Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/10/25 00:00

Un político incoherente, un gran gerente

Arrancó como ganador y ahora cruza los dedos porque su carrera política no quede sentenciada a muerte tras esta campaña.

Un político incoherente, un gran gerente

Si algo sorprende de Enrique Peñalosa es el contraste entre su gran incoherencia política, su capacidad gerencial, su compromiso con el urbanismo social y su maltrecha imagen como candidato.

Las volteretas que ha dado entre partidos, alianzas y coaliciones políticas han despertado inquietud en su electorado. Esta falta de carácter ha transmitido el mensaje de que es un líder susceptible al oportunismo y a las componendas.

El Partido Liberal es su cuna. Avalado por éste llegó a sus dos primeros cargos de elección popular, el Concejo de Bogotá y la Cámara de Representantes. Al Congreso llegó en 1990 y sólo estuvo un año pues revocaron el Congreso para hacer la Constituyente. Pese al poco tiempo, alcanzó a destacarse por su activa participación en las discusiones sobre temas económicos.

Su primera derrota en las urnas la tuvo también en el Partido Liberal, cuando en 1992 perdió contra Jaime Castro la consulta para ser el candidato interno para la Alcaldía de Bogotá. En las elecciones siguientes tuvo el aval de este partido y perdió contra Antanas Mockus. En 1997 no quiso participar de nuevo en la consulta liberal y formó un movimiento independiente. En su momento muchos analistas coincidieron que en su victoria fue decisivo el voto en contra de su contendor, Carlos Moreno de Caro.

Desde ese entonces se ha mantenido más fuera que dentro del liberalismo. Pero de vez en cuando se acerca como reclamando lo que es suyo. En 2006 quiso participar en la consulta en la que se elegiría el candidato oficial a la Presidencia que le haría contrapeso al entonces candidato-presidente Álvaro Uribe. Pero se retiró antes de las inscripciones alegando falta de garantías. Además, advirtió que sus afinidades con Uribe eran tantas que no podría hacerle oposición. Entonces se lanzó al Senado con una lista propia que se quemó.

En esta oportunidad vuelve a la contienda por la Alcaldía, también con un movimiento con firmas. Pero la imagen de independencia que ha tratado de vender se fue al piso cuando decidió aceptar los apoyos de Cambio Radical, del Partido de La U y del Partido Liberal.

Al inicio de su campaña le dijo a Votebien.com que “desde siempre me he sentido más cómodo con una candidatura independiente porque he querido ser un candidato de la ciudad. No queremos que los ciudadanos se dividan por un partido sino que, al contrario, se unan”. Luego al ser cuestionado sobre la lectura que podría tener el hecho de buscar el respaldo de varios partidos respondió: “Es que yo no creo que sean pecaminosos. Uno puede hacer política dentro de ellos. Cuando fui elegido a la Cámara lo hice dentro del Partido Liberal, pero con un programa independiente. Es que el hecho que a mí me apoyen no desvirtúa la manera como he hecho política”.

Paradójicamente esa imagen del político calculador que busca tener una vela en varios partidos no se refleja en el día a día, cuando no negocia fácilmente lo que quiere y deja a flor de piel la soberbia que marca su carácter. “Siempre presenta cifras y argumentos para demostrar que sabe y para convencer a la gente. No está acostumbrado a seducir con su imagen, a ser sutil y ser condescendiente con sus interlocutores”, le dijo a Votebien.com una colaboradora cercana tratando de explicarlo. Además la primera impresión que se tiene de él no es amable. Sus casi dos metros de estatura, su voz recia y su acento de “niño bien” genera resistencia en muchos sectores.

“Yo no hago política para tener poder, sino porque tengo una visión de lo que debe ser la ciudad y la sociedad. Pueda que sea una visión equivocada, pero es la que he trabajado durante años de estudio, de soñar, de mirar y de experimentar”, dijo a Votebien.com. De hecho, el candidato es hoy una de las voces más autorizadas en el continente para hablar de modelos de ciudad y de lo que estas necesitan en cuanto a espacio público. Ha sido consultor sobre temas urbanos en distintos países.

Su administración coincidió con un momento privilegiado de las finanzas de la ciudad. No sólo las encontró sanas y con los recaudos creciendo, sino que además recibió una importante inyección de dinero de la venta de la Empresa de Energía de Bogotá. Estos recursos fueron claves para la inversión masiva que hubo en su administración. El cambio físico de la ciudad fue evidente y trajo optimismo a los ciudadanos. Pese a que, como aseguran funcionarios de la administración posterior, sin pudor dejó amarrados muchos recursos y hubo algunos momentos de riesgo de sobregiro de la ciudad.

Fue en este período cuando ganó su fama de buen gerente. Con la caja llena gastó, y hay cierto consenso en que lo hizo bien. En su realizaciones se cuentan tres bibliotecas (El Tintal, El Tunal y la Virgilio Barco), 42 colegios y 432.000 metros cuadrados de andenes, entre otras obras.

