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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Teatro y resistencia

Viernes 28. María Fernanda Moreno recomienda 'El amante', una nueva obra del Teatro Nacional y trata de iniciar una jornada de resistencia contra los bares que se sienten en la libertad de decidir a quiénes dejan entrar.

La presentación de 'El Amante' en el Teatro Nacional de la 71 es una feliz coincidencia. Justo cuando se preparaba su estreno, la Academia Nobel anunciaba a su autor, Harold Printer, como nuevo ganador del premio Nobel de Literatura. ¿Eso qué quiere decir? Pues que los colombianos no tendrán que esperar un par de años para ver una de las 29 razones por las que este dramaturgo inglés recibió el reconocimiento más importante del mundo en este campo.

Y no sólo por eso vale la pena ver la obra. El montaje es excelente. Los diálogos son excelentes. El reparto es excelente. El director es excelente. Para los que no tragan entero la abundancia de elogios, ahí van las razones. El montaje es excelente porque logra transportarnos sin mucho esfuerzo a los años 60. Los diálogos son excelentes porque, además de ser una creación del políticamente incorrecto Printer, son una muy buena traducción de Joe Broderick, un periodista colombianizado que pasará a la historia de nuestro país por haber escrito 'Camilo, el cura guerrillero'. El reparto es excelente porque está compuesto por tres buenos actores: Patrick Delmas (Aníbal en 'La viuda de la mafia'), Marcela Carvajal (Ximena en 'Dora la celadora') y Manuel José Chávez (saltó a la fama cuando protagonizó 'De pies a cabeza'). El director es excelente porque es Fabio Rubiano. Para los que no saben que además de actuar dirige, una chiva: realizó la adaptación teatral de 'Crónica de una muerte anunciada' y dirigió 'Un tranvía llamado deseo'.

¿De qué se trata la obra? Sin dar muchos detalles, de una pareja supuestamente perfecta que decide escapar de la rutina involucrando a un tercero en la relación. Tensión y sátira son sus ingredientes principales.
Estará hasta el 17 de diciembre en el Teatro Nacional de la 71 (calle 71 # 10 - 25). Funciones de miércoles a viernes a las 8:30 de la noche. Y los sábados a las 6:30 y 9 de la noche.

Piérdaselo

Esta semana cambiaré un poco la rutina de darles a nuestros lectores sólo eventos culturales que no se pueden perder. También les recomendaré perderse uno. Aunque no es un evento precisamente.

Atrás quedaron los días en los que eran los clientes los que decidían el lugar en el que querían gastarse la plata, y los dueños y administradores de los sitios se peleaban porque entraran a 'hacerles el gasto'. Ahora son unos vigilantes con chaquetas abultadas y actitud de magnate los que deciden quiénes son merecedores de entrar a sus sitios.

Me ocurrió el viernes pasado en 'El Salto del Ángel', en el parque de la 93, al lado de la revista. Un hombre joven que estaba a la entrada nos cerró el paso a mí y a mis amigos y me preguntó: "¿Tiene reservación?, porque hoy la entrada es con reservación". Le dije que no y nos fuimos muy indignados. A ninguno de nosotros nos habían negado la entrada a un lugar.

Además, ¿será que ellos creen que la excusa de la reservación es convincente? Pues no. Como si no fuera obvio que los viernes no programan eventos privados en los bares para no perder clientes.

¿Cuál es el criterio para decidir quiénes pueden entrar y quiénes no? Hace algunos meses supe que en los bares de Cartagena le prohibían la entrada a los negros. La noticia volvió a poner en el tapete el tema de la discriminación racial en el país. Y, después de todo el escándalo que se desató y varias tutelas de afrodescendientes a estos lugares, no se le volvió a negar la entrada a nadie por su color.

Tendría una historia buenísima si alguno de mis amigos o yo fuéramos afrodescendientes. Diría que no pudimos entrar por nuestro color y volvería a alborotar el avispero. Pero no, todo somos muy mestizos. Argumento descartado. ¿Entonces por qué? Por mil razones, El Salto era mi lugar favorito. Fui muchísimas veces y nunca tuve problema para entrar. ¿Por qué el fin de semana pasado sí?

No sé. Pero igual el objetivo de esto no es compartir con ustedes una disertación larguísima sobre por qué esa noche tuve que ir a Babar (el único sitio chévere que queda en la 82, con tres ambientes, muy buena música y abierto hasta las 6 de la mañana) en lugar de estar en El Salto. Mi único propósito es comenzar una jornada indefinida de resistencia. Nadie tiene que rogar para entrar a un sitio a gastar su plata y así garantizar la subsistencia de éste. Cada vez que un guardia de esos le saque la excusa de la reservación, la fiesta privada o la falta de cupo, no ruegue, de la vuelta y váyase a un mejor lugar. No regrese. Y cuéntele a todos sus amigos para que no vuelvan. Yo, con el dolor de mi alma, no volveré a El Salto. Ojalá con esto los dueños de esos sitios se den cuenta que no nos hacen ningún favor al dejarnos entrar. Nosotros se los hacemos a ellos.

¿Le ha pasado?, ¿conoce alguna historia? Envíe un testimonio muy breve a mmorenop@semana.com Publicaremos los mejores la próxima semana.

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