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| 12/30/2016 7:40:00 PM

Campaña del plebiscito, un caso para Lie to me

Semana.com le pidió a un grupo de figuras públicas que hicieran un resumen del 2016 siguiendo el guión de una de sus series favoritas. Así lo hizo Armando Benedetti con Lie to me.

Al mejor estilo de Lie to me, el Consejo de Estado en un proceso de investigación que duró más de dos meses dejó al descubierto el “engaño” a los electores cometido por los opositores al Acuerdo de Paz de La Habana. Como si se tratara de un grupo de especialistas capaces de detectar mentiras, en esa Alta Corte procedieron al mejor estilo del Doctor Cal Lightman y su equipo de trabajo.

Aunque no necesitaban interpretar los gestos corporales de los responsables de la campaña del No –pues las mentiras siempre fueron evidentes– en el Consejo dejaron claro los alcances de la trampa montada para afectar la refrendación del Acuerdo.

Y es que en realidad este caso se convirtió en un Lie to me a la colombiana cuando se pasaron por todo tipo de falsedades que no quedaron sin la debida investigación ¿Pero por qué no era necesaria la actuación del Doctor Lightman? Fue el propio Juan Carlos Vélez quien sin necesidad de que se descifraran sus “gestos” contó la verdad de lo hecho por el Centro Democrático. Él mismo le dijo al país la fórmula para conseguir su triunfo.

La estrategia fue muy sencilla: mentir de forma constante y sistemática para causar el mayor temor posible entre los ciudadanos y que la gente saliera “berraca” a votar en contra del Acuerdo. Al margen de tratrase de una decisión que marcaría el futuro y bienestar de las próximas generaciones, no importó su engaño para poder ganar.

Paradójicamente fue el mismo uribismo el que quiso desacreditar esta versión. No faltó el osado que sugirió que Juan Carlos Vélez estaba en medio de tragos cuando relató lo hecho por el Centro Democrático en la campaña. Una vez más no era necesario acudir a los servicios de Doctor Cal Lightman para que el país supiera que esta era una nueva falacia.

Sin embargo, esta campaña de mentiras tuvo algo muy especial porque la comunicación digital no sólo carece de gestos corporales. También se economizó el “cara–a–cara” y la mirada cuidadosa, curiosa, reposada. La comunicación digital es pornográfica para la intimidad y la vida privada.

Y es que con esta comunicación sí es claro que es más fácil mentir, como lo hicieron en la campaña del No. Byung- Chul Han supone esa comunicación como incalculable, inestable, efímera y amorfa. No sirve para la comunicación discreta, seria y objetiva. Tampoco para el discurso político. De hecho esta campaña del Centro Democrático dejó al descubierto que la comunicación digital, que de alguna manera es siempre encubierta y anónima, destruye el respeto.

Llegó la hora de fijar la mirada en una comunicación consumista, narcisista y banal. Las redes sociales son algo más complicado y problemático de lo que ahora imaginamos. Nunca tantos mintieron tanto a tantos como en el mundo digital. O repensamos lo digital o un día amaneceremos sin comunicación ni democracia.

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