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| 8/25/2008 12:00:00 AM

Un destino peligroso

Colombia planea enviar asesores policiales a Afganistán. Pero al hacerlo, va a mandar a esos muchachos a la caldera del Diablo. Análisis de Mauricio Sáenz, jefe de redacción de SEMANA

Los hechos recientes sucedidos en Afganistán deben tener muy preocupados a los responsables de escoger al personal colombiano que va a viajar a ese país, porque esta es una pésima temporada para conocer Kabul.

El presidente Álvaro Uribe anunció hace unas semanas que enviaría un contingente de asesores policiales para que compartan con sus colegas afganos sus conocimientos en la lucha contra los cultivos ilícitos y el desminado. La motivación para hacerlo es obvia. Los últimos gobiernos de Washington han sido muy generosos con el país en términos de apoyo militar y policial, y lo menos que puede hacer el de Bogotá es retribuir en la medida de sus posibilidades. Y enviar a unas pocas decenas de uniformados a que cumplan un papel no combatiente parece un costo más bien moderado ante la magnitud del apoyo norteamericano.

Sin embargo, también parece claro que la Casa de Nariño, como a decir verdad la inmensa mayoría de los colombianos, por no decir los occidentales en general, tienen una imagen de Afganistán nublada por el desinterés y la distancia.

Lo cierto es que, con su decisión, el gobierno colombiano involucra al país en uno de los focos de violencia más calientes del mundo, que ya sobrepasó a Irak como causa de muerte de soldados norteamericanos. En lo que va corrido del año se han presentado en Afganistán casi 3.000 ataques que han dado de baja a casi 200 de los soldados norteamericanos y de la Otan, entre los que hay efectivos de más de 40 países. El presidente Hamid Kharzai sobrevivió milagrosamente a un intento de asesinato el 27 de abril, en una acción que impresionó por la sofisticación del plan de ataque. En junio, un ataque masivo de los talibanes liberó a varios cientos de prisioneros en la ciudad de Kandahar, y el 7 de julio, un carro bomba frente a la embajada de India causó 58 muertos, dos de ellos diplomáticos de alto nivel.

Esos son algunos ejemplos de una rutina diaria de anécdotas sangrientas. Pero los ataques de la semana pasada fueron los más graves en los seis años de campaña. El primero movilizó a decenas de suicidas apoyados por combatientes para intentar destruir Camp Salerno, una de las mayores bases militares de Estados Unidos, y el otro fue una emboscada que terminó con la muerte de 10 miembros de una unidad paracaidista de elite del ejército francés. (Foto)

Que esta última acción se hubiera realizado a menos de 50 kilómetros de la capital, Kabul, aumentó la sensación de que los milicianos talibanes han logrado efectivamente cercar al gobierno en un anillo alrededor de la ciudad.

Para la mayoría de los observadores, los insurgentes talibanes están aprovechando una ventana de oportunidad abierta por una conjunción de factores. El primero de ellos, y tal vez el más preocupante, es el vacío de poder dejado en la vecina Pakistán por la caída en desgracia del presidente Pervez Musharraf, que desembocó la semana pasada en su renuncia. Era el más cercano aliado de Estados Unidos en el área, y a pesar de ello, la frontera entre los dos países, en la región conocida como las areas tribales, se había ya convertido en un santuario para los guerrilleros talibanes, para no hablar de las acusaciones contra el servicio secreto pakistaní de actuar en connivencia con ellos. Si era de esa manera cuando estaba en el poder ese general de mano dura, las perspectivas ahora que el gobierno podría quedar en manos menos amigas de Estados Unidos resultan sombrías.

