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| 6/6/2004 12:00:00 AM

Un cambio de actitud para el desarrollo y la paz

En época de crisis la mejor salida es no ignorar la situación. Ese fue el primer paso que dieron los habitantes de Tarso (Antioquia) al ver que su municipio iba a desaparecer apabullado por la indiferencia. Hoy la población cafetera de 7.000 habitantes es un ejemplo de viabilidad económica, política y social producto de la perseverancia y la organización ciudadana.

El cambio comenzó a gestarse en 1999: el primer paso fue crear una Asamblea Municipal Constituyente, liderada por un grupo de tarseños inconformes con las viejas formas de funcionar que decidieron buscar la salida por la vía de la soberanía recurriendo a la Constitución Nacional. El poder emana del pueblo, dice la carta magna, y eso fue lo que en principio tomaron de las normas colombianas para acabar con los intereses particulares, devolver la viabilidad financiera y contrarrestar los efectos de la violencia. "Buscábamos una participación de los ciudadanos en las decisiones que afectan y comprometen los intereses de la comunidad, entonces pensamos modificar la forma de gobernabilidad local y en ese sentido consideramos establecer un nuevo camino uniendo a los pobladores para poder enfrentar los problemas que teníamos", dice Alirio Arroyabe, constituyente de Tarso y uno de los líderes de la iniciativa.

Por un lado comenzaron a modificar las formas de hacer política y el hecho de que los ciudadanos no habían asumido ningún papel. También tenían que atacar la crisis económica, que por la caída en los precios del café dejó a la región sin ninguna alternativa, por la misma crisis financiera que atravesaba el municipio y por el fenómeno de la violencia que venía ocasionando graves problemas tanto a los inversionistas que generaban desarrollo como a los pobladores. Partiendo de ahí decidieron asumir el compromiso de estar unidos por el desarrollo y la paz, construyendo un nuevo modelo y formando una alianza entre los ciudadanos y el gobierno local a la que también se adhirieron los empresarios agrícolas.

Tres años después, en 2001, se instaló la Asamblea Municipal Constituyente, que tenía tres fines, todos basados en el cambio.

El manejo de lo público debía dejar de ser lo privado de quien lo administraba. Ese era uno de los principales puntos por el que se debía comenzar. Los líderes de Tarso sabían que el poder no podía continuar respondiendo a intereses particulares y que la indiferencia de los ciudadanos ante esta situación debía dejar de existir. Entonces se fueron concertando acuerdos que generaran una humanización de la política, una nueva cultura de los deberes y una mayor participación ciudadana. Durante tres años se ha venido construyendo un modelo horizontal de gobernabilidad y se ha trabajado en la legitimación de las instituciones. "En la medida en que logremos ese escenario de concertación entre lo público y lo privado, y la participación activa de la comunidad, se podrán generar caminos que nos lleven a terminar con la violencia", agrega Arroyabe, convencido de que la guerra sólo trae destrucción y que es necesario trabajar en este aspecto desde el punto de vista de la reivindicación. "Producto de la madurez política -cuenta para hablar de logros-, sacamos un candidato único a la alcaldía, hecho significativo si se tiene en cuenta que Tarso era un municipio muy fraccionado". También, durante el tercer aniversario de la constituyente, el alcalde se comprometió públicamente a dejar la administración si en algún momento la ciudadanía y la Asamblea consideran que no se está cumpliendo con el mandato.

Hacer ver el desarrollo económico como un fin y no como un medio para cumplir con los deberes esenciales del Estado era otro de los puntos que requería una transformación. "Es necesario el compromiso de todos para poder dignificar la vida. El resultado debe ser el bienestar personal y colectivo de los ciudadanos en este país". Arroyabe fue quien lideró desde un principio la iniciativa tomada de Mogotes, Santander, donde la difícil situación económica los llevó a buscar una salida por la vía del orden. Tarso estaba destinado a convertirse en un corregimiento de Pueblo Rico o Jericó, y fue ahí cuando decidieron tomar riendas en el asunto. Hoy manejan un presupuesto de 6.000 millones de pesos, 3.600 millones más que con el que contaban antes de la Asamblea, dirigido básicamente a programas de inversión social, y un déficit que pasó de 1.000 a 180 millones de pesos. La educación es completamente gratuita para primaria y secundaria y se han mejorado los programas de vivienda que se han venido ejecutando dentro del Plan de Desarrollo municipal. El sector privado ha vuelto. Se han formado empresas que están dando empleo sobre todo a los jóvenes, que ya no ven como única opción ingresar a los grupos armados ante la falta de trabajo.

Este pueblo del suroeste antioqueño se convirtió en un ejemplo para otros municipios del departamento, tanto así que el anterior gobernador Guillermo Gaviria Correa quiso asumir esa experiencia e incorporarla dentro del plan congruente de paz de la Gobernación. "Estamos convencidos de que la única posibilidad de lograr la paz es por medio de proyectos específicos del mejoramiento de la calidad de vida, de lo contrario podemos seguir boliando pañuelos blancos y en las mismas condiciones". Arroyabe cree que aún falta mucho por hacer, y como dijo durante su intervención en el foro 'El papel del sector privado en la prevención del conflicto y la construcción de la paz en Colombia' que se hizo dentro de la iniciativa del Pacto Mundial promovida por las Naciones Unidas, "no somos el modelo pero sí estamos dando pistas de cómo construir un país desde abajo, desde la región".
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