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| 10/25/2006 12:00:00 AM

Testimonios

Entre las historias enviadas a SEMANA.COM por los colombianos, seleccionamos ocho para presentarlos a nuestros usuarios.

Luis Alfonso Carvajal

Aunque mide 1.60 cm, sólo pesa 35 kilos. No sabe hablar y no puede vestirse ni comer por si mismo. A los 14 años comenzó a caminar y necesita una persona a su lado las 24 horas del día. En la navidad de 1997 estuvo entre la vida y la muerte y ha estado hospitalizado siete veces a lo largo de su vida. Es Luis Alfonso Carvajal, nació en Socorro, Santander, en agosto de 1983, con 3.800 gramos de peso, 52 cm de estatura y después de un embarazo totalmente estable.

Sus problemas comenzaron unos días antes del nacimiento. El día que nació, su mamá llevaba seis días recibiendo pitosín. Una droga recetada para la inducción del parto natural y que no debe suministrarse por más de 24 horas. Precisamente ese último día se había aumentado la dosis por una sugerencia telefónica del doctor.

El 22 de agosto de 1983 la cita para realizar la cesárea era a las 6.30 de la mañana. Como a las 10 de la mañana el doctor aún no se había presentado, ni había delegado a nadie más, otro médico decidió atender el parto después de notar que el niño latía 20 veces por minuto, una frecuencia cardiaca muy lenta pues la normal para un bebe recién nacido es de 120 latidos por minuto aproximadamente.

Luis Alfonso nació en estado de paro cardio-respiratorio, por lo que debió ser revivido con masajes cardiacos. Finalmente, después de ese accidentado parto, Luis Alfonso adquirió una infección con meningitis que sus padres atribuyen al descuido del médico por el mal manejo durante el parto y que según la médica consultada, es poco frecuente en bebes no prematuros.

Sus papás aseguran que de no haber trasladado al niño a Bogotá en una avioneta a los 4 días de nacido, el niño ni siquiera estaría vivo. Hoy Luis Alfonso sufre de parálisis cerebral y de una invalidez absoluta, para los Carvajal un producto de la suma de un descuido médico tras el otro. Los 23 años de vida de Luis Alfonso han sido también una lucha por parte de su Papá Luis Alfonso y su mamá Mabel por obtener algo de justicia en el caso de su hijo.

El 6 de septiembre de 1983, fue puesta la queja ante el Tribunal de Ética Médica de Santander. Según les comentaron en el tribunal, el médico fue citado para indagatoria. Sin embargo los papás de Luis Alfonso nunca fueron llamados a declarar. Ellos suponen que fue absuelto porque nunca recibieron ninguna noticia por parte del tribunal.

En el año en que estuvieron en Cuba para rehabilitar a Luis Alfonso, su familia recibió un concepto médico que confirmaba el origen de los daños causados en su hijo. Los médicos anotaban que en Cuba, después de 24 horas de no notar respuesta a la estimulación con pitosín, se realiza una cesárea. Que para hacer una cesárea la dosis de pitosín debe suspenderse, en lugar de aumentarse. Que los mayores daños en el niño fueron precisamente un producto de la alta dosis suministrada en las últimas horas y que el estado de la madre justificaba totalmente haberla mantenido en cuidados intensivos y no en condiciones clínicas normales.

Por último atribuyeron al mal manejo del trabajo de parto las consecuencias de invalidez para Luis Alfonso. Dicen que el médico debió al menos anexar un informe claro y completo de porque no funcionó la inducción del parto y que en Cuba hechos como ese habrían sido deshonrosos para la práctica médica.

A pesar de que reposa en la historia clínica que la dosis de pitosín excedió de lejos la dosis normal. A pesar de que Luis Alfonso asegura que la aspiración de meconio registrada en la historia fue controlada sólo días después del nacimiento. Y aunque hay registro de que varias de las órdenes del médico fueron dadas por teléfono, el Tribunal de Ética encargado no falló en contra del médico.

Al nacer los niños reciben una calificación entre uno y diez para valorar su estado, una “nota” llamada puntaje Apgar. Diez significa que el niño nació en excelente estado, cero significa que su estado es alarmante, severamente deprimido explica la médica. Aunque la mayoría de los bebes reciben un ocho en su nacimiento, Luis Alfonso se rajó, recibió apenas un uno sobre diez.

