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| 11/7/2007 12:00:00 AM

‘Todo pasa pronto’, primera novela de Juan David Correa

El autor, actual editor de Arcadia, busca a través de la mirada de Pablo Restrepo, un niño de 10 años, respuestas a una década convulsionada en el mundo entero como la de los años 70.

El actual editor de Arcadia, Juan David Correa, lanza este martes 13 de noviembre, en la librería Biblos de Bogotá su primera novela, Todo pasa pronto. Esta obra busca a través de la mirada de Pablo Restrepo, un niño de 10 años, respuestas a una década convulsionada en el mundo entero como la de los años 70. Pablo, sus padres Esperanza y Daniel, y su familia, son los protagonistas de un relato sobre la infancia y el dolor de crecer. A propósito de esto Correa dijo: “No es que crecer sea doloroso en sí mismo. Más bien creo que a veces hay gente que no puede con el pasado a sus espaldas. Esa carga se vuelve dolorosa. Para el caso de la novela, creo que Pablo intenta, a través de la memoria, sanar en una sola noche los abismos que se han creado entre sus dos padres”.

SEMANA.COM: ¿Es una novela autobiográfica?
Juan David Correa:
Creo que todas las novelas lo son en mayor o menor grado. Ray Bradbury, quien ha escrito decenas de libros de ciencia ficción, decía alguna vez que sus mundos habían surgido a partir de recuerdos. Recuerdos de infancia como ver en los viejos cines a los nazis quemando libros. Esa impresión disparó libros enormes como Farenheit 451. En mi caso, aunque sería incapaz de compararme con algo así, quizás haya más de intimidad pero fue lo que pude hacer. No es mi vida, es el recuerdo de cientos de cosas que viví o que otros vivieron y que fueron armando el relato del libro. En ese sentido es una novela que parte de la vida pero que se escapa a mi propia existencia.
 
SEMANA.COM: Pablo es un niño solitario. ¿Se debe esa soledad a su enfermedad?

J. D. C.: La enfermedad me interesa porque mucha gente que ha estado enferma tiende a aislarse y en esa soledad comienza un proceso de autoconocimiento. A pesar de su edad, Pablo sabe que es diferente, que no es como los demás y eso lo impulsa a escribir todo lo que ve. La soledad de Pablo no es una soledad conmiserativa, ni victimizante. Todo lo contrario: sus padres están allí, pero han comenzado a separar sus caminos. Creo que una cosa es estar solo, y otra la soledad. Ese es el caso de Pablo: vive un tiempo de soledad porque, a pesar de su corta edad, siente que necesita mirar su vida desde la barrera. Y la encrucijada de sus padres se lo permite.
 
SEMANA.COM: ¿Por qué escribió una novela en los años 70, y no como sucede con nuevos escritores, aquí y ahora?
J. D. C.: Yo estaría de acuerdo con que prefiero decantar las cosas antes que decirlas. El asunto es que así me salió la historia. Yo quería contar la década en la que nací y en la que crecí. No sólo por mí, o por un mero narcisismo, sino porque las novelas que más me han conmovido en la literatura colombiana suceden en esa época. Hablo de Sin Remedio de Antonio Caballero y Los parientes de Esther, de Luis Fayad. Creo que es una década no sólo importante políticamente sino que significó muchos cambios personales para millones de personas. Y cuando encontré que algo de esa década podía aparecer en los ojos de un niño, me sentí feliz. Feliz porque no quería hacer una investigación, ni una tesis. Quería poder equivocarme. La vida es imperfecta y los libros que me gustan, también lo son.
 
SEMANA.COM: En una entrevista reciente le preguntaron lo siguiente: “Desde entonces, no hice otra cosa que acumular y acumular recuerdos”. ¿Cree usted que lo único que nos va quedando a medida que pasa el tiempo es la memoria de mejores días?
J. D. C.: Cuando Pablo dice eso de la memoria, quiere pensar que el tiempo en que vivió con sus padres, en el que creció, sigue viviendo en él. Pablo no se refugia en el recuerdo, más bien lo utiliza para poner en marcha sus propias búsquedas.
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