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| 6/26/2007 12:00:00 AM

“Soy el abogado del secuestrador de mi hermano”

A propósito del juicio contra Simón Trinidad, quien se declaró inocente este martes ante la justicia de EU, Mauricio Pichot, del Proyecto Reporteros de Colombia, recrea el encuentro entre el jefe guerrillero y su abogado, cuya familia es víctima de las Farc.

“Yo ejerzo el derecho y por un avatar del destino me correspondió defender a este señor.” La frase es del penalista bogotano Oscar Emilio Silva Duque y cuando se refiere a “este señor” habla ni más ni menos que de alias Simón Trinidad, señalado como ideólogo de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y cuyo nombre real es Ovidio Ricardo Palmera Pineda, hoy detenido en una cárcel de Washington, Estados Unidos, después de ser extraditado por el Gobierno de Colombia el 31 de diciembre del 2004.

La situación no tendría ningún ingrediente distinto de los problemas de seguridad para los penalistas que asumen la defensa de personajes de organizaciones al margen de la ley, si el abogado Silva Duque no tuviera a su hermano mayor James Silva Duque, secuestrado desde el 7 de septiembre del año 2002, por la misma organización insurgente que comandaba, al menos ideológicamente, alias Simón Trinidad, según informaciones de inteligencia de las autoridades colombianas.

“Ayuda para un amigo”

Era un sábado de principios de enero del año 2004, cuando Oscar Silva Duque recibió en su celular una llamada desde Valledupar: “Usted que está en Bogotá me puede ayudar con un favor para un amigo. Vaya a los calabozos de la Fiscalía General y pregúntele a Simón Trinidad qué necesita para que su estadía sea más llevadera”.

Alias Simón Trinidad acababa de ser capturado en Quito por autoridades del Ecuador el viernes 2 de enero de ese mismo año “en una operación conjunta de Policía y Ejército de Colombia, en coordinación con la Policía del Ecuador,” de acuerdo con lo que informó en su momento el Servicio de Noticias del Estado, SNE, que es la agencia de prensa de la Casa de Nariño, el Palacio presidencial en Colombia, y en medio de una polémica binacional sobre los actores reales de la ubicación y posterior captura del líder subversivo.

“El señor Palmera es un criminal. Está comprometido con el crimen de muchas personas, tiene más de 50 procesos y ahora está en manos de la Fiscalía y de la ley,” afirmó a su vez el entonces ministro de Defensa de Colombia, Jorge Alberto Uribe Echavarría, al descartar de plano cualquier posibilidad de inocencia del guerrillero de las Farc

Frente a Frente

El abogado Silva Duque conocía poco en relación con las circunstancias de la captura de alias Simón Trinidad. En medio de las noticias diarias en radio y televisión sobre la organización al margen de la ley y del despliegue nacional e internacional de entonces sobre la captura del guerrillero, claro, no olvidaba que eran ellos quienes tenían secuestrado a su hermano.

En estas circunstancias y con la consigna única de colaborarle a su amigo para suplir las necesidades básicas de Trinidad, el abogado Silva Duque fue al búnker de la Fiscalía. Allí en una de las celdas encontró al tan nombrado guerrillero.

“Cuando yo llego lo veo muy preocupado porque él no sabía ni siquiera qué era una indagatoria. Comienzo a hablar con él y le digo que vengo de parte de su amigo de Valledupar y que le iba a conseguir lo que necesitaba. Lo primero que me dice es que no necesita ningún elemento de aseo y que ha recibido la visita de prestigiosos abogados que le prometen sacarlo del problema en tres o seis meses. Que lo que él necesita es un abogado.” Dice Silva Duque que él, Trinidad, no confiaba en esas promesas de salir pronto de la cárcel porque tenía la plena conciencia de ser la captura más importante del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez hasta el momento

Entonces se dio lo que Silva Duque llama una empatía personal. “Me refiere lo que él consideraba una estrategia de trabajo para su caso y yo le refiero la que se me ocurrió en ese momento como la más adecuada. Esa persona decide indicarme que confía más en mi y que la estrategia planteada es la más acorde a los intereses de él.”

“A partir de ese momento él me designó como abogado suyo. Todo indicaba en el fondo que, con esas nuevas circunstancias, íbamos a estar más cerca de mi hermano y de obtener su liberación. Sin embargo, una cosa es lo que uno piensa y otra es la realidad”, añade el abogado Silva Duque.

