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| 3/6/2005 12:00:00 AM

Tan cerca, pero tan lejos

La paz definitiva entre Israel y Palestina parece alejarse cada día un poco más.

La escena con la que culminó la reunión en Sharm el Sheik, Egipto, el 8 de febrero pasado, en donde el primer ministro israelí Ariel Sharon y el presidente Mahmoud Abbas se daban la mano con el compromiso de un cese del fuego y las concesiones necesarias para cumplir la Hoja de Ruta, llenó al mundo entero de esperanzas. Los pasos que se estaban dando en la negociación entre Israel y Palestina eran gigantescos. Jamás se pensó que Sharon, reconocido mundialmente por su lineamiento derechista y su mano dura en contra de los Palestinos, fuese a ceder en temas tan controversiales para Israel como la retirada de Gaza y la liberación de prisioneros.

Ni tampoco que el primer ministro, perteneciente al derechista partido Likud, se aliara con un partido como el Laborista -dirigido por ex primer ministro Shimon Peres-, que cree firmemente en la necesidad de alcanzar la paz con los palestinos aunque para ello haya que hacer concesiones territoriales. Semanas más tarde, después de discusiones y desacuerdos, el gabinete israelí votó a favor de la retirada oficial de los asentamientos y los militares en Gaza. Un día después, el 21 de febrero, 500 prisioneros palestinos eran liberados. Desde el 17 de febrero se prohibió al ejercito israelí destruir las casas de supuestos terroristas palestinos, práctica muy frecuente durante el actual gobierno.

Todas estas concesiones, impensables cuando Yasser Arafat se encontraba al frente del gobierno palestino, han hecho creer a muchos que el primer ministro israelí realmente quiere llegar a un acuerdo de paz duradero con Palestina. Pero otros piensan que estos actos de buena voluntad son en realidad 'pañitos de agua tibia', una jugada estratégica de Sharon para no dar su brazo a torcer en temas cruciales de la negociación que no han sido tocados en las conversaciones con Palestina. Como dijo a SEMANA.COM John Robertson, profesor en historia de la Universidad Central de Michigan: "El muro de separación, Jerusalem, el derecho de los refugiados a volver y los grandísimos asentamientos en Cisjordania son las 'líneas rojas' para Sharon en las que no piensa ceder".

Con la liberación de prisioneros pasaría lo mismo, pues los liberados son aquellos que "no tienen sangre en sus manos", es decir, delincuentes comunes o personas que fueron detenidas sin razones claras, pero que no tienen en realidad un significado político para la causa palestina. Pero figuras de gran importancia como el líder político palestino Marwan Barghouti, en un tiempo mano derecha de Arafat, no serán liberados.

El primer campanazo de alerta apareció cuando los grupos militantes palestinos, Hamas y Jihad Islámica, declararon abiertamente que ellos no se sentían obligados a mantener el cese del fuego. Y de inmediato se escuchó la réplica de Israel, cuyo gobierno advirtió desde el primer momento que si las fuerzas israelíes o los asentamientos llegaban a ser atacados, su reacción sería inmediata y muy fuerte.

Mahmoud Abbas, que fue elegido como sucesor de Arafat en la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina el pasado 9 de enero, ha sido consistente en su preferencia por la diplomacia como salida pacífica al conflicto entre Israel y Palestina. Pero a pesar de haber logrado el respaldo electoral de su pueblo, no logra tener la popularidad que tenía su antecesor el 'Rais' y además no ejerce control alguno sobre los grupos militantes. Eso no le permite asegurar que la tregua será respetada. Como consecuencia, sigue existiendo un fuerte desequilibrio entre las partes. "La sociedad palestina está medio destruida, aniquilada, y sus autoridades lo que quieren por encima de todo es tregua para negociar porque probablemente nunca han estado tan cerca de aceptar una solución territorial mala, es decir, mucho menos de lo que exigía Arafat. Esa es la razón de que Sharon quiera parecer blando y transigente, porque se ve cerca de la victoria", dijo a SEMANA.COM Miguel Ángel Bastenier, subdirector del periódico El País de España.

Todos esos antecedentes conformaron una nube negra sobre las posibilidades de éxito de la paz, y su sombra no tardó en aparecer. Primero llegaron las amenazas de la extrema derecha israelí contra Sharon. No son para tomar a la ligera, sobre todo si se recuerda que el primer ministro Yizak Rabin fue asesinado después de las negociaciones de Oslo por un israelí ultraderechista en 1995. Sharon logró conquistar con su "'nueva actitud negociadora' a los partidarios de la izquierda israelí, quienes apoyan una negociación y un tratado de paz. Pero se ganó el odio de su copartidarios, especialmente del ex primer ministro y hoy ministro de Finanzas Benjamín Netanyahu, quienes pedían que se hiciera un referendo nacional para definir la situación de los asentamientos.

No se puede olvidar a los israelíes que viven en los asentamientos en Gaza, quienes construyeron sus hogares en ese territorio con el apoyo del gobierno. Ellos serán indemnizados por su traslado, pero esto no asegura que todos deseen y accedan a irse de sus casas, pues muchos viven allí hace más de 20 años, cuando Israel se retiró de los asentamientos que tenía en la península del Sinaí en territorio egipcio. Por lo tanto se puede esperar que la retirada se convierta en un enfrentamiento violento, sobre todo si se tiene en cuenta que los israelíes que viven en Gaza están armados y no tendrían problema en comenzar una lucha contra los palestinos y el ejército de Israel.

Como expresó el canciller Silvan Shalom, esta retirada podría crear una guerra civil entre el pueblo israelí. Además, como dijo a SEMANA.COM Tamara Cofman, investigadora y especialista en política de Oriente Medio: "La pregunta es qué ocurrirá una vez concluida la retirada de Gaza a finales del verano. Si el horizonte diplomático es incierto, será muy difícil mantener la calma entre Palestina e Israel".

Todo se tornó más oscuro aún cuando el pasado 25 de febrero un militante suicida perteneciente al grupo Jihad Islamica hizo estallar una bomba en frente de una discoteca en Tel Aviv, matando a cuatro jóvenes israelíes. Ante estos hechos violentos no se dio a esperar la reacción de Sharon, quien advirtió a Palestina que a menos de que se tomaran acciones fuertes para eliminar a los militantes, no se daría un paso más en las negociaciones. Una exigencia muy difícil de cumplir si se tiene en cuenta la fuerza política y el apoyo popular - estos grupos lograron escaños en el Parlamento- que tienen los militantes entre el pueblo palestino y el poco control que logra ejercer Abbas sobre ellos.

Por ahora las negociaciones se encuentran congeladas. Las presiones y la posibilidad de una nueva oleada de violencia aumentan y se pueden esperar retaliaciones por la bomba en Tel Aviv. Abbas estuvo la semana pasada en un viaje diplomático por el viejo continente y asistió al foro de lideres mundiales en Londres al cual no fue invitado ningún representante israelí. Pero a menos que se logre una tregua verdadera en donde los compromisos de ambos lados logren satisfacer a las partes, no se puede esperar una paz duradera y mucho menos la creación de un estado palestino.
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