Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/10/30 00:00

Tiempo de gitanos

Los gitanos, obligados por el conflicto armado a permanecer en las ciudades, acaban de obtener el primer triunfo en su batalla por ser reconocidos como grupo étnico.

Tiempo de gitanos

Si no fuera porque a principios de año una gitana se desplomó frente al presidente Uribe para después morir, pocos sabrían que en el país existe el pueblo Rom. Los 2.500 gitanos colombianos han permanecido invisibles ante los ojos de la nación. Sin embargo, existen y están demandando el reconocimiento del Estado.

Los Rom, un pueblo milenario en el mundo, que llegaron con los conquistadores a América, que tienen lengua, usos y costumbres propios, prefirieron pasar inadvertidos durante siglos para evitar la exclusión. Incluso, para preservar el secreto mágico de su cultura, algunos ancestros alimentaron los viejos mitos que los pintaban como seres sangrientos y ladrones de niños para que la gente les temiera. "Era una forma de protegerse de la intolerancia y la discriminación de los demás. Pero las cosas han empezado a cambiar y ahora el pueblo Rom pide visibilidad y respeto por su cultura", dice Ana Dalila Gómez Baos, la única gitana profesional que tiene el país hasta el momento.

Ser gitana y profesional vinculada al Departamento Nacional de Planeación ha hecho que Ana Dalila lidere el proceso organizativo de su pueblo. En 1998 se organizaron y dieron vida al Proceso Organizativo del Pueblo Rom de Colombia, Prorom. Desde entonces han comenzado una lucha por el reconocimiento de sus derechos como grupo étnico. "Necesitábamos este proceso para poder pervivir como pueblo. Por eso demandamos, en la misma simetría, los derechos que tienen los demás grupos étnicos. Pedimos que se nos respete y garantice practicar nuestra cultura, nuestra ley, nuestra cosmovisión y nuestra forma de dirimir los conflictos".

El pasado 26 de agosto, después de seis años de lucha, obtuvieron su primer triunfo. El Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud, presidido por el Ministro de Protección Social, acordó la vinculación del pueblo Rom al régimen subsidiado de salud bajo un esquema especial, muy similar al que actualmente tienen los pueblos indígenas. "Se va a aplicar el mismo criterio que se aplica a las comunidades indígenas y a los desplazados, o sea por listado censal", dijo José Lucio Robles, director general (e) de promoción social del Ministerio.

Este logro, sin embargo, no es el final del proceso del pueblo gitano. Cansados de ser invisibles, se pusieron a trabajar en un estatuto de autonomía cultural que esperan convertir en proyecto de ley. Proponen que se reconozcan sus autoridades tradicionales, que la Kriss Romaní o ley gitana sea validada como la norma rectora del pueblo Rom; que se proteja su identidad y se les tenga en cuenta en las decisiones nacionales.

Pero su mayor anhelo es recuperar las costumbres nómadas que el conflicto armado les arrebató. La inseguridad en el campo los obligó a cambiar ríos y trochas vírgenes por el gélido asfalto de las ciudades. "Queremos que el conflicto se acabe y que los demás nos respeten y reconozcan para poder volver a vivir como Rom, alzar las carpas y andar el país", dice Kolya, un gitano de unos 60 años que no se acostumbra a vivir entre paredes. Aunque él y su kumpania (grupo de familia) cambian de barrio de cuando en cuando para de alguna forma mantener esa tradición nómada, prefiere los años viejos donde trasegar era el diario vivir. "Íbamos de pueblo en pueblo, hacíamos amigos en todas partes, en las plazas de mercado vendíamos el trabajo en cobre y cuando no había venta, había intercambio. Vivíamos una vida tranquila. Ahora estamos como encerrados".

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