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| 10/6/2003 12:00:00 AM

Un camino duro a la reconciliación

Las Autodefensas Unidas de Colombia, uno de los grupos armados más violentos del país, promete desmovilizar 13.000 hombres para el año 2005.

El conflicto armado colombiano tiene varios protagonistas y entre los más violentos se encuentran los grupos paramilitares. Estas organizaciones surgieron básicamente como respuesta a la amenaza política, militar y territorial que representaban las guerrillas de izquierda, encabezadas por las Farc, que durante años han azotado a distintas regiones del país.

El plan inicial era tomar personas comunes y corrientes, en su mayoría campesinos y reservistas del ejército, entrenarlos militarmente y darles armamento para que ellos mismos se defendieran en los casos en los que el Estado no podía hacer presencia.

Sin embargo, estos grupos paramilitares se convirtieron con el tiempo en grupos autónomos, apoyados por militares, narcotraficantes y grandes hacendados del país y se dedicaron a luchar contra la guerrilla al tiempo que defendían sus intereses particulares.

Uno de esos grupos son las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), creadas en la década de los ochenta por los hermanos Fidel y Carlos Castaño, y que el mes pasado iniciaron un proceso de negociación con el gobierno del presidente Alvaro Uribe Vélez.

La reinserción de estos combatientes de las AUC es un tema que ha generado diversas reacciones a nivel nacional. No es para menos. Las distintas masacres, asesinatos y demás actos de barbarie cometidos por los paramilitares tienen al país dividido a cerca de la posibilidad de perdonar a los alzados en armas y vincularlos nuevamente a la vida civil como si nada hubiera pasado. Carlos Castaño y Salvatore Mancuso , actuales líderes de las AUC, son pedidos en extradición por los Estados Unidos por delitos de narcotráfico y otros crímenes.

El proceso de desmovilización de los paramilitares, que aspira a retirar de las filas a 13.000 combatientes para el año 2005, apenas está comenzando y es de vital importancia para la administración del presidente Uribe. Sin embargo, llegar a la reconciliación es un camino duro pues son demasiadas las víctimas que ha dejado el conflicto y para muchos es difícil olvidar.
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