Sin embargo, diecisiete años después de haber nacido Luis Alfonso y luego de sobrevivir a una grave crisis, recibió una carta de su hermana Milena en donde parece que con su familia a Luis Alfonso le fue, diez sobre diez. “Aún no dices mamá pero te haces entender a la perfección. Aún no comes sólo pero eso no importa porque siempre habrá quien de te de de comer. No eres tan detallista como un ingeniero que construye un edificio, pero eres tan inteligente para construir tu propio entorno como el más hábil ingeniero”.

Un bebé (Los nombres en este caso han sido cambiados por petición de los involucrados)

De no haber sido por la intervención de una médica en Cartagena, seguramente el primer hijo de Sergio y Ángela tendría hoy dos años. Ellos llevaban un año buscando su primer hijo. Un miércoles de junio de 2004 Ángela sintió un fuerte dolor a la altura del ovario izquierdo y vomitó varias veces, inmediatamente fueron a una clínica de su EPS esperando buenas noticias.

Cuando llegaron, una doctora ordenó una ecografía, después de analizarla la doctora aseguró que había algo extraño en el ovario izquierdo y su diagnóstico fue: embarazo ectópico. Es decir, un embarazo que se desarrolla fuera del útero y que pone en riesgo la supervivencia del bebe.

La propuesta de la doctora fue que la paciente, de apenas 24 años, debía entrar en cirugía para retirarle la trompa y el ovario, partes de su aparato reproductivo. Al día siguiente, luego de la intervención quirúrgica la médica informó a los padres que no había embarazo, que el diagnóstico había sido un error de ella. Según dijo, lo que había visto como un feto era simplemente un quiste, que ella había removido debidamente en la cirugía.

Pocos días después de esa falsa alarma, Sergio y Ángela ansiosos de continuar buscando su primer bebe visitaron al ginecólogo. La noticia que recibieron fue desgarradora, ya había habido un embarazo. De acuerdo al análisis de la historia y las ecografías, lo que la doctora había retirado como un quiste era el cuerpo lúteo, es decir una parte del ovario que produce las sustancias que alimentan al feto en las primeras semanas. Haberlo retirado provocó un aborto inmediato, los exámenes que le realizaron de gonadotropina confirmaron la noticia, tenía dos semanas de embarazo.

Curiosamente cuando el médico supo del error que había cometido la ginecóloga, ni siquiera preguntó quien los había atendido. Al ver los resultados de la ecografía y el nombre de la clínica supo de quien había sido el trabajo.

Inmediatamente después del incidente, la pareja suspendió la suscripción a su EPS. Valentina, la niña de diez meses que tienen hoy fue atendida por médicos particulares, pues ellos aseguran que con grandes esfuerzos pagan medicina particular para evitar que les ocurra algo similar.

Bethsabé Buitrago

Un celador de una clínica en Bogotá no quiso abrir las puertas a Bethsabé Buitrago de Farfán el 10 de abril del año 2000, porque consideró que la sala de urgencias estaba muy llena. Bethsabé había sufrido en los últimos días de estreñimiento fuerte, los médicos que la atendieron le habían recetado analgésicos. Ese día Bethsabé presentó un dolor abdominal insoportable y por eso acudieron a urgencias.

Después del rechazo en la entrada, Bethsabé fue llevada por su hija y su esposo muy rápidamente a una sede de su EPS. Allá la internaron y unas horas después le dijeron que debía ser trasladada a la misma clínica donde aproximadamente seis horas antes le habían negado la entrada.

Al llegar allá lo primero que hizo el cirujano fue reprocharles por haber tardado tanto en traerla a la clínica. Una peritonitis era lo que le estaba produciendo ese dolor, la enfermedad estaba invadiendo todos sus órganos y por eso debían operarla. La gravedad de su estado era tal, que antes de la cirugía su esposo tuvo que firmar una carta liberando de responsabilidad a los médicos de lo que le ocurriera, pues corría el riesgo de morir durante el procedimiento.

Después de ocho horas de operación, los médicos confirmaron que seis partes de su intestino grueso estaban perforadas y que tenía una grave infección pulmonar. Los catorce millones de la cuenta del hospital fueron pagados por la EPS, pero después de interponer una acción de tutela, pues sólo querían asumir la mitad de los gastos.

Cuatro meses después de la cirugía, como era el compromiso, la colostomia, es decir el orificio creado quirúrgicamente para sustituir el ano temporalmente, le fue operada a Bethsabé. Pero su familia asegura que el descuido de los médicos que durante dos días no la visitaron, además de la mala alimentación después de la operación, fueron la causa de que le apareciera otra perforación en el colon.