Pese a sus logros el desastre de lo que le ha significado a la ciudad la falla que hay con las losas de TransMilenio, es un karma que difícilmente se podrá quitar. Han pasado dos administraciones desde la suya y el problema aún no se resuelve. Si bien es cierto que él no era el directo responsable de la contratación de esta obra, perdió muchos puntos ante la ciudadanía por su responsabilidad como cabeza de la administración. Además el centro de la polémica fue por utilizar un material inadecuado, que supuestamente se usó para mostrar resultados de forma ágil, según sus críticos. También hay inquietud sobre el papel que tuvo el proveedor del material en la discusión de los diseños de la obra.

Esta situación ha dado pie a especulaciones sobre supuestos favorecimientos del ex alcalde a algunos contratistas. De las investigaciones de los organismos de control sobre el tema nunca se ha encontrado que esto sea cierto. El candidato no tiene ninguna sanción ni penal, ni disciplinaria, ni fiscal. Votebien.com verificó sus listado de donantes y no encontró que hubiera alguna firma que pudiera estar relacionada con los proyectos bajo su gestión (ver relación de donantes).

Quizás en el plano en donde el candidato no despierta polémicas, ni siquiera entre sus contradictores, es en la pasión que siente por Bogotá. Los más críticos lo ven simplemente como un ejecutor de obras de infraestructura, pero lo cierto es que muchas de éstas trajeron consigo un impacto social que transformó muchos sectores de la ciudad.

Sus obras más importantes, de hecho, estuvieron dirigidas a mejorar la calidad de vida de los habitantes de sectores deprimidos. Por ejemplo los que sufrían inundaciones cada vez que llovía, como el occidente de Suba y Bosa, donde construyó redes de alcantarillado. También llevó el acueducto a barrios altos de Ciudad Bolívar y legalizó 400 barrios en Patio Bonito y Kennedy. “Una ciudad más humana e igualitaria”, en sus palabras, que imprimió su sello de urbanismo social a Bogotá y que se ha exportado a otras partes del país.

Cuando habla de sus logros no le sobra modestia. Se anuncia como el pionero en la política cercana a la gente, al sacar adelante un modelo de ciudad enfocado en el espacio público. “Inventamos muchas cosas. TransMilenio lo están haciendo hoy en diferentes ciudades del mundo. Hay proyectos de mi corazón y de mi alma como el Parque Lineal del Juan Amarillo, que no hay en ningún otro lado. Las mismas ciclorrutas. A mí me tocó inventarme hasta la palabra ciclorruta porque eso no existía. Hasta en el lenguaje ayudamos a cambiarlo un poco”, le dijo Peñalosa a Votebien.com.

Su administración también soportó críticas por concesiones burocráticas con el Concejo. Peñalosa siempre las desestimó, y alardeaba de la calidad de funcionarios que tenía en puestos claves. Varios de ellos, luego de salir de la alcaldía, han tenido carreras muy destacadas en el sector público y académico.

Del político que innovó al repartir él mismo volantes en la calle para sus campañas, al actual hay mucho trecho. Pese a los logros de su administración lleva sobre sí un lastre de imagen negativa. Con medidas en apariencia desesperadas Peñalosa les pidió perdón a los bogotanos por los errores de su gestión como alcalde. En esa misma línea llegó al extremo de buscar una imagen de humildad al hablar en un reportaje de que hacía campaña con zapatos con la suela rota y sus vestidos brillados por el uso. Algo insólito en un personaje de su nivel. Errores estratégicos que muchos le atribuyen a la torpeza de un equipo de asesores que le acarician mucho su lado débil: el ego.

Peñalosa cambió la forma como los gobernantes pensaban la ciudad. Cuando habla de Bogotá, su apatía y frialdad desaparecen y sale otro Peñalosa menos distante. Si fuera un político más convencional, sacaría esa faceta más a menudo.

Luego de arrancar como virtual ganador, ha tenido en esta contienda electoral una de sus luchas más difíciles. De ganar en contra de lo que dicen las encuestas, jugarán a su favor las filas que cerraron en torno a él por parte del grueso de la prensa bogotana y de sectores muy influyentes de la opinión, y curiosamente, al igual que en su victoria anterior, el voto en contra de su contendor. Esta vez con otro Moreno. Ante la ciudadanía los apoyos políticos que logró le quitaron más de lo que le aportaron. Según algunos expertos, cobijarse con estas banderas no le significarán los votos que se necesitan para llegar al Palacio Liévano y en cambio sí fueron un desgaste en contra de su imagen, y una reserva grande frente a la independencia que trata de mostrar.

De perder, su carrera política quedará herida de muerte y su sueño de llegar a la Presidencia sería sólo eso. 

Vea más información sobre la hoja de vida, quién lo rodea y logros y fracasos de este candidato en Votebien.com

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.