Ricardo Palmera es un antiguo miembro de la que es considerada la clase más privilegiada económicamente de Valledupar y del departamento del Cesar. Estudió su primaria y parte del bachillerato en el Colegio Helvetia de Bogotá, uno de los más prestigiosos del país, y sus dos últimos años de secundaria los hizo en la escuela Naval de Cartagena. Hizo una carrera de economista que terminó en 1976 en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en la capital del país y luego una especialización en la Universidad de Harvard en Estados Unidos. Luego trabajó en importantes cargos privados en su tierra natal.

El padre de Trinidad, Ovidio Palmera, fue un abogado de renombre y clase en el Cesar, además de dirigente del Partido Liberal, fue conocido por sus coterráneos como La Conciencia Jurídica del Cesar. Señalan sus familiares en Valledupar que se fue a morir hace unos años al sur del Continente, agobiado y deprimido por la militancia subversiva de su hijo. La madre de Trinidad, santandereana de nacimiento, llegó muy joven a las tierras del Cesar. Los hermanos de Trinidad son reconocidos profesionales del campo de la arquitectura, antropología y el diseño textil, egresados de importantes universidades del país. 

El ciudadano de prestigio que fue en su momento Trinidad, se sumó al grupo guerrillero en 1987, cuando muchos de sus amigos de izquierda fueron asesinados. Así lo recordó en una entrevista. “Irme a la guerrilla fue una decisión muy difícil. Tuve que dejar incluso a mis hijos, pero la dignidad está por encima.” En honor a Bolívar, adoptó el nombre de guerra de Simón Trinidad. Así lo relata una página de Derechos Humanos al tomar información del periódico El Clarín de Buenos Aires, Argentina de enero del año 2005.

Su prontuario ante las autoridades en Colombia menciona que cuando ocupaba el cargo de gerente de una importante entidad financiera en su ciudad, comenzó a “cobrar” dineros a quienes él consideraba tenían más recursos para su lucha ideológica en las FARC. Esos cobros se conocen como vacunas o extorsiones a cambio de no ser secuestrados o asesinados.

“Él siempre me dijo que no tenía nada que ver con los cargos en su contra, sobretodo en relación con el secuestro. Decía que estaba en desacuerdo con ese proceder de las FARC en contra de la población civil y que no entendía por qué se hacían ese tipo de operaciones”, relata Silva Duque con la voz quebrada por el dolor de la ausencia de su hermano secuestrado. Continúa Silva Duque diciendo que Trinidad le afirmó que, por ejemplo, nunca tuvo nada que ver con el secuestro y posterior muerte de la ministra de cultura Consuelo Araújo Noguera, su familiar en algún grado; “me dijo que estaba muy lejos y que tampoco era el comandante del Bloque Caribe de las FARC,” como lo mencionan las autoridades.

A Silva Duque aún le sorprende que Trinidad le habló acerca de todos los contactos y diligencias que aseguró haber hecho para lograr la liberación de la señora Araújo Noguera, así como sus diálogos ante los comandantes de las FARC sobre el caso y también cómo criticó el secuestro de la ministra al calificarlo como un error logístico, operativo y estratégico. Dice Silva Duque que Trinidad no entendía cómo la investigación de la Fiscalía lo involucró con el hecho.

Según las autoridades en Colombia, Trinidad como miembro de lo que se llama el Secretariado de las FARC, es decir el alto mando guerrillero, es presuntamente responsable de múltiples crímenes, secuestros y atentados contra poblaciones, entre otros. Para las autoridades de Estados Unidos ,Trinidad conspiró para introducir a ese país más de cinco kilogramos de cocaína y para secuestrar a tres ciudadanos estadounidenses, Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves, en febrero de 2003, cuando el avión en que viajaban por las selvas colombianas fue derribado por guerrilleros de las FARC. La tarea en la que estaban los estadounidenses no fue aclarada de manera suficiente, pues la prensa registró versiones distintas emitidas por los dos gobiernos e incluso por otras fuentes.

En Colombia las pruebas mayores contra el insurgente están basadas en documentación y en un video encontrados por militares en campamentos de las FARC y en el testimonio de una operadora de radio de la guerrilla, quien dice ser cercana a Trinidad, versión que el desmintió. Sin embargo, en Estados Unidos, donde el caso es llevado por el juez Tomhas Hogan, dicen los testigos que no hay fotografías, ni otro documento, como tampoco el mencionado video, en donde el detenido sea relacionado directamente con los cargos que se le imputan. “Yo no tenía nivel de mando en las acciones de las FARC. Esas acciones se ordenan desde otros niveles,” le dijo Trinidad a su abogado.