Bethsabé requería entonces una tercera cirugía, pero la EPS se negó a pagarla. Después de perder ante una demanda interpuesta por la familia, finalmente la EPS accedió a realizar el procedimiento. Sin embargo sus familiares afirman que durante el tiempo que tardaron en recibir el fallo, Bethsabé no fue atendida y empeoró mucho más.

En mayo del 2000 fue interpuesta una queja ante el tribunal de Ética Médica de Bogotá, pues su familia considera que la demora en la atención de Bethsabé fue la principal causa de que su condición se agravara. El tribunal seis años más tarde aún no ha dado una respuesta.

Bethsabe hoy no puede caminar, parece estar embarazada con catorce meses dice su hija. Como no puede moverse por si sola, tuvo que renunciar a su trabajo y se ha convertido en una persona totalmente inactiva.

Sergio Espinosa

Después de que le diagnosticaron hidrocefalia, a Sergio, de 37 años, le implantaron en una clínica de Bogotá, la válvula de Hakim en el cerebro. Aproximadamente tres meses más tarde, se la tuvieron que retirar porque se le infectó la cicatriz de la herida. El médico le dio salida ese mismo día, sin ninguna advertencia, y por la noche, Sergio perdió totalmente el conocimiento por sufrir una hidrocefalia severa nuevamente: su cerebro ya se había acostumbrado a la válvula. Al tener que ser llevado de urgencia al hospital, el mismo médico le colocó una nueva válvula al otro lado de la cabeza ocasionándole una hemorragia que causaba la obstrucción de la vávula obligándolo a someterse a ocho operaciones más en el cerebro en menos de un mes, que lo dejaron prácticamente inválido. Perdió el habla, el control de esfínteres, el movimiento de sus extremidades, no podía sostener su cabeza y ni siquiera reconocía a su familia. El tratamiento decretado por el médico para Sergio consistía en manejar la inclinación de su cama.

Debido al deterioro progresivo de Sergio y a que al sufrir una trombo embolía pulmonar el médico le dijo a Sergio “que podía morir en cualquier momento y ya no era su responsabilidad”, su esposa tomó la decisión, contrariando la opinión del médico, de llevarlo a Estados Unidos en un avión ambulancia, teniendo que firmar unos documentos en los que asumía el riesgo de la vida de su esposo.

Cuando ya en la Clínica Mayo en la Florida llamaron al médico colombiano a pedirle información adicional sobre el tratamiento aplicado a Sergio, el médico se negó a otorgar estos datos alegando que no lo hacía por respeto profesional con el médico americano. Finalmente, en la Mayo, le extrajeron a Sergio la válvula implantada por el médico en Colombia, y descubrieron que ésta estaba semibloqueada por un coágulo hacía semanas y que por eso no funcionaba bien. Sergio llegó a Estados Unidos con una lesión cerebral. Después de mes y medio, Sergio fue trasladado en otro avión ambulancia, al centro de rehabilitación de la Clínica en Rochester, Minnesota, en donde estuvo durante un año aprendiendo de nuevo a comer, a caminar, a hablar y a controlar esfínteres.

La familia demandó al médico ante el Tribunal de Etica Médica de Bogotá, y luego ante el Tribunal Nacional de Etica Médica. Ambas quejas fueron rechazadas argumentando que “antes del traslado del paciente, su situación clínica estaba mejorando y evidentemente así continuó en los EU…”, ignorando el hecho de que durante todo el mes y medio que estuvo en Cuidados Intensivos en la clínica colombiana su condición de salud empeoró hasta el punto de perder todas sus facultades y que sólo porque en Estados Unidos detectaron que la válvula no funcionaba adecuadamente, se había salvado.

Juan Sebastián Torres

La primera opción que recibieron los papás de Juan Sebastián Torres ante su problema fue catastrófica, remitirse al siquiatra para preparar a Juan Sebastián para su inminente muerte y a ellos para el duelo.

A los cinco años, cuando Juan Sebastián tuvo su primera crisis, le diagnosticaron asma. Durante los cinco y los ocho años estuvo hospitalizado en seis ocasiones, en ese periodo recibió también tratamientos permanentes del neumólogo, el infectólogo y el pedriatra. Durante todo ese tiempo el diagnóstico fue el mismo, la enfermedad era asma y los ataques eran crisis asmáticas. Pero el año pasado, en una de sus crisis, los inhaladores no le hicieron efecto.