Por otro lado, el ataque contra los franceses tampoco es una casualidad, porque la estrategia insurgente es golpear directamente la resolución de los países que están bajo la bandera de la Otan. Francois Sarkozy visitó Kabul con su doble sombrero de presidente francés y de la Unión Europea, y reafirmó su disposición de mantener sus 3000 soldados en Afganistán, e incluso de sumar otros mil. Pero el hecho de que la Asamblea Nacional francesa solo le haya autorizado 700 es un síntoma de la poca disposición de los parlamentos europeos de seguir adelante con esa aventura,

También contribuye a abrir la ventana a los talibanes la interinidad en que se encuentra el gobierno norteamericano, con George W. Bush en pleno papel de lame duck, (pato cojo) la cruel forma como los comentaristas politicos de su país llaman a los presidentes que han caído en la total irrelevancia. La visión que tienen los candidatos a la presidencia aún se ve borrosa tras los eufemismos de campaña, y ni siquiera es claro cuál, si Barack Obama o John McCain, será el próximo timonel de la Casa Blanca.

Y por ultimo, la creciente debilidad del gobierno de Kharzai, acosado por escándalos de corrupción, por su inoperancia y con sus fuerzas armadas desmoralizadas y poco confiables, conforma un panorama perfecto para que los talibanes, además, aprovechen los meses que les quedan del verano para apresurarse a llevar a cabo acciones seguramente cada vez más violentas. Su objetivo final: expulsar a los invasores extranjeros y establecer de nuevo en Afganistán el regimen que se hizo famoso hasta 1992 por el extremismo en su aplicación de la ley islámica.

De lograrlo, habrían completado el círculo que comenzó cuando las fuerzas armadas norteamericanas, con el sincero apoyo de muchos países, invadieron Afganistán en 2001 para cobrar la acogida de los talibanes a los responsables del ataque del World Trade Center, los terroristas sauditas provenientes de Arabia Saudita y agrupados bajo el grupo al Qaeda. Y para, de paso, capturar a su líder Osama Bin Laden.

Esa misión, considerada justiciera por medio mundo, fue un éxito militar casi inmediato. Y si bien Bin Laden no fue capturado, el régimen de sus anfitriones, los talibanes afganos, fue expulsado. Kharzai quedó instalado en el poder para configurar una nueva Afganistán prooccidental y el país pareció en camino de resurgir de las cenizas.

Pero en la invasión a Irak Estados Unidos no fue acompañado con el entusiasmo por la comunidad internacional. No era para menos, pues a pesar de sus esfuerzos, la Casa Blanca nunca logró convencer a la opinión pública mundial de la justificación de hacerlo. (Un tema que, por lo demás, aún espera el juicio de la historia)

De esa forma, Estados Unidos debió enfrentar las acciones en Irak solo con el apoyo de Gran Bretaña y algunos otros países, y la campaña de Afganistán quedó en el limbo. El grueso de los recursos militares norteamericanos, su columna vertebral, fueron desviados hacia tierras mesopotámicas. Desde entonces se oyen las voces de los críticos que sostienen que esa es la razón por la cual Bin Laden sigue en algún lugar de las montañas afganas tramando su siguiente golpe. Y la causa de que, al aflojar la presión militar en su contra, los talibanes hayan tenido el espacio suficiente para recobrarse y retomar la iniciativa.

Lo peor es que, según los cálculos más conservadores, existen unos 10.000 combatientes talibanes en armas , lo cual significa que para tener alguna capacidad de éxito, las tropas de Estados Unidos y la Otan deberían tener en el terreno al menos a 100.000 hombres, lo cual es más remoto con cada día que pasa. Y esa escasez de tropas de tierra ha conducido a que los aliados recurran con creciente frecuencia a los bombardeos aéreos. Lo cual, como atestiguan los 77 muertos civiles, hombres mujeres y niños que según Kharzai cayeron por efecto de un ataque aéreo el viernes pasado, solo contribuye a aumentar el rechazo de la población en general.

Es a ese ambiente al que van a llegar los asesores colombianos. No es que no deban ir, y el gobierno tendrá sus rezones para mandarlos. Pero que nadie pierda de vista que lo que los espera, en el país que ha vuelto a ser el mayor productor de amapola del mundo, no es propiamente un jardín de rosas.



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