Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/08/31 00:00

“Soy pereirana y no sé jugar fútbol”

Vanesa Yepes Serna, estudiante universitaria, pereirana de nacimiento, hace una cruda radiografía de la situación social y económica de su ciudad y pide no taparla con el escándalo mediático generado por la novela ‘Sin tetas no hay paraíso’

“Soy pereirana y no sé jugar fútbol”

Soy pereirana, y el estereotipo de las mujeres de esta ciudad en el resto del país me ha perseguido desde siempre. Cuando me piden la cédula en algún lugar, me he ganado muchas miradas socarronas, y unas cuantas invitaciones babosas. Por favor, cuéntenme un chiste de pereiranas que no me sepa.

No hace mucho, una amiga pereirana se ganó una beca en una prestigiosa universidad en Holanda, país famoso por su liberalidad. Cuando iba a tramitar la visa, la asesora de la agencia de viajes le recordó que, en la fila de la embajada, se iba a encontrar con muchas paisas que iban como trabajadoras sexuales a la capital de ese país. Así que lo mejor era ir vestida del modo más discreto posible (de traje, sin escote, y claro, sin chanclas), recordarle al funcionario que la atendiera que iba de ‘estudiante’, y llevar el estandarte de ‘pereirana’ con mucha prudencia, para evitar que le negaran la visa. Si lo de la fama ya es considerado como un hecho, el ser pereirana debería ser un pro y no un contra en los trámites para ir a un país con una reconocida industria del sexo. En vez de presentar extractos bancarios y otros papeles inútiles, el sólo registro civil de pereirana que no sabe fútbol debería ser suficiente para obtener la visa. Ya quisiera yo que la lógica diplomática funcionara de esa manera; así tendría visa para viajar sin tropiezos por toda la Unión Europea.
Sin embargo, muy a mi pesar -y eso sí tengo que reconocerlo- esto de la fama de las pereiranas jamás me ha afectado de esa ni de ninguna otra manera, más allá de ser un poco irritante.

Es por eso que me pregunto qué quiere decir el alcalde Arango cuando acude a la ‘dignidad de la mujer’ para convocar a una marcha (que ahora es pro orgullo pereirano y no en contra de nada ni de nadie, como unos días atrás), para pronunciarse en contra de ‘esta sombra nefasta’, ese ‘karma’ para las pereiranas que deshonra su dignidad.
¿Que qué pienso como pereirana afectada acerca de la marcha? Me pareció una idea ridícula (además de publicidad gratis para la ya popular novela) impulsada por la doble moral y el afán de protagonismo de los dirigentes que pretenden ignorar el problema real, con fines incluso más mercantilistas que los de la famosa serie Sin tetas no hay paraíso y decirnos que todo es mentira y que aquí no pasa nada. (Eso sí, admito que me divierte mucho que gracias a la novela ahora no hay inconveniente para decir ‘teta’ en cualquier medio de comunicación; soy paisa y grosera, para sumar otro estereotipo).

Lo malo de ser pereirana es tener la certeza de que si me hubiera quedado en Pereira habría tenido muy pocas posibilidades de conseguir trabajo en mi profesión, cosa que sí afecta mi vida, y mucho; al igual que la de muchos otros colombianos de provincia.
Creo que la dignidad para la mujer pereirana tiene que ver más con igualdad y justicia que con estereotipos y marchas inútiles. Que no se les olvide al alcalde ni al gobernador que Risaralda es el segundo departamento con el mayor desempleo del país (14,2 por ciento, según el Dane; y que en un estudio sobre prostitución realizado por la Procuraduría Delegada para la Defensa del Menor y el Icbf, se consideró muy grave el problema de prostitución infantil femenina en Pereira, en un fenómeno que además de la capital del Risaralda, se presentaba en otras cuantas ciudades capitales.

Esa es sí es la verdad, sin estereotipos, y si algo le tenemos que agradecer a la novela es que el ridículo debate sobre si las pereiranas son putas o no evidenció esta terrible realidad de miseria y abandono. (Por demás me toca agradecerle a mi mamá, pereirana también, por el adjetivo ‘ridículo’, maravilloso calificativo que ella le aplica al debate, a la marcha y alcalde, sin discriminar.)

Que el desempleo, las situaciones de pobreza extrema, los bajos niveles de educación, la violencia y la descomposición familiar conduzcan a la prostitución no es ninguna novedad. Soy pereirana y sin tetas, y para mí, la reivindicación social de la mujer pasa por la posibilidad de tener un trabajo digno con un salario justo, y un horario razonable que les permita a las trabajadoras pereiranas llegar a sus casas a cuidar a sus hijos, para que no se dejen deslumbrar por el dinero fácil; por no sentir el temor de no poder darles una vida digna; o por no tener que convivir con un marido machista y abusador. Suena mamerto, pero es verdad; y si se dan estas condiciones, el que crean que soy puta o no me tiene sin cuidado.

No es un secreto para nadie que la migración de los padres a otros países en busca de mejores oportunidades, o simplemente los hogares monoparentales donde las madres deben trabajar jornadas extenuantes para obtener un sueldo miserable, ha dado lugar a una juventud que crece en el abandono y con sus necesidades básicas insatisfechas. Para estos jóvenes el mundo del narcotráfico es un mecanismo de escape, de obtención de poder y satisfacción. Quienes se sostienen con el flujo de dinero de los narcos no son sólo esas niñas de tetas postizas -nuestras famosas ‘Yayitas’- que andan con traquetos; también lo hacen los jóvenes sicarios y mandaderos, nuestros famosos ‘sacaperros’ y varios sectores de la economía, que disfrutan en silencio de la bonanza coquera. Esto tampoco es una novedad.

¿Hasta dónde ha permeado el narcotráfico nuestra sociedad pereirana?

Le doy gracias a la polémica ridícula de las pereiranas, porque hizo que los medios de comunicación le prestaran especial atención a los dineros que financian proyectos como el Megabús y al trato que les están dando nuestros dirigentes a la aguda descomposición social que acompaña al mundo del narcotráfico. Ahora que tenemos la atención del país, ¿cuándo vamos a darnos cuenta los pereiranos, de lo que pasa a nuestro alrededor? ¿Cuándo vamos a exigir de nuestros dirigentes acciones eficaces (no marchas publicitarias), para combatir el verdadero problema: la falta de oportunidades para la mujer pereirana?

Hay que dejar de mirar para un lado y admitir a regañadientes que “eso sí pasa pero no sólo en Pereira sino en todo el país”. Pereira tiene que afrontar su realidad, y tomar cartas en el asunto; debe implementar programas de educación y ampliación de posibilidades, especialmente para que las mujeres puedan desempeñarse en actividades productivas dignas.

Espero que en la próxima marcha del orgullo pereirano las mujeres reclamen porque estos programas se vuelvan derechos tangibles y no publicidad temporal para el gobernante de turno. Esto sí sería, bajo mi punto de vista, dignidad para la mujer pereirana; ese día estaré en primera fila cargando una pancarta.

También me gustaría que mi amiga que se fue a estudiar al exterior no tenga que volver a vestirse discretamente, para hacer un trámite en alguna embajada con el fin de buscar crecimiento profesional en otro país, sino que pueda regresar a trabajar en lo que estudió, y pueda ser parte del verdadero desarrollo de Pereira, lejos de la economía del narcotráfico.

Apuesto a que me van a llegar muchos chistes de pereiranas por e-mail.

vaneyepes@gmail.com

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