Sus papás pidieron a los médicos revisar mejor el caso, los doctores detectaron una anomalía y después de revisar las radiografías que habían sacado desde hacía tres años, diagnosticaron que el pulmón derecho de Sebastián no funcionaba porque la arteria pulmonar estaba incompleta. Determinaron que durante sus ocho años de vida él había vivido únicamente con la oxigenación del pulmón izquierdo.

El estudio de esta grave condición se hace a través de un examen llamado cateterismo. Aunque inicialmente la EPS se negó a hacerlo, finalmente lo realizó gracias al fallo de una acción de tutela que favoreció a los Torres. El examen debió hacerse el 15 de diciembre, pero sólo se realizó hasta el 17 de enero de este año.

El diagnóstico después del examen fue devastador, la condición de Sebastián es muy grave y la causa es muy clara: no haber tomado medidas correctivas a tiempo. No recomendamos hacer mas cosas, es mejor dejarlo tranquilo y no hacerlo sufrir más, cuenta su padre, Edgar Torres, que les dijeron el cardiólogo y el neumólogo, quienes durante tres años diagnosticaron a Sebastián como asmático. También recuerda que les aconsejaron llevar a Sebastián a tierra caliente, donde su condición se estabilizaría un poco, para poder disfrutar de su compañía en el poco tiempo que le quedaba.

Pero el recuerdo que tienen más claro los papás de Juan Sebastián, es el del día en que recibieron la noticia. Una neumóloga de la clínica les explicó el problema. Les aseguró que no había manera alguna de solucionarlo, que su hijo de ocho años no pasaría de los diez y que tenían todo el derecho de llorar lo que quisieran. Su papá hoy no entiende porque ese día, para dar soporte a semejante noticia, la doctora les mostró una hoja producto de la junta médica, que estaba escrita a mano, en esfero azul, en donde se describía el caso y se decidía que no había nada que hacer.

Aunque en su EPS les insistieron en que buscar segundas opiniones sería infructuoso, ellos pagaron una valoración particular en dos clínicas. En la Fundación Cardioinfantil concluyeron que Sebastián debe ser sometido a una cirugía para rescatar el pulmón a través de la reconexión quirúrgica de la arteria pulmonar y con ello se lograría un diagnóstico muy distinto al actual. La Fundación Abood Shaio también sugiere reconectar la arteria pulmonar a través de un tubo, para mejorar la condición del pulmón.

Por varios meses su EPS les negaba la realización de dicha cirugía, decían que era demasiado tarde y que cualquier medida se debió haber tomado antes. Además la opción que ofrecían estas clínicas no parecía factible pues la EPS no tenía convenio con ninguna de las dos.
Finalmente, después de varias visitas y derechos de petición sus papás recibieron una carta en donde la EPS se compromete a hacer un contrato con alguna de las dos clínicas para realizar el procedimiento. Pero después de haber tramitado dos tutelas, tres derechos de petición, luego de saber que la anomalía la detectaron sólo tres años después de la primera visita a la clínica, los papás de Juan Sebastián no saben qué esperar.

En marzo el niño fue sometido, tutela de por medio, a una intervención preventiva en la que taponaron algunas vías anómalas del pulmón para evitar una hemorragia pulmonar. En este momento, Juan Sebastián usa oxígeno medicinal durante doce horas en la noche, y una droga para controlar su condición, pero son medidas paliativas y de sostén, pero no curativas.

Los Torres han intentado hacer un cambio de EPS, a alguna que tenga convenio con las clínicas que ofrecen una alternativa pero han sido rechazados debido al alto costo de la enfermedad de Sebastián.

En una de las clínicas en donde fue diagnosticado, les propusieron someter a Sebastián como voluntario para las pruebas que está realizando un laboratorio, de una droga que aún no está en el mercado y podría eventualmente funcionar para alguien con su condición. Sin embargo, sus papás no quieren someterlo a este proceso, debido a que le temen a las condiciones del contrato que deben firmar, a las cláusulas que podría contener y a que los efectos secundarios son poco conocidos. Todos estos riesgos se correrían aún sin saber si el diagnóstico de Sebastián mejoraría o empeoraría.

A sus ocho años, Sebastián ya sufre de insomnio, se despierta gritando en las noches porque recuerda lo que han dicho los médicos. Pero sabiendo que es posible salvarle la vida a Sebastián y ansiosos de una respuesta efectiva de su EPS, sus papas tampoco tienen un sueño tranquilo.

