Domingo, 22 de enero de 2017

| 2007/05/21 00:00

Un año de masacre de Jamundí, en la que batallón del Ejército aniquiló a mejor unidad antidrogas de Policía

Olvidada tras los escándalos de la para-política y las chuzadas, la masacre de 10 policías y un civil en Jamundí, Valle, cumple un año. Nuevas revelaciones de Semana.com comprometen aún más al coronel Bayron Carvajal con el narcotráfico.

Así quedó una de las gorras de la Policía tras el fuego del Ejército. FOTOS: SEMANA

Este martes 22 de mayo se cumple el primer año de una noticia que en su momento estremeció a Colombia: la masacre de 10 policías y un civil en inmediaciones de Jamundí, al sur de Valle del Cauca. Ese fatídico día un grupo especializado de la Dijín cayó bajo el fulminante ataque que le propinó un comando de 28 militares, adscritos al batallón de alta montaña de la Tercera División.

No había pasado el estupor por la tragedia cuando Mario Iguarán, Fiscal General, dijo que los militares involucrados le estaban haciendo un “mandado al narcotráfico”. Ante la gravedad de la situación y buscando darle mayor transparencia al proceso jurídico, el gobierno pidió que la justicia ordinaria se encargara del caso. Iniciativa apoyada por el Consejo Superior de la Judicatura, al señalar que la justicia penal militar no puede resolver crímenes de lesa humanidad, como se ha calificado lo que pasó en Jamundí.

La responsabilidad de investigar recayó entonces sobre la Fiscalía, que encomendó a un grupo elite la misión de develar, uno por uno, los misterios de esta ejecución masiva. Liderada por Javier Tamayo, Leobardo Latorre y Javier Rojas, esta unidad se trasladó desde el 23 de mayo del año anterior a Cali.

Tras una serie de pesquisas, allanamientos, indagatorias y recolección de mensajes de texto, dos meses después de los hechos, en julio de 2006, la Fiscalía acusó a 14 de los 28 militares que participaron en la matanza, de homicidio agravado y al teniente coronel Byron Carvajal, comandante de ese batallón, como autor intelectual del mismo.

El 18 de diciembre del año anterior, luego de superar varias apelaciones de los abogados de la defensa, quienes intentaron devolver el proceso a la justicia penal militar, y de que se resolviera el cambio de juez, pues el primero se declaró impedido, comenzó el juicio oral de Jamundí.

Considerado el mayor reto para el reciente sistema penal acusatorio, algunas de sus cifras dejan ver la magnitud del proceso: 170 testigos fueron citados sumando los de la defensa y la Fiscalía. Hasta ahora la audiencia lleva 60 sesiones y por el estrado han pasado 29 testigos, por lo que se especula que podría prolongarse hasta 2008.

Sombra mafiosa

Un año después de las declaraciones del fiscal Iguarán, que causaron gran revuelo, las pruebas recopiladas por sus investigadores indican que la sombra del narcotráfico, posible móvil del asesinato colectivo, recae en la figura del coronel Carvajal, podría salpicar a su novia, Marcela Londoño y a sus dos hombres de confianza, el sargento de inteligencia Luis Mahecha y el soldado Jorge Vélez, su conductor (Ver artículo: Una novia, un apartamento y un positivo por cocaína).

El primer vestigio de la vinculación del coronel Carvajal con actividades ilícitas llegó a la Fiscalía 15 días después del múltiple homicidio. Tres informantes que trabajaron con el Ejército, acudieron a las oficinas del CTI en Cali y les contaron a los fiscales que en Villa Colombia, un poblado en la parte alta de Jamundí, el batallón de alta montaña comercializaba coca.

Una comisión viajó de inmediato en helicóptero hasta la zona, donde encontró que efectivamente miembros de esta unidad militar habían descubierto dos laboratorios y antes de incendiarlos, procedimiento rutinario en estos casos, sacaron la coca. Según las averiguaciones del ente acusador, los militares no habrían reportado este decomiso, además, de acuerdo con los testimonios de más de siete personas, la estarían vendiendo en la región.

Por esta irregularidad al coronel Carvajal la oficina contra lavado de activos de la Fiscalía en Bogotá le abrió una investigación. Claro que no es el único proceso judicial que el oficial tiene en curso y paralelo al juicio de Jamundí, pues tan sólo en la justicia militar son ocho las causas penales por homicidio y delitos conexos que enfrenta. A estas hay que sumarle otra investigación que adelanta Juan Carlos Oliveros, fiscal 38 especializado en derechos humanos de Cali, la cual está cerca de la etapa de acusación.

El precio de la coca

Durante el juicio de Jamundí, la Fiscalía ha logrado introducir varias pruebas que dejan mal parado al coronel Carvajal. Primero fue el testimonio de Edver Fajardo, un reinsertado que afirmó ante el juez que este militar tendría nexos con Wilson Figueroa, un narcotraficante al que persiguen las autoridades en Colombia y Ecuador. Según Fajardo el plan de Carvajal y Figueroa era crear su propio cartel controlando la zona entre Dagua (Valle) y Salvajina (Cauca), para lograrlo le propusieron que organizara una banda que sería el brazo armado y estaría al servicio del coronel, quien conseguiría el armamento.

La segunda prueba que aceptó el juez y que vincularía a este oficial con actividades de narcotráfico, se conoció hace dos semanas. Nelson Isaza, perito en comunicaciones del CTI, reveló varios mensajes de texto del celular de Jorge Vélez, conductor del coronel Carvajal. Entre ellos se destaca uno del 5 de mayo de 2006 en el que dice: “Producen por pedidos de 100 hasta 2000 K BS al 80 2.2 cristo a 3.6, alquilan la finca para trabajar con los trabajadores y cobran 500 por cada paquetico. Pueden llevar veedor para que diga la calidad que quieren. Necesito que averigüe cuanto antes que él mañana llama en la noche”.