Silva Duque inició la defensa de Trinidad ante la Fiscalía General de la Nación con una actitud que él siempre considera vital para estos casos: “como es el Estado el que tiene la carga probatoria contra el sindicado, la mejor estrategia es el silencio. A Trinidad le gustó la estrategia planteada por el abogado y envío una nota de su puño y letra a la entonces directora de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, Constanza Silva, en la que le decía que Oscar Silva Duque, lo representaría. Esa primera charla entre el abogado y Trinidad duró veinte minutos. No le habló del secuestro de su hermano por parte de las FARC.

A partir de allí se inició el proceso ante la justicia colombiana, la que finalmente nunca inició un juicio formal en contra de Trinidad. Según Silva Duque “Él siempre consideró su extradición como una derrota para el Gobierno Nacional, por la costumbre que se ha generado en el país de que aquel que no puede ser condenado, por falta de pruebas, es extraditado”.

“Hubo un momento en el que yo le digo que las FARC tienen secuestrado a mi hermano y él me comienza a preguntar al respecto. Siempre se mostró muy receptivo de la situación familiar ante el hecho y planteó que ojalá las cosas tuvieran un feliz final y que él no entendía cómo se secuestraba a una persona de esa manera, sin un objetivo preciso y cuyo único pecado para la guerrilla era pertenecer a las filas del estado como empleado; así narra el abogado Silva el momento en que le contó a alias Simón Trinidad que las FARC tenía secuestrado a su hermano”

El 31 de diciembre del año 2004, cuando el país se preparaba para despedir un año más, Silva Duque se notificaba en el Ministerio de Justicia de la orden de extradición contra Trinidad; su defendido fue enviado a los Estados Unidos para comparecer ante una Corte Federal del Distrito de Washington ante el fiscal John Crabb. “No pude estar ese día cerca de Trinidad y sí, me dio nostalgia cuando lo extraditaron, aunque ya había definido todo allá con unos abogados de Estados Unidos para que lo recibieran y asumieran su caso, añade Silva Duque.

Para el abogado resulta muy curioso que, a pesar de haber ido en tres ocasiones a la capital estadounidense, no haya podido hablar a fondo con Trinidad. “Las autoridades de allá han manifestado que cualquier reunión, como las que hacíamos aquí en la cárcel de Cómbita en Boyacá, tiene que ser monitoreada por un miembro del Departamento de Estado y que también tiene que mediar la presencia de un agente federal al momento de la entrevista. Todo eso en virtud a que los norteamericanos están completamente paranoicos de que el señor Trinidad refiera algún mensaje cifrado de las FARC para que éstos envíen alguna orden conmigo. Sólo pude saludarlo durante una audiencia a la que él fue citado como testigo.”

En consideración de Silva Duque, las autoridades de Estados Unidos están completamente convencidas que él, Silva Duque, mantiene un contacto directo con el Secretariado de la organización. “Situación ilógica, porque, de ser así, lo habría utilizado en buscar y lograr la liberación de mi hermano”, manifiesta el abogado.

La certeza del secuestro de su hermano James por parte de las FARC que tiene Oscar Emilio Silva Duque, a pesar de no haber recibido ni una sola prueba de supervivencia, radica en la acción en sí: cuando fue llevado por hombres de camuflado en compañía de algunos de sus compañeros, posteriormente liberados y en testimonios de más personas secuestradas por esa organización que manifestaron haberlo visto en alguno de los “cambuches” utilizados por los subversivos para sus víctimas.

Esa misma circunstancia, la de la falta de pruebas, le permiten también deducir con el dolor más grande en su alma que su hermano, James Silva Duque, “ya no esta vivo. Todos estos años he tratado de entender a las personas que toman decisiones en las FARC y no he podido comprender cómo tienen una fábrica de desechos humanos en las selvas del país”.

Traslado infortunado

James Silva Duque había sido trasladado unos días antes del secuestro a la ciudad de Villavicencio como funcionario de la Fiscalía. Padre de tres hijos, siempre quiso llegar a la capital del Meta como una manera de estar más cerca de sus padres, hermanos y demás familiares que viven en Bogotá. Un fin de semana de descanso cuando disfrutaba junto a sus compañeros de oficina de una divertida reunión, un comando guerrillero se lo llevó junto a otras personas, posteriormente liberadas a cambio del pago de rescates.

Después de un silencio profundo, largo y de un respiro eterno, Oscar Emilio Silva Duque ratifica una conclusión que no habría querido registrar nunca. “Es la primera vez que lo refiero, pero yo creo que mi hermano no está vivo. Está muerto.”

 
*Periodista del proyecto Reporteros de Colombia


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