Gloria Elfi Garzón

Cerca de seis horas duró la cirugía de Gloria Elfi Garzón en donde debían extraer los cálculos biliares a través de una laparoscopia, una cirugía ambulatoria que según les dijeron, duraba aproximadamente dos horas. Al salir el doctor dijo que la operación se había complicado y que había sangrado de manera excesiva.

A pesar de que la cirugía había dejado en doña Gloria síntomas delicados: dolor intenso, abdomen inflamado y dificultad para respirar, y a pesar de las complicaciones que el doctor comentó, al día siguiente le dieron de alta. En su casa, un día después el dolor empeoró, vomitó sangre y su piel se volvió amarilla.

Fue llevada a urgencias y luego remitida a otra clínica en donde estuvo en cuidados intensivos. Tuvieron que hacerle una cirugía de urgencia pues tenía una complicación interna como consecuencia de una perforación en la vía biliar, que había hecho que la bilis contaminara la mayor parte de sus órganos. Es decir, un error en la cirugía la había llevado a ese estado, pues el doctor había perforado por error la vía biliar.

Ocho días después le tuvieron que realizar otra cirugía, pues aún salía líquido por la unión que se había entre hígado e intestino. Había acumulado tantos líquidos que subió de sesenta a ochenta kilos en menos de quince días. A los cinco días de esta tercera intervención, a sus 48 años Doña Gloria falleció.

En los exámenes previos a la cirugía no presentó ningún tipo de riesgo médico para ser intervenida. El médico que la operó la primera vez se desentendió de tal manera, que ni siquiera fue él quien le dio de alta ese mismo día. No atendió los síntomas que mostraban que doña Gloria debía permanecer en la clínica y tampoco se presentó cuando fue llamado para atenderla después de la cirugía.

El 6 de diciembre de 2005 su hija presentó ante el Tribunal de Ética Médica de Bogotá una carta detallando los detalles de lo ocurrido, los exámenes y la historia clínica. Cuando su hija Carolina se comunicó con SEMANA.COM por primera vez, es decir ocho meses después de lo ocurrido, aún no habían recibido respuesta del tribunal.

El pasado 10 de agosto su hija fue citada al tribunal para declarar. Allá le dijeron que van a citar al médico implicado, pero le advirtieron que el proceso puede demorar varios meses.

Gloria duró diecisiete días viva después de una operación para remover unos cálculos biliares, después de ocho meses de lo ocurrido, el tribunal aún tomará “varios meses” para decidir si hay algún castigo a nivel disciplinario para él.

Para su hija un error como el que cometió el médico en la cirugía es un error humano, entendible. Pero para ella la negligencia y la falta de atención al mal estado que provocaron sus errores son algo antiético y por eso espera un fallo favorable por parte del tribunal.

Julio César Hincapié
 
Julio César Hincapié llevaba 20 años tomando un medicamento anticoagulante, pues se lo recetaron como droga permanente después de una complicada intervención quirúrgica. Esa droga aumenta las probabilidades de hemorragias y debe estar siempre bajo control.

Su hijo comenta que antes de que entrara en vigencia la ley 100 de 1993 Julio tenía controles cada dos meses con cardiólogos. Sin embargo, después de que entró en vigencia esta ley asegura, los controles con el especialista se suspendieron y era examinado por una enfermera o un médico general.

A partir junio de este año Julio comenzó a sentir dolores de cabeza muy fuertes, él asumió que eso tenía que ver con el aumento de la dosis del anticoagulante. Como aumentó la dosis pero no el seguimiento, Julio solicitó en su EPS que le hicieran un TAC, una resonancia magnética, o que lo remitieran a un neurólogo, las tres solicitudes le fueron negadas por la entidad. Julio acudió entonces a un laboratorio particular en donde le hicieron un TAC, que esperaba le ayudara a aclarar la razón de se malestar. Regresó a la EPS a pedir la cita para evaluar el examen, pero sólo se la dieron para después de tres semanas.

Antes del día de su cita Julio tuvo que acudir a urgencias, pues su dolor de cabeza era insoportable. El médico de su EPS le recetó acetaminofen, un analgésico, pero al día siguiente su hermano lo encontró inconsciente colgando del borde de su cama, había sufrido una hemorragia cerebral. Hoy Julio no puede caminar, su conciencia está alterada, permanece con una sonda pues no tiene control de esfínteres y recuerda su vida a pedazos.

Sus hijos consideran que su EPS debió actuar con mayor rapidez, dicen que le debieron haber remitido a exámenes cuando los necesitaba y que debieron haber considerado con mucho más cuidado el aumento de la dosis en la droga.


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