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| 4/25/2007 12:00:00 AM

“Un ángel de la guarda me dio su mano”

Popayán, dic. 23 (Colprensa).- A la edad de 9 años, esculcando los libros de mi padre que era un hombre que le gustaba escribir, encontré un libro que decía “Mi vida cotidiana”. Me puse a leer y descubrí que la desalmada que me había dado la vida, me abandonó a los 15 días de nacida. Yo, Zory, nací en el municipio de Rosas (Caldas), el 2 de enero de 1960. Mi padre era nativo del Cauca.


Cuando tenía 11 años mi padre cambió de domicilio para un pueblo llamado La Alianza. Llevábamos cinco años en ese lugar cuando empezó un desfile de gente uniformada. Con el tiempo mi padre me decía que había bandoleros, hablaba de Tirofijo, eso quedó allí.

Ya cuando cumplí 14 años de ver la necesidad del pueblo en que vivíamos me aficioné a aprender la enfermería, pero nunca me pasó por la mente que al gustarme y aprender esta profesión tan linda y humanitaria fuera a terminar obligada a estar en un grupo armado por un tiempo, para recuperar varios heridos que tenían.

Los heridos se atendían en camas improvisadas con hojas de helecho. Las curaciones se hacían con jugo de limón, ya que el agua se conseguía a dos horas de camino.

En la guerrilla me di cuenta, durante el tiempo que me tuvieron, que existe mucha injusticia. Al que le dan consejo de guerra tiene que abrir su propio hueco, el mejor camarada le da el tiro y luego lo rematan en el hueco.

En la guerrilla les hablan a sus cuadrillas o milicianos de ideas políticas. Me preguntaba, y le llegué a decir a un mando, “de qué política hablan ustedes, si todo lo que dicen es una farsa. Los bobos creerán, pero no el que entiende la forma como ustedes son”. Él se ríe y me pregunta: ¿Y le gustaría quedarse del todo?. Y le devuelvo la pregunta ¿Por qué? Se vuelve a reír y me contesta: “Sería una buena guerrera porque nunca había tenido una persona especial, una mujer que me hablara como lo hace usted. Negra sabe qué, triunfe con su misión y será libre”.

Cuando me faltaban unos días para cumplir dos años de retenida y los heridos se habían recuperado y estaban fuera de peligro me dijeron: “Eres libre”, y me pasaron una muda de ropa nueva, “no vio, ni oyó y seguirá viva”. Volví a mi hogar, mi padre me hizo salir hacia la ciudad de Cali.

Comencé a trabajar con unos paisas dueños o fundadores de agencia de chance en Popayán.

Las tragedias


Tenía 17 años y fui violada y producto de esa destrucción de mi juventud nace mi hijo Juan Carlos. Pasaron tres años y conocí a un señor de Barbacoas, Nariño. Me casé, tuve un hogar y una hermosa niña, ya iba para el segundo bebé y cuando tenía siete meses de embarazo, me tocó vivir la tragedia del terremoto, con las verdes y las maduras pude tener mi niño a su debido tiempo.

En el año 1989, el 8 de agosto, muere mi padre por el conflicto armado. En 1999, 13 de enero, el Ejército me mata a mi hijo menor. Era estudiante de décimo grado y estaba disfrutando de vacaciones forzosas por el paro nacional de profesores. Se dirigió a la población de Párraga, municipio de Rosas, a pescar. Por ser un niño forastero, el Ejército lo cogió y sin hacer averiguaciones le dieron un tiro de gracia, lo vistieron con prendas del Ejército y lo acusaron de pertenecer a las Farc.

A los seis años de haber sucedido eso, con la ayuda de la Defensoría del Pueblo y autoridades competentes, las investigaciones establecieron que el niño era inocente de lo que lo acusaban. Me estaba recuperando de la pérdida de mi niño cuando en el año 2000 se repite el drama para mi vida, me matan mi hijo mayor faltándole un mes para graduarse en el Sena de ingeniería forestal.

Nunca pensé que después de vivir la tragedia de la pérdida de los que había tenido en mis entrañas, tuviera que pasar a ser desplazada. En esos momentos en los que estaba confundida, con miedo, zozobra y rabia, llega un ángel de la guarda que me extiende la mano: un periodista.

Me contacta con la Cruz Roja Internacional y nos refugiaron en Cali. Allí duramos año y medio, mientras que mi hija, que era lo único que me quedaba, se reponía de la crisis de nervios. Había quedado sin movilización de las piernas y a punta de yerbas recupera la normalidad.

La alegría de la vida

En el año 2001 mi hija me da la noticia que me iba a convertir en abuela. Lloré de alegría porque Dios estaba con nosotros, era una vida que llegaría mientras mis hijos habían partido a un largo camino. Fue tanta la alegría que le pusimos los nombres de los tíos: Juan José.

El 18 de enero de 2005 estaba rellenando unos pollos para celebrar los cumpleaños a mi yerno, cuando me invade de nuevo la tristeza, porque lo asesinaron. Vivíamos a media cuadra de la estación de policía de Santander de Quilichao y me acerqué a contarle la odisea de mi vida y la de mi hija a funcionarios de Solidaridad Internacional, fue tan linda la actuación de esta entidad que supe que Dios está con nosotros. Recibimos ayuda en animales, luego fuimos creciendo en proyectos y capacitaciones.

Es tanta la emoción, que con la fortaleza que Dios me dio y con mi impulso, muchas familias desplazadas me nombraron en 2003 líder de nuestra Asociación, que funciona como ‘Emprendedoras del Mañana’. Tengo un buen proyecto para hacer comidas especiales, la especialidad es lechona e infundí mi dinámica a muchas familias que han sufrido el desplazamiento por el conflicto armado.

En la actualidad soy feliz y mis tragedias las he podido superar con mis conocimientos y entusiasmo de mejorar y lo que me motiva a seguir que es mi hija y mis dos nietos. Por eso agradecemos a las instituciones que piensan en el desplazado, en capacitarnos.

Hemos logrado para mis compañeros y compañeras vivienda, educación, salud, capacitación, ayudas varias y seguir con ideas positivas para los años venideros. Un buen líder tiene visión para sacar adelante su organización y concientizar a los que no han podido superar las tragedias del conflicto que han vivido.

Gracias a Dios por darme la vida y si he superado todas las pruebas y altibajos, es porque tengo un don de ayudar a los que se dejen. Soy feliz.

*Los nombres han sido cambiados por petición de los autores alegando protección
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