustitutos que se han vuelto hubs privilegiados de paso para las drogas”. Naim explica cómo a medida que llegan a mercados de alto valor, las drogas son frecuentemente combinadas con otros productos lícitos e ilícitos, no simplemente camuflados detrás de lavadoras o dentro de muñecos sino que forman parte de complejos movimientos de productos y plata que involucran varios intermediarios y lugares. Por eso la coordinación internacional es fundamental para superar las fronteras, que es la principal ventaja con la que cuentan los traficantes sobre los gobiernos, más limitados a actuar dentro de los bordes de cada país.

Involucrar a toda la sociedad:
Naim resalta la importancia de construir una voluntad política alrededor del problema y por eso señala la importancia de que todos los miembros de la sociedad entiendan quién se beneficia de el tráfico ilegal de drogas y quién paga el costo.

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