Según el perito Isaza el mensaje establece los parámetros de un negocio de narcotráfico pues las letras “K BS” se refieren a “kilos de base de coca”. Los otros datos como “al 80 2.2”, aclaran el porcentaje de pureza y el valor comercial que tiene de 2.200.000 pesos, y cuando habla de “cristo a 3.6”, significa que si la base de coca es cristalizada el valor, por la complejidad del proceso, sube a 3.600.000 pesos.

La Fiscalía también presentó ocho mensajes de texto que salieron de los celulares del coronel Carvajal y el sargento Luis Mahecha, el hombre de inteligencia del batallón de alta montaña, y que comprometen a esta unidad con la venta de armamento a grupos ilegales de la zona. Los militares se comunican con alias ‘El Mono’, el 4 de marzo de 2006 y le dicen: “70 las de mano, 150 las de 60. ¿Cómo la ve?”. ‘El Mono’ les responde: “Las de mano a 100. Las de mortero están bien porque es más riesgo legalizarlas”.

Mensajes comprometedores

Ante la acusación de la Fiscalía contra sus clientes por homicidio agravado en múltiple concurso, los cinco abogados de la bancada que defiende a 14 militares y al coronel Bayron Carvajal en el juicio de Jamundí, alegaron error invencible. Lo que quiere decir que si bien el homicidio ocurrió, las circunstancias no permitieron que sus defendidos evitaran disparar y acabar con la vida de los 10 policías y el civil.

Desde que comenzó el juicio, cuya primera parte es liderada la Fiscalía, pues es cuando desarrolla su acusación presentando testigos e introduciendo pruebas técnicas, la defensa ha visto con preocupación que el acervo probatorio de su contraparte cada vez es más sólido.

Esto se lo confirmó en una carta el coronel Carvajal a su novia Marcela Londoño, el 23 de agosto del año pasado. “Hay dos cosas que me preocupan, los soldados escribieron un poco de mensajes de texto entre ellos para cuadrar las cosas y la Fiscalía tiene todos esos mensajes como prueba porque así por encimita dejan mucho que pensar. Lo otro es que seis de los 11 muertos tiene disparos de atrás para adelante”, dice la misiva de Carvajal.

A lo que se refiere el oficial es que la trayectoria de los tiros habla de indefensión. “Cuando una persona presenta orificios de bala en la espalda significa que no estaba en combate sino tratando de escapar”, le dijo a Semana.com un perito de Medicina Legal que realizó las necropsias de los policías fallecidos. Esta explicación debilita al argumento de la defensa de que el error fue invencible y deja varias preguntas en el aire: ¿Por qué no se detuvieron los militares cuando vieron que sus rivales no respondían? ¿Por qué no salió herido ninguno de los soldados? ¿Será que los policías en realidad nunca dispararon sus armas?

De otro lado los mensajes de texto y las llamadas que se cruzaron los militares antes y durante el día de los hechos, sugieren que sabían de la llegada de los policías y que decidieron emboscarlos, aunque la defensa sostiene lo contrario.

La Fiscalía presentó al juez el análisis de 60.000 comunicaciones, entre llamadas y mensajes de texto, que salieron de los 44 equipos celulares de los militares y las 11 víctimas, realizadas entre el 21 y el 24 de mayo de 2006. “Existió una triangulación muy repetitiva que se registró entre el sargento Mahecha, el civil que iba con los policías y el coronel Byron Carvajal durante ese 22 de mayo, día del homicidio”, dijo un perito del CTI.

Semana.com presenta la lista con los mensajes más comprometedores:

Mayo 21 a las 11:13 de la mañana: desde el celular del teniente Harrison Castro se emite el siguiente mensaje, “pilas que por la principal va a pasar tropa del Numancia a pie”.

Mayo 21 a las 10:45 de la noche: mensaje de texto que se envió del celular del coronel Carvajal, “retire emboscada, la gente a los sitios reconocidos y que duerman. Anoche había mucha tropa y se ariscaron. Todo quedó para esta noche. Más tarde les llevo el pollo”.

Mayo 22 a las 5:47 de la tarde: el mismo teniente Castro envía otro que dice, “pilas, a partir de las 18 todo el mundo en posición”.

Mayo 22 a las 5:57 de la tarde: desde el celular del soldado Jorge Vélez, conductor del coronel Carvajal, se realizó una llamada al número del civil que iba con los policías, cuando éste ya se encontraba en Jamundí.

Mayo 22 entre las 11:30 de la noche y las 12:01 del día siguiente: horas después del homicidio y mientras la Fiscalía y la Procuraduría tomaban las versiones libres de los soldados, el cabo Elvert de Jesús Osorio González envió a sus compañeros el siguiente mensaje de texto, “Curso, la cuestión que anoche a eso de las 12 y que dormimos aquí en el claro donde el combate y a las 5:30 nos subimos a la maraña y duramos todo el día ahí. A las 18 se escucharon unos gritos en el sitio y Osorio bajo a ver qué era. Luego timbró diciendo que era gente, que está armada y cada uno reaccionó con su equipo. Gutiérrez y Palacios pasaron en medio del combate por el claro y cada uno tomó posición, en el momento del combate. Comuníqueles eso a los soldados porque ya están declarando. Las posiciones se tomaron en combate. A nosotros nos descargaron aquí para iniciar una operación. A dónde, no sabemos. Estamos esperando órdenes”

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