Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/07/12 00:00

“Un hombre brillante. Contradictorio y pugnaz”: El Colombiano

El editorial del periódico ‘El Colombiano’, de Medellín, recuerda como algunas de las decisiones del ex presidente cambiaron la historia del país. Por ejemplo, dice que fue él quien le “lanzó un salvavidas a lo que quedó del Eln tras la operación Anorí”.

Fue Alfonso López Michelsen un espíritu lúcido y combativo. Su paso por la vida política estuvo lleno de luces y de sombras. Generó y auspició agudas controversias ideológicas y de mecánica partidista. Se regodeó en la polémica a la cual llegaba seguro de sí mismo, dada su vasta preparación académica, su sutil ironía y su sagacidad intelectual para enfrentarla. Espíritu ecléctico y sesudo, estimulador de ideas.

Su vida pública no estuvo exenta de asperezas. Podríamos decir que se estrenó en esta actividad como blanco predilecto de los debates que se adelantaron en el Congreso contra supuestos manejos suyos de tipo comercial con compañías extranjeras, que al final de cuentas contribuyeron a la renuncia de López Pumarejo, su padre, en el año 45 del siglo pasado. Esos discutidos actos, en buena parte, condujeron a la división liberal y al triunfo conservador de 1946.

López se enfrentó con arrojo al Frente Nacional que, una vez derrotada hace medio siglo la dictadura del General Rojas, rigió en Colombia durante 16 años. Creó el Movimiento Revolucionario Liberal para oponerse a la alternación de los partidos tradicionales en el poder. Bajo esas banderas de insurgencia se enfrentó al entonces candidato frentenacionalista, Guillermo León Valencia. Derrotado en las urnas -invalidándose sus votos por considerarlos que reñían con el mandato constitucional vigente- López se recorrió el país para hacer una pertinaz oposición a Valencia. Nuevamente doblegadas sus listas congresionales en las urnas por el oficialismo liberal, Carlos Lleras, como nuevo Presidente del Frente Nacional, lo reivindica llevándolo, primero a la gobernación del Cesar y luego a la Cancillería de la República. El MRL se divide y los más intransigentes de ese sector lo acusan de traicionar sus ideas revolucionarias.

Incorporado a las filas del liberalismo oficialista, avalado por Alberto y Carlos Lleras, es elegido Presidente para el período 1974-1978, una vez concluido el Frente Nacional. Su programa lo rotula como el del Mandato Claro y promete, no sólo cerrar la brecha entre los desequilibrios sociales que soporta el país, sino "chambonear", forma gráfica para significar un rompimiento con el "status quo" vigente. Habla de una política de ingresos, precios y salarios y plantea la necesidad de incrementar las exportaciones para hacer del país el Japón de Suramérica. Hace uso del Estado de Sitio -figura amparada por el artículo 121 de la fenecida Carta de 1886- y de la Emergencia Económica instaurada en el mandato de Lleras Restrepo. Concibe una acertada política petrolera así como de reformas financieras y tributarias.

Su proyectada Constituyente para reformar la justicia fue malograda por la Corte Suprema y le correspondió enfrentar un paro nacional que dejó un alto saldo de muertes sindicales. Sostuvo agrias polémicas con la Andi por la serie de reformas laborales que quiso implantar, calificadas de populistas y demagógicas.

En 1982, ya con la aquiescencia de Alberto Lleras y con la oposición de Carlos Lleras, buscó la reelección con el ánimo de redondear sus propuestas electorales que se le habían quedado entre el tintero en su primera presidencia. Esa reelección -la misma aspiración que condenaría años más tarde cuando la buscó Álvaro Uribe- se frustró con la elección de Belisario Betancur y con la cooperación de Luis Carlos Galán cuya candidatura debilitó la votación Lopista.

Más que poner a pensar al país, no pocas veces lo puso a pelear. Sus pullas contra los ex presidentes liberales y conservadores no fueron escasas. Con Antioquia mantuvo difíciles relaciones, dados sus no pocos desplantes contra el alma paisa que en su momento fueron rebatidos por este periódico en sesudos editoriales y luego saldados con la silbatina que se le dio en el estadio Atanasio Girardot, al comenzar los Juegos Centro Americanos y del Caribe de la época.

Su protagonismo con el grupo de extraditables en Panamá para negociar el supuesto fin del terrorismo, constituye una página que pesa en sus pasivos políticos. El episodio ocurrido en el Hotel Intercontinental en donde se acusó a su campaña presidencial de haber recibido dinero de manos no tan pulcras, es otro episodio que la historia se encargará de clarificar.

A López también se le recuerda como el presidente que lanzó un salvavidas a lo que quedó del Eln tras la operación Anorí, cuando en una segunda arremetida esa guerrilla fue cercada y prácticamente sometida por el Ejército en las selvas de la serranía de San Lucas. So pretexto de un diálogo con esa agrupación, López ordenó detener la ofensiva militar, hecho que suscitó el malestar de los generales. Se produjo el llamado ruido de sables de abril de 1975, crisis que él saldó llamando a calificar servicios a los dos generales más notables de esa operación: el Comandante del Ejército, general Álvaro Valencia Tovar, y el Comandante de la Brigada de Institutos Militares, general Gabriel Puyana. Y en octubre de ese mismo año, el cura Pérez, Gabino y otros de los comandantes que siguen vigentes en la organización escaparon de la zona.

En los últimos tiempos hizo intentos por recuperar el viejo vigor del liberalismo. Se opuso a la reelección de Álvaro Uribe y estuvo al lado de Horacio Serpa. Insistió, en esta pugna feroz del conflicto armado colombiano, por la aplicación del derecho internacional humanitario como primer paso para llegar a un acuerdo que permita la liberación de los secuestrados por la guerrilla.

Indudablemente López fue un hombre brillante. Contradictorio y pugnaz. Escritor y pensador audaz. Para muchos críticos, mejor intelectual que político. Tenía una extensa cultura, no sólo literaria y filosófica sobre autores colombianos, sino de los clásicos universales.

Su muerte deja un sincero luto en una buena porción de la opinión pública colombiana.

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