Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/02/25 00:00

Un triunfo que ya estaba cantado

No es usual que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas conceda el Oscar a interpretaciones que no son en inglés. Pero en el caso de Marion Cotillard su actuación en la película francesa “La vida en rosa” fue tan extraordinaria, que pocos críticos habían puesto en duda que la estatuilla a mejor actriz se la darían a ella.

La actriz Kathy Bates y el presidente de la academia Sid Ganis, anunciaron a los nominados para los premios Oscar 2008. En la imagen, las nominadas a mejor actriz. La gandora: Marion Cotillard. (Foto: AFP)

Para encarnar a la diva de la música francesa Edith Piaf, la ganadora del Oscar a mejor actriz Marion Cotillard se obligó a sentirse muy bajita durante todo el rodaje. Creía que de alguna manera al imaginar que tenía por lo menos 20 centímetros menos podría evocar el espíritu de la chanteuse que no alcanzaba a medir metro y medio. Su técnica funcionó.

A pesar de no saber mucho acerca de la vida de la Piaf cuando el director Olivier Dahan le propuso el papel, sólo conocía las canciones como cualquier otro francés que se le respete, asegura que durante siete meses convivió con la más grandiosa cantante que ha dado su país. Aprendió a conocerla, quererla y entender su trágica vida. Aunque todas las canciones fueron dobladas en sus versiones originales, Marion cantó durante los rodajes a todo pulmón para que las escenas se vieran más reales. Y en efecto, durante aunque sea un par de minutos, el espectador se convence de que en verdad está viendo a Edith en toda su frágil humanidad, pero con su gigantesca voz, en la pantalla.

“Estaba tan nerviosa de interpretar a una mujer vieja, que en ese único hecho se concentró todo mi miedo”, confesó Cotillard durante una video entrevista de The New York Times. Porque el reto era mayúsculo. A sus 30 años debía representar a la legendaria artista desde los 19 hasta los 47 años, edad en la que murió carcomida por el cáncer. Pero no solo eso, cuando Piaf murió su cuerpo parecía el de una mujer de 80. El maquillaje fue la clave, pero también los fueron la voz temblorosa y la mirada triste.

La expresividad del rostro de Marion es también su mayor herencia. Su padre es mimo, actor y director de teatro. Su madre también es actriz. La hija creció en las tablas y empezó a hacer sus primeros pinitos en las obras de sus padres. El talento era innato. La fama del mundo del cine nadie en su familia siquiera la imaginó. Tampoco la habían vivido.

Si no hubiese sido actriz, quizá habría querido ser cantante. En todo caso, tenía claro que quería entretener al público. Su carrera en el séptimo arte comenzó hace una década con la película producida por Luc Besson, Taxi. En su país natal ya era un rostro conocido antes del huracán mediático en el que se convirtió la cinta biográfica por la cual ganó en los últimos meses el Globo de Oro, el Bafta y el Oscar. Hollywood ya había tenido oportunidad de verla en “El gran pez” de Tim Burton y la poco recordada película de Ridley Scott “Un buen año”.

El aniversario número 80 de los premios de la academia fue una noche de sorpresas. Tilda Swinton se llevó el Oscar a mejor actriz de reparto por su actuación en la película “Michael Clayton”. La gran Cate Blanchett con doble nominación no recibió ninguna estatuilla. Y una ex bailarina exótica llamada Diablo Cody se llevó al hombrecito dorado a mejor guión original por “Juno”. Pero los críticos también acertaron en la mayoría de sus predicciones. El triunfo de Marion ya estaba cantado. Aún así, su emoción al recibir el galardón más preciado del cine fue absolutamente genuina, ella parecía que aún no creía lo lejos que había llegado. “Bueno, he quedado sin habla. Gracias vida, gracias amor. Y es verdad, hay ángeles en esta ciudad”, dijo con el Oscar en la mano. 

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