Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/12/04 00:00

Todas las razones de una derrota

Santiago Torrado, enviado especial de Semana.com a Caracas, analiza el porqué de la derrota del presidente Hugo Chávez en el referendo realizado el domingo.

El presidente Hugo Chávez durante las elecciones del domingo pasado, en Venezuela. FOTO: AP

Por más que Hugo Chávez asegurara en el discurso donde reconoció su derrota que él “no hubiera querido esa victoria pírrica”, la verdad es que el triunfo de la oposición, por estrecho que sea, envió un mensaje contundente: se puede derrotar al líder de la Revolución Bolivariana. Hasta en La Hojilla, el programa ultrachavista por excelencia, su presentador se mostraba reflexivo. El gobierno de la boina roja perdió su aura de ser invencible y muchos siguen preguntándose donde se encuentran las razones. Semana.com presenta algunas claves del resultado del referendo sobre la reforma constitucional venezolana.

Para empezar, la continuidad de Chávez no estaba en juego. Por más que el Presidente lo pusiera en términos de lealtad y reiterara una y otra vez en los últimos días que quién votara contra la reforma votaba contra él, o que hacerlo era una “traición” a la revolución bolivariana, la realidad es que a diferencia de otras ocasiones –como el referendo revocatorio de 2004 o las presidenciales del año pasado– la urgencia de esta elección no era tan inmediata. Si bien estaba en juego la posibilidad de que Chávez pudiera ser reelegido, una derrota no implicaba su salida del poder. Los sondeos señalan que el presidente sigue siendo popular, con el 60 por ciento de favorabilidad, pero la oposición consiguió instalar el mensaje de que se podía ser chavista y votar por el ‘NO’; que nada extraordinario pasaría al día siguiente y que Chávez seguiría gobernando hasta cumplir su mandato en 2013. Nadie pedía su cabeza.

Los análisis previos a las elecciones indicaban que la oposición necesitaba derrotar la abstención, pues la experiencia mostraba que el voto chavista era mucho más disciplinado. Estaban errados. La abstención superó el 40 por ciento, pero en está ocasión perjudicó al oficialismo. Hasta el mismo presidente culpó a la abstención de su derrota. Mientras la oposición ganó unos 400.000 votos con respecto a su votación en las presidenciales, el chavismo pasó de más de siete millones a menos de cinco. Algunos analistas aventuran que muchos de los seguidores de Chávez no votaron porque estaban contra la reforma pero no querían sentir que lo estaban traicionando. Otra explicación es que, a pesar de su liderazgo cálido y carismático, algunos de sus seguidores han perdido la fe por cuenta de ciertos indicadores de gestión que, como en cualquier elección, juegan algún papel. Y después de nueve años en el poder, la escasez de alimentos como la leche, así como los altos índices de corrupción y criminalidad son algunos de los lunares del gobierno.

Tradicionalmente, uno de los fuertes del chavismo ha sido su capacidad de movilizar, en el sentido literal del término, a sus votantes en las barriadas populares. La organización es casi militar. Desde las 4 de la mañana el toque de diana despierta a los votantes y el transporte en buses, e incluso los refrigerios, están garantizados. Es una maquinaria que se aseguraba de que cada votante llegará hasta las urnas. Pero un eslabón clave en ese esquema es el poder local, dominado por el chavismo. Y cómo los gobernadores eran unos de los principales damnificados de aprobarse la reforma, pues les quitaba poder a favor del Presidente, los analistas apuntan que en esta ocasión no habrían hecho el mismo esfuerzo en mover a las masas.

Los votantes no compraron sus peleas. Varios observadores consideran que los duros ataques contra el presidente de Colombia, el rey de España y, como no podía faltar, contra ‘el Imperio’ estadounidense eran una estrategia desesperada para que los chavistas cerraran filas en torno a su carismático y combativo líder. A juzgar por los resultados, pocos mordieron ese anzuelo. Si bien la crisis binacional con Bogotá, por ejemplo, era un titular permanente en los medios colombianos, con el insulto nuevo de cada día, en Venezuela, concentrada en su debate electoral, apenas conseguía noticias de segunda plana.

Adicionalmente, hubo destacados desertores de la revolución bolivariana que hicieron una activa campaña por el no. El Partido Podemos salió de la coalición de gobierno para defender su postura. Se les unió la ex primera dama, Marisabel Rodríguez, y el general en retiró Raúl Isaías Baduel, un personaje emblemático en el chavismo que, entre otras, encabezó la operación que hizo que Chávez regresará al poder después del breve golpe de Estado de 2002.

Por último, quizá el factor que más inclino la balanza fue la irrupción de un movimiento estudiantil que cumplió un rol protagónico. Con sus marchas y protestas, que se iniciaron con el cierre de Rctv, los universitarios se convirtieron en la inspiración de una oposición que ya había comenzado a reagruparse durante la campaña para las presidenciales del año pasado y se vio fortalecida por los desertores del chavismo y un amplio listado de actores que alzaron la voz para criticar la reforma: la Iglesia, varias ONG y un grupo importante de académicos. Esa fue la suma que se tradujo en el 50,7 de los votos. Una ventaja estrecha, pero suficiente para contener al autoproclamado “socialista del siglo XXI”.


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